25 de junio de 2014 14:55 PM
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Reclamos internacionales al trigo argentino

En los últimos años los silobolsa se convirtieron en una alternativa práctica y barata para el almacenamiento de emergencia de granos que no se querían o podían vender. La imposibilidad de los acopios de dar abasto a la demanda de almacenamiento, obligó al productor a gestionarse por sus propios medios un modo de conservar sus […]

En los últimos años los silobolsa se convirtieron en una alternativa práctica y barata para el almacenamiento de emergencia de granos que no se querían o podían vender. La imposibilidad de los acopios de dar abasto a la demanda de almacenamiento, obligó al productor a gestionarse por sus propios medios un modo de conservar sus stocks de producción en caso de no querer venderlos.

Sin embargo, la contra de esta situación está empezando a observarse. El silobolsa no tiene ventilación y está constantemente expuesto al rayo del sol. Esto, combinado con el estado en el que se guarda el grano (en condiciones de humedad lejos de las óptimas) y con el excesivo tiempo de conservación en silo, hace que la calidad del producto guardado caiga estrepitosamente.

Si bien el grano sacado de silobolsa suele mandarse a una planta de secado antes de venderse y luego se mezcla con el resto de la producción, lo cierto es que esta merma de calidad está empezando a notarse y los reclamos no se hacen esperar. Particularmente, en Uruguay, le están sintiendo olor al trigo argentino y ese olor se manifiesta incluso en la otra punta de la cadena, los panificados. El consumidor se queja de que el pan huele mal y, a partir de ahí, se empieza a ir para atrás en la cadena de producción y la explicación aparece en el trigo nacional.

Armando Casalins, de la Federación de Acopiadores, culpó a los silobolsa. “Es un paliativo. El problema es cuando, en lugar de usar un silo de verdad, se usa un silobolsa para cualquier cosa. La conservación en estos silos no dura tanto como se cree y además debe acondicionarse el grano antes de entrar. Vos metés trigo a 40 grados en una bolsa de nylon y lo menos que tenés es olor, al mes”, explicó.

El problema es que en la coyuntura actual, donde se espera que el dólar oficial llegue en algún momento a los $ 9.70, el productor trata de vender lo menos posible y conservar el valor de su moneda de cambio, que es el grano. Sobre las alternativas, Casalins explicó que hay otros sistemas de almacenajes que, aunque también precarios como el silo australiano, tiene más durabilidad y se puede ver la mercadería.

Además, si bien este tipo de silos descartable alega ser anaeróbico (sin aire en su interior, impidiendo la producción de bichos), hay estudios que lo refutan. Casalins reveló que “hemos hecho análisis y hay bichos. Eso se suple fumigando cuando el grano está ya cargado en el camión y se le aplica fosfina, que es peligrosísimo”; (en 2009 hubo en el país cuatro muertes de camioneros por inhalar este químico).

En definitiva, la recomendación consiste en preacondicionar el grano antes de entrarlo en el silo, para evitar problemas posteriores.

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Fuente: On24

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