20 de febrero de 2014 00:58 AM
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Alianza Pacífico: mal negocio para el agro colombiano

Sin ningún fundamento se ha querido difundir la idea de que el sector agropecuario, y la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) en particular, han sido enemigos del libre comercio. Versión distorsionada de la realidad, en la medida en que la SAC, en representación legítima del sector, ha apoyado y “sacado adelante”, junto con el […]

Sin ningún fundamento se ha querido difundir la idea de que el sector agropecuario, y la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) en particular, han sido enemigos del libre comercio. Versión distorsionada de la realidad, en la medida en que la SAC, en representación legítima del sector, ha apoyado y “sacado adelante”, junto con el Gobierno Nacional, acuerdos comerciales tan importantes como el G-3; los bilaterales con Chile, México y Venezuela, y tratados plurilaterales de grave riesgo para la agricultura como el Acuerdo con Mercosur y el Triángulo Norte Centroamericano.

En un acto de responsabilidad con el país, la SAC participó activa y constructivamente en el proceso de negociación del TLC con Estados Unidos, cuyo resultado de negociación fue, a la postre, muy duro contra la agricultura, a pesar de que advertimos en todo momento el impacto negativo que generaría en el tiempo al sector agropecuario, cosa que repetimos al finalizar la negociación y que hoy sostenemos. “El TLC con Estados Unidos impone difíciles condiciones al sector agropecuario, pero si el Gobierno cumple con lo que se comprometió el acuerdo será manejable”, (Rafael Mejía López, Hotel Dann Carlton Bogotá, foro sobre el Resultado del TLC con EE.UU., marzo del 2006).

La SAC ha sido defensora de negociaciones bien logradas como el TLC con Canadá, con evidentes resultados a favor de la producción y las exportaciones nacionales, e igualmente defendimos los resultados alcanzados en la negociación con la Unión Europea, a pesar del manejo laxo y descuidado que dio el Gobierno al sector lácteo en la negociación.

Lo que nadie nos puede pedir es que aceptemos y avalemos acuerdos mal negociados en toda su extensión, buscados para favorecer intereses políticos; es el caso de la Alianza Pacífico, del que podemos afirmar es el peor negocio comercial que ha hecho el país y que, conjuntamente con el tratado con Estados Unidos, es el acuerdo peor negociado que conocemos. La diferencia es que el realizado con los estadounidenses tiene algo destacable por tratarse de la primera potencia mundial, conocida por su capacidad de imponer condiciones desfavorables extremas a cualquiera que pretenda ser su socio comercial.

Vale la pena aclarar que el mentado 92 por ciento de liberación de Alianza Pacífico resulta ser ficción, en la medida en que todos esos productos estaban liberados con Perú y Chile desde el 2003, y con México desde el 2004, salvo el sector automotor, que se liberó posteriormente, alrededor del 2011. Así, la mentada liberación es solo un espectáculo mediático que no oculta el precario resultado obtenido por Colombia.

En las negociaciones de los años 90, el Gobierno tuvo que proteger el agro a regañadientes, ante la evidencia de las graves amenazas que representaba México e incluso Chile en los productos sensibles del sector, las cuales siguen plenamente vigentes. En cambio, entre el 2010 y el 2014 el objetivo central en materia comercial ha sido la liberación indiscriminada del sector agropecuario, acabar con los instrumentos de política y todo lo que pueda generar estabilidad a los productores del campo, mientras que por municipios y veredas se trata de desinstitucionalizar el sector con dádivas focalizadas, para evitar que los desesperados se tomen las carreteras.

En el recuadro se resaltan las perversidades de la Alianza Pacífico para dedicar unas palabras a reflexionar acerca de la orientación actual de las políticas sectoriales.

Un acuerdo que les niega a sus nacionales los legítimos mecanismos de defensa, como salvaguardias y mecanismos antidumping, solo puede estar orientado a estimular el volcamiento del país hacia las importaciones, que al parecer es la principal motivación del Gobierno, a pesar de que disfracen con algunas medidas de salvaguardia el serio deterioro de la balanza comercial.

Pero lo más desilusionante del proceso de Alianza Pacífico ha sido la falta de transparencia gubernamental en todo el proceso:

– Incumplió compromisos establecidos con su propio Ministerio de Agricultura y con el sector privado, como era la exclusión de bienes sensibles para buscar, engañosamente, el acompañamiento del ramo privado en las negociaciones.

– A nuestro juicio, de forma poco transparente, ocultaba y retardaba el envío de información al sector privado sobre la negociación, a fin de evitar la crítica del proceso y los reparos a una mala negociación.

– Coadyuvó a acelerar cronogramas de negociación, adaptándolos a las condiciones del TLC con EE. UU., a pesar de que eso nunca se le dijo ni se discutió con el sector privado, y solo lo conocimos al finalizar la negociación.

– Las mencionadas oportunidades en el agro son inexistentes, y magnificó y manipuló la negociación a través del Acuerdo Marco aprobado en el Congreso, mediante el cual el Gobierno elimina la potestad del Legislativo para rechazar los acuerdos comerciales y le permite eliminar de manera inmediata los aranceles para el agro a cualquier país del “Atlántico” que quiera adherir a la Alianza.

Por lo anterior, hay que ratificar lo grave que será la Alianza Pacífico para el sector agropecuario y para el país, pero más grave resulta la forma en que se está conduciendo la nación en el plano comercial.

Rafael Mejía López, presidente Sociedad de Agricultores de Colombia

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Fuente: www.portafolio.co

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