14 de febrero de 2014 10:49 AM
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Descubren el mecanismo cerebral que conecta el olfato con el apetito

Un estudio, codirigido por Pedro Grandes, investigador del departamento de Neurocienciencias de la Universidad del País Vasco, ha mostrado que en estado de hambre o ayuno, el incremento de la ingesta de alimento que se da tras oler alguna comida está vinculado a un receptor cannabinoide de tipo 1 del bulbo olfatorio. El trabajo, publicado […]

Un estudio, codirigido por Pedro Grandes, investigador del departamento de Neurocienciencias de la Universidad del País Vasco, ha mostrado que en estado de hambre o ayuno, el incremento de la ingesta de alimento que se da tras oler alguna comida está vinculado a un receptor cannabinoide de tipo 1 del bulbo olfatorio. El trabajo, publicado en la revista Nature Neurosciencemuestra que estos receptores podrían ser objetivo farmacológico para el tratamiento de trastornos alimenticios, como los que propician la obesidad o la anorexia.

Hasta ahora se desconocía el mecanismo cerebral que gobierna la conexión entre el hambre, el olfato y la ingesta de comida. Se sabía que el sistema cannabinoide estaba relacionado con estos fenómenos. “La abstinencia de comida, o el ayuno, aumenta el nivel de los cannabinoides endógenos en el cerebro de los mamíferos, y que el sistema cannabinode es un componente importante en la regulación del equilibrio energético”, explica Pedro Grandes.

Los cannabinoides endógenos son lípidos que se producen a demanda como consecuencia de la actividad neuronal, es decir, en situaciones en las que el sistema en concreto se activa. Los investigadores que han realizado el presente estudio en ratones han descubierto el tipo de cannabinoide endógeno que participa en estos procesos, el lugar en el que actúa, y el efecto que desencadenan.

Según Grandes, Grandes: “en situaciones de hambre, se sintetiza un tipo de cannabinoide endógeno específico, la anandamida, que actúa sobre un receptor concreto, el CB1. Estos receptores están localizados en unas determinadas terminales nerviosas en el bulbo olfatorio, cuya función es regular la transmisión sináptica excitadora. Cuando los cannabinoides actúan sobre estos receptores CB1 del bulbo, se da una reducción de la comunicación excitadora procedente de zonas olfatorias de la corteza cerebral, y que termina en la capa más interna del bulbo olfatorio. Como consecuencia de ello, todas las funciones intrínsecas que están a nivel del bulbo olfatorio se ven favorecidas. Así, por ejemplo, las células que captan el olor transmiten mejor, y, por tanto, la percepción del olfato es mayor”.

Se trata de un trabajo de investigación que ha llevado más de cuatro años, por lo que han ido avanzando paulatinamente en los descubrimientos. Así, inicialmente, lo que hicieron fue determinar la distribución del receptor CB1 en el cerebro. En ese paso pudieron relacionar la localización de los receptores CB1 en las terminales excitadoras. Posteriormente, realizaron la caracterización de la función del receptor CB1 en los mecanismos descritos: en condiciones de hambre, en la percepción del olfato, y en la ingesta de comida. “Vimos que el receptor CB1 es necesario en estos mecanismos, ya que si era bloqueado farmacológicamente, o se eliminaba genéticamente (mediante la generación de ratones carentes de los mismos), los ratones comían menos en situaciones de hambre”, detalla Grandes.

Más adelante, corroboraron esta función del receptor CB1 en ratones que no tenían este receptor, pero a los que habían hecho expresar el mismo “mediante diferentes manipulaciones genéticas”, aclara el investigador. “En eseos experimentos se vio que estos ratones volvían a comer más al tener receptores CB1 en la vía neuronal descrita, que proyecta de la corteza cerebral al bulbo olfatorio”. Asimismo, mediante estudios realizados in vivo, se confirmó el papel del receptor CB1 en el mecanismo que lleva al ratón a una mayor ingesta.

Por último, los investigadores pudieron observar que estos fenómenos no son desencadenados solo por los cannabinoides endógenos, es decir, los producidos por el propio organismo. “Un tipo de cannabinoide exógeno, el THC, que es el componente psicoactivo del cannabis, inyectado en estos ratones, también provocó el aumento de la percepción del olfato y del apetito. Eso sí, este efecto se da siempre en condiciones de ayuno; en los casos en los que los ratones estaban saciados, este mecanismo no entraba en acción”, explica el investigador de la UPV/EHU.

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Fuente: Eurocarne

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