23 de junio de 2014 22:34 PM
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Productores van a retener la soja para protegerse de la inflación

Cualquiera sea la decisión que adopte el Gobierno, a partir del último fallo de la Justicia de Estados Unidos en favor de los holdouts , la resultante será menos disponibilidad de dólares para que funcione la economía.

“Si Argentina paga deberá ceder parte de sus reservas, debilitando aún más la capacidad para enfrentar una situación cambiaria muy tensa; y si no paga desobedecerá un fallo de la Justicia de Estados Unidos y resignará la posibilidad de generar dólares financieros en los mercados internacionales de crédito, al menos a corto y mediano plazo, que era la intención del Gobierno luego de haber regularizado los temas Repsol y Club de París”, sostiene Juan Manuel Garzón, economista de la Fundación Mediterránea.

En este escenario de restricción de divisas, hay un sector con capacidad de generarlas. Es el complejo oleaginoso, que tiene a la industrialización de la soja como su principal acervo económico.

Sin embargo, el ritmo de comercialización de la soja por parte de los productores es más lento que en otros años. Hasta finales de mayo, el productor había cerrado operaciones de venta por 29 por ciento de la producción de soja de la campaña, un porcentaje que se encuentra muy por debajo de la media histórica (41 por ciento). Este comportamiento obedece en parte a la demora en la cosecha (y la incertidumbre consecuente respecto de la producción efectiva) y en parte también a expectativas devaluatorias, según sostiene Garzón.

 

Lo justo y necesario

“No tengo dudas de que el productor va a retener la cosecha. Solo va a vender para pagar los gastos y luego se va a refugiar en el único activo que tiene”, asegura Marco Giraudo, presidente del Consejo Provincial de Coninagro. El dirigente aclara que en la decisión del productor no hay ningún componente especulación, sino un reaseguro ante un contexto donde la inflación erosiona cualquier activo líquido.

Desde la industria procesadora de la oleaginosa aseguran que si bien el flujo comercial es menor al de otras campañas, confían en que la soja ingrese al mercado en los próximos meses.

El complejo sojero es la principal fuente de generación de divisas comerciales que tiene el país. Según Garzón, el valor externo de la campaña 2013/2014 supera los 28.000 millones de dólares, lo que representa un tercio de las exportaciones totales del país. “Durante el presente año, las exportaciones de muchos sectores están declinando, si a esto se suma una mayor retención del campo la oferta de dólares puede verse muy resentida, obligando al Gobierno a enfrentar un dilema importante: contener la demanda vía precios o vía cantidades, o mediante una combinación de ambas acciones”, observó.

Desde la óptica del economista, restringir la demanda vía precios implica dejar subir el tipo de cambio, acelerar la tasa de devaluación, con riesgo de mayor inflación. Por otro lado, reducir la demanda vía cantidades implica profundizar cepos cambiarios o no autorizar importaciones, decisiones que complican la producción y llevan a más recesión y también a más inflación.

“En el actual escenario toda política que intente reducir la demanda de dólares tendrá costos altos y una dosis muy importante de incertidumbre respecto de sus efectos finales”, advierte.

 

El mejor arreglo

La voluntad manifiesta del Gobierno de pagar a los acreedores es bien vista desde el sector de la producción, aunque abren interrogantes respecto a los términos de un futuro acuerdo. “Es un escenario complejo el que dejó el fallo. Habrá que ver en qué términos se puede acordar el pago para que no debilite aún más la situación económica”, admitió Giraudo.

Para Garzón, si Argentina quiere permanecer en el sistema financiero internacional lo más conveniente sería llegar a algún acuerdo con los tenedores de bonos que no entraron al canje. “Esto no implica necesariamente tener que pagar el 100 por ciento del fallo o tener que desembolsar una suma muy importante en el corto plazo. Las autoridades deberían intentar reducir el porcentaje a pagar y extender en el tiempo el período de pago”, opinó.

Mientras tanto, a su juicio, el retoque del tipo de cambio es inevitable apoyado también en la continuidad del loqueando a la salida de dólares mediante cepos y restricciones cuantitativas. “La recesión que ya está en marcha ayudará a que un tipo de cambio más alto y a limitaciones para importar no se trasladen tanto a los precios”, evaluó.

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Fuente: La Voz

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