16 de febrero de 2014 00:31 AM
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Alfonso Artigues: Confesiones a campo abierto

CHILE : Comenzó como su padre en el rubro automotriz, pero terminó dedicado tiempo completo a la agricultura. Admite que es su pasión y donde ha volcado toda su creatividad. Hoy está convertido en uno de los hombres fuertes del agro en Limarí, pero él se lo toma con modestia.

De carácter fuerte. Claro en sus conceptos. Su máxima es la perseverancia y creer en lo que se hace. Es Alfonso Artigues (76).

Nacido y criado en Ovalle. “Toda mi vida he estado aquí”, expresa, en la oficina de la empresa automotriz Covalsa, la que pidió prestada para realizar la entrevista. Esto porque hace algunos años tomó la decisión de dejar el rubro de los autos, al que estuvo ligado 50 años, en manos de una de sus hermanas. Pero esta actividad madre le permitió inyectar recursos para incursionar en el rubro agrícola desde 1964. Precisamente esta actividad es la que eligió él y donde ha volcado todo su olfato para los negocios. “Me considero una persona 100% vinculada a esta zona y a veces me dan pena situaciones que van pasando y que para mí no tienen explicación”, precisa. Y es que quería entregar su punto de vista de lo que él considera “una posición crítica” de la agricultura, pero terminó hablando de su vida y de cómo se transformó en uno de los personajes más reconocidos de Limarí.
Se considera un trabajólico. “Moriría si tuviese que irme a la casa sin hacer nada”, acota. Igualmente disfruta viajando y cada vez que puede recorre Europa y los países asiáticos. 

Concedió la entrevista en medio del paro de los portuarios y los duros efectos para la actividad. Esto lo tenía complicado por la exportación de uvas. Sobre el manejo de la agricultura es crítico. “Cuando no se toman medidas es porque no le dieron importancia al tema. Me alegró que se haya solucionado lo de la huelga, pero es una crítica que le hago al Gobierno. Yo soy de este Gobierno, pero me disgustan algunas cosas”. 

-¿Se decepcionó?
“Tenía muchas expectativas y la verdad es que sí estoy decepcionado, todas las cosas que se hicieron se efectuaron en contra de nosotros”.

-¿En contra de los propios empresarios?
“En contra de los empresarios”.

Se nota que el tema le apasiona. Levanta la voz. A veces se le sale un chilenismo como expresión de su descontento por algunas medidas adoptadas.
Aplaude que se esté ayudando a los pequeños agricultores, pero advierte que se ha dejado de lado a los grandes. “Y resulta que los empresarios medianos y grandes también vivimos de esto”, enfatiza.

Su padre comenzó en el negocio automotriz en 1934. Fueron momentos duros. De hecho, enfrentó dos guerras mundiales y la depresión del ’30 “y siempre hemos subido y bajado”.

Incluso, en plena crisis quebraron 34 empresas, incluida la Ford. “Nosotros nos mantuvimos porque hemos sido tal vez menos audaces, pero hemos sido más tranquilos y austeros y por esa razón hemos crecido mucho más”.

SOBRE EXPECTATIVAS
Artigues tiene el panorama claro. Cree que el boom del agro, de la minería y la bonanza de Limarí ha sobrepasado las expectativas. Pero también tiene una advertencia. “Quién hará el parelé. Si tengo plata, compro terrenos y cuando está la bonanza nos entusiasmamos y plantamos más de la cuenta”, advierte. 

Se considera un previsor. De hecho, asegura que más del 80 % de las plantaciones que posee en el área de San Lorenzo está en los cerros. “Las tecnologías nuevas son para colocarlas. Aquí lo que vale es el agua, por esa razón esta zona es buena”.
Su visión es categórica. “El agua se acabó”. Subraya que si el 2014 termina como el 2013, “la tragedia será desastrosa, este año ya he perdido una gran cantidad de hectáreas”.

