24 de febrero de 2014 03:25 AM
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Cepas españolas se toman Pirque

CHILE : Luego de ocho años de trabajo, la Viña El Principal lanzará el primer verdejo de Chile. Luego vendrán vinos de las variedades graciano, mazuelo, mencía, tempranillo, alvariño y garnacha.

A Gonzalo Guzmán no le costó mucho convencer a Jochen Döhle. El empresario alemán, parte de una de las mayores familias navieras del mundo y dueño de la Viña El Principal, en Pirque, tenía entre sus cepas favoritas el verdejo.

Guzmán había conocido la variedad durante la vendimia de 2003, donde trabajó en la bodega Mustiguillo de Valencia. De hecho, en 2005 su intención era volver a la península ibérica para trabajar en otra bodega. Sin embargo, ese año se atravesó la oferta de la viña precordillerana que recién había adquirido Döhle. Guzmán había conocido los primeros vinos de esa empresa mientras estudiaba agronomía en la Universidad de Chile y le había llamado la atención su calidad. Además, le ofrecieron libertad total para definir el proyecto de la bodega.

Guzmán le cobró la palabra a Döhle. El campo de El Principal ya estaba plantado con 50 hectáreas de las cepas típicas de la zona, como cabernet sauvignon y carmenere. A los planes de expansión de los viñedos, el enólogo propuso sumar cepas españolas, algunas de ellas inéditas en Chile, como el verdejo.

Con el visto bueno de Döhle, en 2006 comenzaría una odisea de casi ocho años para sacar la primera botella de verdejo hecha en el Alto Maipo. Serán mil cajas las que se lanzarán al mercado en 2014.

Hoy esa cepa es la niña bonita de las variedades blancas en España. Por su capacidad gastronómica está quitándole espacio de las cartas de los restaurantes peninsulares al chardonnay. Su principal ventaja es que tiene una boca más amplia que la típica de los blancos, tiene larga capacidad de guarda y es muy aromática.

Luminosidad mediterránea

Guzmán está contento con el verdejo de El Principal que sostiene en su copa. Explica que su importador en Brasil le pidió el total de su producción, pero que tuvo que rechazar la oferta para satisfacer a otros mercados en los que está presente. Y el precio no es barato, la caja será exportada en torno a los US$ 120. Para tener una referencia, el promedio de Chile es US$ 30 la caja.

Y el proyecto tiene más vinos chilenos-españoles por venir. El enólogo ya ha vendimiado, aunque a una menor escala, las variedades graciano, mazuelo, mencía, tempranillo y garnacha. Espera crecer en superficie en los próximos años en esas cepas para sacarlas al mercado.

“En Chile nos hemos preocupado de avanzar hacia nuevos valles, pero para seguir haciendo las mismas cepas allá. Nos falta investigar la variable de qué variedades plantar, de cuáles funcionan mejor en un terreno determinado”, afirma Guzmán.

En ese sentido, cepas mediterráneas como las españolas tienen mucho que entregar. Un punto importante es que climáticamente la zona central de Chile tiene más similitudes con la Madre Patria que con Burdeos o la Borgoña. Y no se trata solo de pluviometría y temperaturas. La intensidad del sol, que gatilla algunos procesos de la parra, es sustancialmente mayor por acá.

Las cepas mediterráneas están adaptadas a ambientes más calurosos y soleados, tanto por la duración de sus procesos fenológicos como por el grosor del orujo, entre otras características.

La tercera es la vencida

Solo al tercer intento, Gonzalo Guzmán pudo ingresar las 1.800 estacas que quería importar desde España. Las dos primeras veces, la falta de alguno de los múltiples documentos exigidos por el SAG hizo que el material fuera quemado en el aeropuerto Pudahuel al momento de ingresar. La barrera es muy exigente e incluye hasta la inspección del viñedo de origen del material vegetal.

La tercera vez, Guzmán montó una operación más acabada. Les pidió a conocidos en España que vigilaran el cumplimiento del papeleo por parte del vivero. Además, tuvo que ofrecer sustancialmente más dinero a la empresa para que pudieran completar todos los exámenes solicitados por el SAG.

Aún así, cuando las plantas estaban en el aeropuerto Pudahuel recibió una negativa. Cinco días antes del arribo había comenzado a regir una nueva exigencia por parte del SAG. Guzmán no se dejó amilanar y le mandó un correo electrónico al director del organismo estatal explicándole la situación. Aunque no recibió respuesta, al otro día lo llamaron para decirle que las estacas estaban liberadas.

Pero ese era solo el comienzo, las estacas se llevaron a un invernadero dentro de El Principal bajo supervisión del SAG. Luego de dos años, en 2009, las parras fueron liberadas de la cuarentena y pudieron ser plantadas en el campo de Pirque.

“Después de todo ese proceso comprendí por qué tan pocas viñas traen en Chile nuevas cepas. Es complicado y toma bastante tiempo. Sin embargo, creo que en el largo plazo es beneficioso”, afirma Guzmán.

Sin embargo, la situación es aun más compleja, pues no solo la burocracia sino que la cultura de negocios vitivinícola limitan la experimentación. En los viveros chilenos hay algunas variedades mediterráneas, pero con nula o escasa venta. El problema es que son más difíciles de vender, especialmente en los segmentos de altos volúmenes y de bajos precios, justo donde está instalado el grueso de la oferta chilena, porque esos consumidores prefieren a ir a la segura con variedades “internacionales” como el cabernet sauvignon o el chardonnay.

“Lo interesante es que sí hay una demanda por vinos ‘distintos’ en los segmentos de mayores precios. Lo que prima allí es la calidad. Si tienes un buen vino, siempre vas a tener la demanda. Lo que ha pasado con nuestro verdejo aun antes de lanzarlo lo demuestra”, remata Gonzalo Guzmán. Desde España miran con interés”Me parece muy bien dar a conocer el verdejo para que el mundo del vino blanco no sea solo sauvignon o chardonnay. La vid se adapta a todo tipo de suelos y de climas, sin embargo, defiendo que, según el clima y las especificidades del terruño, una vid no dará las mismas características al vino. Pienso que Gonzalo sabe interpretar con su verdejo todas las especificidades de la variedad y de la finca en que lo ha plantado; pero no puede y no debe imitar un verdejo español”, afirma Didier Belondrade, uno de los referentes del verdejo en la península ibérica.

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