22 de febrero de 2014 11:12 AM
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No dar nada por seguro: en mi fiesta puedo ser insultado

Marshall Martin, ofreció a principio de año una serie de conferencias para productores y empresarios cuyo eje central fue como se debía gestionar la incertidumbre. El profesor de la Universidad de Purdue estuvo más que oportuno porque en este escenario económico la seguridad es el bien más escaso.

En una palabra, el que apuesta algo por seguro, pierde. Vale detenerse en dos casos que ocurrieron en los últimos días como para tomar registro del grado de imprevisibilidad. El más desopilante, y también lamentable, ocurrió en Leones. Porque terminó perdiendo aquel que apostó que en la Fiesta Nacional del Trigo es imposible que desde un escenario se les pueda decir a los productores, supuestamente los actores principales del festejo, “gringos de m… que están sobre silos de soja”. En el show de apertura, la banda de rock La Mancha de Rolando, que sabía tener como guitarrista al vicepresidente Amado Boudou, se dio el gusto de despacharse en insultos en línea con el discurso oficial y de la intendenta local, Lorena Bussi, que los contrató. Esa misma noche los músicos pegaron la vuelta, pero los agravios se quedaron en Leones y después se multiplicaron por la amplia repercusión en las redes sociales. Hay que agregar que la presión para que los productores vendan su cosecha tuvo un nuevo capítulo con la resolución de la AFIP en la que se estableció la registración sistémica de movimientos de granos para tener la información en tiempo real.

También perdieron quienes daban por seguro que el Gobierno no iba abandonar a su suerte a las pymes que producen biodiésel. Después de todo son los hijos de una política exitosa de desarrollo del Gobierno que se implementó en 2006 con la ley 26.093 que determinó la obligatoriedad del corte de los combustibles y en la que se privilegió el cupo a las pymes. Sin embargo, hace unos días, cerca de veinte empresarios no tuvieron más remedio que presentarse, sin pedido de audiencia previa, en la Secretaría de Comercio para reclamarle a Augusto Costa una actualización del precio del biocombustible, que se mantiene congelado desde noviembre pasado. Como era más que previsible, después de la devaluación se disparó el precio del aceite de soja y el metanol, que representan el 80% del costo para producir biodiésel. Pero parece que nadie en el Gobierno acusó recibo. Hoy esta treintena de pymes, que emplean unas 2500 personas, se encuentran al borde del precipicio, con plantas paralizadas y con un freno en la entrega del biocombustible a las petroleras. Costa prometió dar una respuesta para los próximos días. Pero ya se descarta que este mes las petroleras vayan a llegar al 10% del corte del gasoil.

Cuando el que apuesta por seguro termina perdiendo porque ocurren hechos insólitos, como recibir insultos en su propia fiesta o el repentino olvido de un gobierno que por una mínima coherencia debería estar velando por los que creyeron en su propuesta, invertir pasa a ser una quimera. Agregar valor pasa a ser el impulso de una minoría de soñadores con un alto umbral de sufrimiento en lugar de una apuesta mayoritaria de empresarios.

¿Qué podría llegar a pasar en nuestro país de recrear algunos grados de seguridad? Posiblemente Alemania es un caso extremo, pero vale la pena reflejar lo que ocurre cuando hay credibilidad en las políticas de Estado. Como no hay sorpresas ni martes trece, y lo que se dice se termina haciendo, se pueden dar el lujo de implementar planes tan ambiciosos como llegar al 2020 con el objetivo de que el 20% de su energía total provenga de energías renovables. Saben que los empresarios y productores terminarán convalidando el rumbo con inversiones. Valga como dato que tienen en funcionamiento 7000 biodigestores para la producción de biogás en la que se utiliza todo tipo de residuos orgánicos, ya sea de frigoríficos, efluentes de la industria láctea o estiércol de las vacas.

Mientras un productor alemán no observa riesgos de que su biogás convertido en energía eléctrica sea vendido a la red domiciliaria, un gran empresario forestal-papelero de la provincia de Misiones confesaba hace pocos meses: “En nuestros biodigestores podríamos producir más energía de la que consumimos y venderla a la red eléctrica troncal. Pero no queremos asumir riesgos, ni dar ninguna excusa para que el Estado meta un pie en la empresa”.

Simple: la relación olvidada sigue siendo: a más seguridades más inversiones.

Fuente: La Nacion

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