En este momento surgió su otra cualidad: La austeridad y la visión de futuro. Tuvo la capacidad de comprar una cantidad importante de acciones de agua que ahora surgen como un verdadero tesoro. “Eso me permitió cambiar las aguas y terminar la cosecha”.

Su carrera la partió de abajo. Lo que él denomina suche. “Mi papá me hizo pasar por todas, ayudante de taller y repuestos. Yo no me olvido de mi padre que era descendiente de español. Nos criaron así, pero a mí siempre me tiró el campo”, recuerda el empresario.

Es por ello que él mismo le sugirió a su progenitor que se involucrara en el negocio agrícola. Su padre es primo de la familia Prohens. “Ellos son gente muy preparada y le dije que por qué no colocábamos uva pisquera, pero él me dijo que ‘no voy a producir una uva que produce alcohol y donde la gente se cura’. Así era él, pero lo convencí gracias a don Guillermo Prohens, quien era un productor muy grande de Ovalle y le planteaba que ‘usted no le está haciendo daño a nadie, el que quiere tomar, tomará igual’ . Por ahí me lo gané, compramos Recoleta e hicimos unos huertos para que los ovallinos comieran fruta madura, pero nos costó muy caro. Mi papá creía que todo Ovalle iría a comprar la fruta. Iba la gente que conocía y nadie más”.

DE LA MANO DE
LA TECNOLOGÍA

Reconoce que tuvo una mirada clave para aplicar las técnicas modernas de riego, “me considero un copiador de las ideas buenas. El riego por goteo te permitía regar predios que no poseían agua y como teníamos sólo 12 hectáreas bajo canal y 200 hectáreas sobre él , lo hice y en realidad con excelentes resultados y ahí comenzamos a crecer”.

VALLE DE PASIONES
Artigues es crítico de cómo el valle de Elqui logró instalar el concepto del pisco cuando la mayoría de la materia prima era llevada de Limarí. Viveza publicitaria, advierte. “Hablaba con los publicistas y les decíamos que queríamos fomentar el valle de Limarí, pero me respondían, ‘quién conoce a Limarí, no lo conoce nadie’”.

Insiste en que ha tenido un año para el olvido. “Todos los días un problema y otro. Gracias a Dios tengo buen corazón. De lo contrario estaría ‘espaldita el loro’”, reflexiona con humor. 

El año pasado, en un predio, perdió un millón de dólares por la huelga que enfrentaron los portuarios. Igualmente, está sorprendido de los altos sueldos que se pagan en la minería y admite que están lejos de los que se pueden pagar en la agricultura. “Imposible, no hay negocio agrícola, ni el mejor, que pueda competir con un sueldo de la minería”, afirma.

En sus inicios, el negocio automotriz fue fuerte. Tenían la concesión de la Ford y se instalaron en La Serena y en Coquimbo y dirigían un servicentro en la plaza de Coquimbo “y mi padre tuvo la oportunidad de elegir si quedarse en Ovalle o irse a La Serena porque en esa época Ovalle tenía más movimiento que La Serena, porque toda la parte agrícola se sacaba de este valle, pero él prefirió venirse para acá”.

RESGUARDANDO
EL LEGADO

Su padre, 20 años antes que falleciera, le entregó el negocio automotriz y agrícola. 

Son tres hermanos. Dos mujeres y un hombre. Su desvinculación del negocio automotriz no fue al azar. Había leído y estudiado sobre las empresas familiares y sobre todo del futuro de éstas. “A raíz de las historias que hay en Chile de la tercera generación de las familias descendientes de españoles hay estadísticas que más del 70% de la tercera generación quiebra”. El tema le preocupó. “Entonces fuimos a cursos familiares a Santiago para ver cómo manejarlas y se planteó que lo más conveniente era separarse y por eso le entregué a una hermana este negocio y a la otra hermana bienes raíces”.

En su caso, se quedó en la actividad agrícola, “que era lo que me gustaba”. 

