3 de septiembre de 2015 18:23 PM
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Menos soja y maíz

Por primera vez un organismo público a nivel global puede en tiempo real saber el movimiento de los productos fitosanitarios y veterinarios. Logra de esta forma su seguimiento desde que se elabora en el laboratorio hasta su destino final; lo que permite identificar rápidamente su localización. La trazabilidad aplicada, hace que la Argentina iguale el […]

Por primera vez un organismo público a nivel global puede en tiempo real saber el movimiento de los productos fitosanitarios y veterinarios. Logra de esta forma su seguimiento desde que se elabora en el laboratorio hasta su destino final; lo que permite identificar rápidamente su localización. La trazabilidad aplicada, hace que la Argentina iguale el control que ya usan empresas privadas en Europa. Una exigencia internacional que marca el ahora en el mercado de alimentos.

La tendencia global indica que la demanda está pidiendo cada vez productos más saludables y menos contaminantes. En pocas palabras saber el origen de lo que llevara a la boca. Hoy es común ver en países de la Comunidad Europea alimentos con etiquetas en donde se detalla no sólo el origen del producto sino todo el proceso por el que paso hasta llegar a la góndola.

En esa línea es que el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), da un paso adelante al ser el primer organismo público en el mundo en implementar un sistema de trazabilidad para regular los productos fitosanitarios y veterinarios según consta en la Resolución 369/13.

El mismo arranco en el 2011, hasta ese momento el control se hacía a través de declaraciones juradas en papel que las empresas presentaban, el cual se volvía no sólo engorroso a la hora de dar una respuesta rápida ante una determinada situación. Además de que era costoso y demandada tiempo.

El nuevo sistema consiste en una aplicación web que utiliza estándares GS1, llamados así al conjunto de códigos de barras y codificación bidimensional, éste último conocido como datamatrix.

En una primera etapa se hizo un análisis y una planificación codo a codo con el sector privado para verificar como se podía incluir a todas las empresas. Luego le siguió el desarrollo del software informático que estuvo a cargo del Programa de Atención Médica Integral (PAMI). Y es así que luego de cuatro años de trabajo, se puede decir que toda la cadena está alcanzada en la cual hay 7.796 empresas y que cuenta con un identificador GTIN (número de serie único) para 2.592 productos. A la fecha se han registrado más de 4 millones transacciones declaradas.

Vale recordar que la etiqueta (con códigos) está integrada a los empaques a través de un material que no se puede remover. En el se detalla lote, fecha de elaboración y vencimiento.

Paro todo eso el Senasa contó con el asesoramiento de GS1 Argentina, una asociación internacional de estándares globales y soluciones para mejorar la eficiencia y visibilidad a lo largo de toda la cadena de valor. Su trabajo consistió “en identificar los diversos productos a través de la capacitación del personal y de buenas prácticas para aplicar un sistema de trazabilidad”, señaló desde la organización sin fines de lucro, la directora de proyectos, Roxana Saravia.

 

Etapas

El nuevo desarrollo es parte de una primera etapa donde se incluyen principios activos como son los insecticidas y hormonas para uso veterinario. En una segunda instancia se irán agregando los demás productos. Esto se debe a que “no es fácil incluir a todos de golpe y menos aún en tiempos tan cortos. Es una forma de ayudar a las empresas para que todas puedan cumplir la nueva regla”, sostuvo Saravia.

Lo importante es que todos los productos deberán estar registrados evitando los fraudes o falcificaciones. Experiencias similares, se llevan adelante en la Unión Europea donde se estima que el 10% son ilegales.

El saber sobre el origen del producto que sale del campo está concebido como un estilo de trabajo, que requiere el compromiso de los integrantes del sistema para poner a disposición información confiable. Este tipo de herramientas en poco tiempo van a ser las que permitan competir en mercados agroalimentarios exigentes, como el europeo.


Un trabajo elaborado por Gustavo Idígoras y Sabine Papendiek, a pedido del Ministerio de Ciencia, denominado “El futuro de las tecnologías en el año 2020 a nivel mundial en los complejos productivos industriales”, destacó que hoy no existe inversión y desarrollo para la introducción de tecnologías salvo en empresas líderes en sectores de alto consumo. En esa línea es necesario que todos los actores de la cadena alimentaria empiecen a comprometerse con las exigencias externas, y para eso hace falta un consumidor interno que reclame la trazabilidad en la góndola.

 

Los consumidores prefieren etiquetas en los alimentos

Datos aportados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) sostienen que por ejemplo las cadenas de supermercado Tesco, Walmart y Casino tienen como meta la certificación de carbono neutral en sus tiendas y ya piden a sus proveedores contabilizar las emisiones y el etiquetado de huella de carbono para algunos productos.

Algunas encuestas hechas a los consumidores europeos marca que el 72% está favor de un etiquetado de carbono obligatorio. En el Reino Unido el 67% de los consumidores estarían inclinados a comprar un producto con una huella de carbono baja. El 74% de los franceses desearían información sobre los impactos ambientales de los productos.

El desarrollo de la etiqueta data de fines de 1999, tras la crisis por la aparición de la vaca loca en Inglaterra que ocasionó la muerte de personas por consumir el producto contaminado.

Fuente:

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