27 de junio de 2014 00:23 AM
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Neozelandeses no comprenden por qué en la Argentina existen trabas para la exportación de lácteos

El pasado lunes 9 de junio no era un día cualquiera para la misión que representantes del gobierno provincial, productores y dirigentes del sector agropecuario santafesino, emprendieron en territorio neozelandés. Ese día, en la ciudad de Auckland, la comitiva visitaba la sede de Fonterra, la empresa láctea más importante del planeta, según publicó el diario […]

El pasado lunes 9 de junio no era un día cualquiera para la misión que representantes del gobierno provincial, productores y dirigentes del sector agropecuario santafesino, emprendieron en territorio neozelandés. Ese día, en la ciudad de Auckland, la comitiva visitaba la sede de Fonterra, la empresa láctea más importante del planeta, según publicó el diario El Litoral de Santa Fe.

De un lado de la mesa, el gobernador Antonio Bonfatti; funcionarios del área de la Producción y un puñado de empresarios santafesinos. Del otro, el director de Negocios para América Latina de Fonterra, Alex Turnbull; flanqueado por el embajador argentino, Fernando Escalona.

Lo que a priori se presentaba como una reunión meramente protocolar, pronto se transformó en el momento más tenso de esta misión que se prolongó doce días.

“Argentina tiene el potencial para ser como Nueva Zelanda. El problema es la falta de estabilidad. Necesitamos saber cuáles serán las condiciones del país en 10; 15 ó 20 años. Argentina debe decidir si quiere parecerse a Chile, o a Venezuela”, disparó Turnbull.

El planteo del neozelandés tomó por sorpresa a la delegación santafesina. El embajador Escalona esbozó una serie de argumentos para salvar la situación. Dijo que el país había llegado a acuerdos con el Club de París y con la empresa Repsol. Sin embargo, a Turnbull poco pareció importarle.
“Nosotros producimos y exportamos productos lácteos. No entendemos a un país que nos impide sacar la producción de sus puertos”, insistió el representante de Fonterra.

Y agregó: “En Nueva Zelanda ya tenemos colmada nuestra capacidad de producción para abastecer a mercados enormes como China o la India. Por eso, estamos viendo en qué lugar del mundo podemos conseguir más leche. Vemos situaciones estables en países como Chile e incluso Brasil, pero desafortunadamente la Argentina nos preocupa”.

En ese momento, la incertidumbre se apoderó de la reunión. El clima no era precisamente el mejor. La misión, que recién comenzaba, se encontraba con un escollo que por algunos instantes pareció insalvable.

La comitiva santafesina pudo entonces haber dado por terminado el encuentro o, simplemente, responsabilizar al gobierno nacional por la situación de incertidumbre que planteaba el empresario neozelandés. Sin embargo, Bonfatti, sus funcionarios y los productores que los acompañaban, pusieron todo su esfuerzo para convencer al representante de Fonterra de que las posibilidades de hacer negocios conjuntos existen y que, en ese contexto, Santa Fe podría jugar un rol preponderante.

Al día siguiente, y sin aviso previo, Turnbull apareció en el hotel Sofitel de Auckland, donde los productores santafesinos se reunían con sus pares neozelandeses. El representante de Fonterra habló con cada uno de los integrantes de la misión. Con algunos, incluso, se plantearon probables negocios conjuntos. Finalmente, confirmó que el próximo 29 de septiembre visitará la provincia de Santa Fe.

Lo sucedido durante aquellas horas de incertidumbre fue una clara muestra de cuál es la imagen que existe de la Argentina en el exterior. Sobre todo, en un país como Nueva Zelanda, que depende de sus materias primas, pero que incentiva la producción y el libre comercio en un marco de estabilidad y certidumbre.

Nueva Zelanda produce anualmente 16.000 millones de litros de leche y exporta el 95 por ciento. Su mercado interno es de apenas 4,5 millones de habitantes.

Llegar a estas escalas de producción y exportación no fue tarea fácil. Hasta la década del setenta, Nueva Zelanda sobrevivía gracias a la venta de sus productos ovinos a Gran Bretaña. Sin embargo, el Reino Unido ingresó a la Comunidad Europea y los neozelandeses se quedaron literalmente solos.

Fueron épocas duras, en las que el modo de funcionamiento del país se encontraba virtualmente quebrado. Por entonces, el gobierno comenzó a subsidiar a los productores y a intervenir fuertemente en la economía.

Sin embargo, en 1984 el país se encontraba al borde del abismo: congelamiento de salarios y precios, recorte de programas sociales, déficit fiscal creciente. El gobierno del Partido Nacional decidió anticipar las elecciones.

Con la llegada de los laboristas (centro izquierda) al poder y luego de una devaluación del tipo de cambio, se inició un proceso de reformas que apuntó a la apertura comercial, reducción del gasto público y reforma tributaria.

En la actualidad, los neozelandeses aún recuerdan aquellos momentos duros. La “crisis del 84” fue una verdadera bisagra para el país. Desde entonces, la producción de materias primas y la venta de sus productos al exterior no ha parado de crecer.

La Argentina ha elegido el camino inverso. En lugar de incentivar la producción y la exportación de sus productos, controla de manera restrictiva las ventas al exterior con el objetivo de contener los precios internos.

“El país fracasó en su objetivo, porque los precios en góndola igual siguen aumentando de manera constante”, dijo a El Litoral el secretario de Agricultura de la provincia, Luis Contigiani.

Para el funcionario, la solución pasa por seguir el ejemplo neozelandés y aumentar la oferta productiva en la Argentina, a través de una política que concilie la demanda interna con la externa. “En este contexto de libre comercio, el gobierno nacional debería establecer para el mercado interno mecanismos precautorios por uno o dos años, hasta pasar el temporal. El reposicionamiento del sector tambero inevitablemente impactaría en el precio de la leche. Pero luego, a medida que crezca la producción, habrá oferta excedente y los precios se acomodarán”, insistió.

Para el funcionario, el gobierno nacional debería establecer criterios razonables en la renta de la cadena lechera: “No hay otro caso en el mundo donde los supermercados se lleven la mayor parte de las ganancias. Lo único que hace este sector es distribuir, pero remarca el 70 por ciento”.

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Fuente: Agromeat

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