Su hijo le seguirá los pasos en el mismo rubro. El tema de la descendencia es una materia sensible para el empresario ovallino. Cuando le preguntamos por sus hijos cambió el tono de su voz. Se puso sensible. Le duele. Estuvo a punto de quebrarse. Pero él mismo lo explica. “Es el único (hijo) que tengo, porque el mayor se mató en un accidente hace años”. 

Tiene claro cuando comienzan los problemas familiares y lo grafica a su manera. Explica que si un hijo “sale porrón, dónde trabajará, en la empresa, como es de nosotros, por eso que empiezan los problemas”.

Cree que Ovalle va en alza. Incluso, advierte que es más que Coquimbo y La Serena. 

Está consciente de que en la mayoría de los casos los ovallinos no se han creído el cuento. “En eso soy el primero en reconocerlo, aquí me van a garabatear mis vecinos, les ha faltado calidad de dirigentes a todo nivel”.

LA UNIVERSIDAD DE LA VIDA Y SIN ARREPENTIMIENTOS
Artigues tiene su propio drama con el tema del estudio. Pero hace todo lo posible por disimular y demostrar que no le genera complejos. Lo suyo nunca fue el estudio. Menos las profesiones. De hecho, no la tiene. Su mayor capital es el olfato para los negocios y la perseverancia. Con eso ha sido suficiente. 

“No sé si felizmente, pero salí de sexto humanidades y no estudié nada”.

-¿Su padre lo obligó a estudiar?
“La verdad es que me obligó a que saliera de sexto humanidades y me dijo que si no salía, no me daría pega nunca. Era flojo, no era ningún buen ejemplo”.

-¿Le gustaba trabajar?
“No me gustaba estudiar, me eduqué en Santiago, en el San Ignacio y San Pedro Nolasco hasta sexto humanidades, como buenos españoles me metieron interno”.

Pero Artigues está consciente de que a pesar de no tener estudios, en Ovalle está entre los empresarios más importantes de la Provincia. El rehúye el tema. No habla de números, ni menos si está entre los grupos económicos más influyentes de Limarí. Para él la clave ha estado en la crianza familiar “y las condiciones que pueda tener cada persona, lo primero es la formación. Nosotros estamos desde 1934 en distintas actividades y nunca en la vida se nos ha protestado un documento, es obligación pagarlos…En el tema de las deudas soy poderoso, tenemos buen prestigio y en eso lo siento, pero no me considero un poderoso. Nos meten dentro del grupo más importante, pero eso no me gusta ni lo siento”.

Pero también ha vivido momentos complejos. En plena Unidad Popular, confrontaciones internas llevaron al quiebre de la Ford Motor y quienes tenían la concesión en Chile quedaron con los manos cruzadas. 

Sin embargo, él no habla de política, aunque no oculta que el periodo de la UP lo marcó. “Nunca me he metido en política, yo trabajo y doy pega y me gusta hacer cosas. Disfruto dando trabajo. Es mi cualidad, tengo 1.400 personas trabajando y felices”.

No esconde que tiene una personalidad fuerte. Que puede interpretarse como avasalladora o prepotente. Pero, recalca que en algunos casos no tiene términos medios. “Cuando defiendo algo es difícil quedarme callado. Cuando creo que tengo razón no me callan ni a palos. No soy autoritario. Escucho y aconsejo, aunque se me enojen, tengo un carácter. A la gente buena yo la defiendo hasta la muerte”, confiesa con fuerza. 

Afirma que posee una excelente relación con sus trabajadores, pero admite que es exigente con su grupo más cercano. “No soy preparado para los números, pero para eso tengo ingenieros comerciales y técnicos agrícolas, uno saca lo mejor de cada uno”.

-¿Tiene buena intuición?
“Esa debe ser una de mis cualidades, soy hacedor de cosas, pero me he pegado costalazos grandes, soy un hacedor de cosas, pero así como las hago, a veces las hago mal”.

A pesar de que a su hijo le inculcó el estudio y que lograra sacar una profesión, plantea con resignación que siguió su mismo camino. “Salió de cuarto medio y estuvo estudiando educación agrícola en España”.

