1 de septiembre de 2015 17:55 PM
Imprimir

Productora coraje

Tras diez años de inversión en pasturas y hacienda para armar un ciclo completo desde cero, la abrupta subida del Río Salado dejó su campo bajo el agua. Carolina Houssay, una joven empresaria de San Miguel del Monte, cuenta cómo salvó su ganado.

Carolina Houssay, es Ingeniera en Producción Agropecuaria y administra el establecimiento familiar San Genaro de 1.900 ha, ubicado sobre la Ruta 3 y el cruce con el Río Salado, San Miguel del Monte, justo en el centro del caos provocado por la crecida.

 

“Somos miembros del Crea Río Salado. En mi zona, los productores veníamos invirtiendo a pesar de las dificultades del agro, estábamos esperanzados con los cambios por venir. Hoy, todo es super triste, en los campos ribereños no hubo acumulación de agua de lluvia, la inundación se produjo abruptamente, por el desborde del Salado. Faltan obras de infraestructura y mantenimiento”, planteó a Valor Carne.

 

San Genaro destina 580 ha al ciclo completo con terminación a corral de hacienda Aberdeen Angus colorado y en el resto se hace agricultura para alimentación animal y como otro negocio.

 

“Arrancamos en 2005, empezamos de cero, tras una subdivisión familiar. Estábamos complicados con deudas y una vez que pudimos recuperarnos comenzamos a desarrollar un planteo ganadero”, recordó Houssay.

 

Primero implantaron verdeos sobre el campo natural para limpiar los lotes y en la medida en que estos se mejoraban, sembraban pasturas permanentes, en base a festucas. “Comenzamos con hacienda de terceros, capitalizada, y con las ventas, en 2007, pudimos comprar las primeras vacas propias”, contó. Y aclaró que “al inicio, debíamos vender los terneros por un tema financiero. Luego, empezamos a retenerlos y desde hace cuatro años hacemos el ciclo completo. Esto nos dio estabilidad en los ingresos”.

 

De este modo, la joven productora desarrolló un planteo sustentable, respetando rotaciones, con planificación de reservas y un buen plan sanitario. “Así, logramos una preñez del 95% promedio. Ya tenemos 300 madres y pensamos seguir creciendo con invernada de compra”, puntualizó.

 

 

Salvar la hacienda

 

 

 

 

 

 

De acuerdo a datos de Hidráulica, el 20 de agosto, la cota del Río Salado llegó a 21,48 metros, el nivel más alto de los que se tiene registro. El 90% de San Genaro resultó inundado, acumulándose tres metros de agua en muchas partes del campo.

Según Houssay, “una de las causas de esta catástrofe es que si bien se dragó el lecho río, no hubo dragado ni ensanchamiento del mismo en la sección próxima a los puentes, lo que impidió un eficaz escurrimiento de las aguas. A su vez, al no hacerse un mantenimiento periódico, los depósitos de material fueron deteriorando las tareas ya realizadas”.

Así las cosas, la crecida fue muy violenta, en apenas siete días. “El agua llegó cerca de la casa y de los corrales y hasta cubrió una loma que tenía una pradera de alfalfa y pasto ovillo. El fin de semana pasamos con un kayak por encima del alambrado”, aseguró.

La productora vivió la mayor tensión a la hora de salvar a los animales. “Hubo que rescatarlos a nado, por suerte pudimos hacerlo, no tuvimos mortandad. Sí perdimos los alambrados eléctricos y varillas, no hubo tiempo de sacar nada, y obviamente todas las pasturas y caminos recién hechos”, lamentó. Entrando en detalle, dijo que “algunos pastos los habíamos sembrado este año y no pudimos aprovechar ni una comida. Ya llevan varios días bajo el agua, calculo que no será posible recuperarlos”.

 

Ahora, la hacienda está toda mezclada en los pocos lotes que no se anegaron, frente a la ruta. Se alimentan con reservas de silo, rollos y maíz que el establecimiento prepara habitualmente para cubrirse de los avatares del clima. “Hay comida para dos o tres meses. Pero, el pronóstico dice que vienen tiempos muy llovedores y, si el agua no se retira, tenemos miedo de que no nos alcance. Al día de hoy (28 de agosto) el río bajó sólo 38 cm y no creo que pueda escurrir muy rápido”, advirtió.

 

Mirando el lado positivo, la productora anticipó que “por suerte, pronto va a explotar la primavera y los campos naturales estarán mejor que si la inundación nos hubiera agarrado en mayo. La idea es sembrar un sorgo para el verano, apenas se pueda”.

 

Para Houssay, los perjuicios van mucho más allá de lo económico. “Todavía no me senté a medir los daños, aún tengo la adrenalina de buscar soluciones rápidas. En mi campo, hay años de esfuerzo, de proyectos. Además del negocio, uno invierte por pasión, porque tiene vocación de producir. Cuando te pasan estas cosas, y perdés todo en tres días, sentís una gran tristeza”, lamentó.

 

Finalmente, la empresaria dio su visión sobre el rol del Estado en el sector agropecuario. “Es muy importante que se hagan las obras como tienen que ser para que la zona pueda desarrollarse”, señaló. Y en cuanto al impacto a nivel micro, manifestó: “me da bronca que en los años en que los productores podríamos habernos hecho un colchón para afrontar problemas, los hayamos perdido en impuestos excesivos. Que ahora nos digan que nos van a eximir o prorrogar algún vencimiento, no está bueno. Quiero que me dejen producir siempre, aportando al fisco, pero que no me quiten lo que no corresponde. Así, no voy a necesitar subsidios cuando me vaya mal”.

Por Liliana Rosenstein

Fuente: Valor Carne

Publicidad