Artigues ha estado en todos los espacios donde ha volcado su experiencia. Incluso fue dirigente de Club Deportes Ovalle. 

El predio de 400 hectáreas lo recorre en dos buggies que adquirió especialmente para acceder con mayor facilidad y reconoce que los circuitos los disfruta al máximo. “Disfruto como chancho en el barro”, enfatiza. 

Admite que su cualidad es ser positivo y es cuidadoso para sus chequeos médicos. 

En un momento le ofrecieron ser candidato a diputado, pero, por su personalidad, cree que no resultará. Se considera demasiado frontal. 

Tiene pensado hacer un libro, pero adelanta que deberá publicarse una vez que fallezca. “Antes imposible. Ahí caerán muchos. Aparte que no tengo nada de político, porque hay cosas que me gustan de un gobierno y otras que no. Creo que este Gobierno hizo cosas muy buenas, lo que pasa es que no hizo nada para defender más la agricultura, eso es lo que más me duele”.

Su receta para las nuevas generaciones es una sola. “Tienen que ser trabajadores y tener iniciativa y hoy por hoy estar preparado, más estudio y hay que ser perseverante y lo más importante es ser honrado a toda pala”.

Cree que uno de los defectos de los últimos gobiernos es que a la gente se le ha dado muchas atribuciones, “pero no le han dado responsabilidades Entonces, la gente joven que llega a los campos son un desastre porque se les trata de enseñar y te envían a buena parte y uno reta a uno en un grupo de 15 y no te hacen nada y se van todos. Hay cosas que se trabajan a trato, donde el que más produce puede ganar el triple, pero se conforman con su sueldo, entonces cuándo surgirá esa gente”.

Aunque para muchas cosas es conservador y a la antigua, en lo tecnológico le gusta estar al día y a la vanguardia. De hecho, a la entrevista llegó con un iPhone y una tablet. “Hay que estar al día”, sostiene. 

CAMARÓN QUE
SE DUERME…

Su fracaso más sonado lo vivió hace 25 años cuando quiso incursionar en la crianza de camarones en la desembocadura del río Limarí. “Lo veía como un buen negocio. Llegó gente de la UCN y me vendió la idea de que se podría desarrollar la reproducción del Camarón en hatcherys y me entusiasmé e hice sociedad con otra persona. Habilitamos seis hectáreas de piscinas, todas techadas para que no llegaran los pájaros. La verdad es que no se pudieron desarrollar nunca, así que los únicos camarones que teníamos eran los que sacábamos del río”.

No oculta que literalmente fracasó. Los camarones nunca se reprodujeron. Cuando parecía que abandonaba la experiencia, la propia universidad le pasó langostas australianas y cuando estaba a punto de concretar la exportación de una partida a Estados Unidos, se enfrentó con el 11 de septiembre americano en 2001, que paralizó los envíos. 

Pero lo peor estaba por venir. A principios del 2001 llovió intensamente en Limarí provocando el colapso de las quebradas y también las tortas de relave de la minería. “Y pasó que se comenzaron a morir las langostas, porque las tortas de relave contaminaron el río y se me murieron las 34 toneladas, ahí perdí una barbaridad de plata y ahí se acabó todo”. Fue más de un millón de dólares. 

FALTA DE LIDERAZGOS
>Lo que considera la falta de líderes en la provincia él lo resume en un hecho concreto y que aún le duele. “Nosotros perdimos Tongoy, weon, y por qué lo perdimos, por falta de líderes. Pero si Tongoy lo hicimos los ovallinos, había un Centro para el Progreso para Tongoy, integrado por pura gente de Ovalle y ellos llevaron el agua potable, alcantarillado y la luz eléctrica y cuando estaba todo listo lo perdieron. El problema es que lo perdimos y nos echaron a perder Tongoy. Yo tengo un departamento en Puerto Velero y antes teníamos una casa en Tongoy”.

Fuente: diarioeldia.cl

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