5 de septiembre de 2015 01:45 AM
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Inundaciones y comunicación del agro

El fenómeno de alternancia entre calentamiento y enfriamiento del océano Pacífico a la altura del Ecuador se llama ENSO (El Niño Southern Oscillation), y su marcha térmica está totalmente correlacionada y es fuertemente predictiva de inestabilidad atmosférica y precipitaciones por arriba de los promedios en la zona núcleo de la agricultura de la Argentina. Los […]

El fenómeno de alternancia entre calentamiento y enfriamiento del océano Pacífico a la altura del Ecuador se llama ENSO (El Niño Southern Oscillation), y su marcha térmica está totalmente correlacionada y es fuertemente predictiva de inestabilidad atmosférica y precipitaciones por arriba de los promedios en la zona núcleo de la agricultura de la Argentina.

Los institutos de análisis y prospectiva de este fenómeno predicen hace meses altas temperaturas en dicha región del Pacífico y, por lo tanto, los modelos ajustan hacia El Niño más fuerte en casi 20 años.

 

Como no podía ser de otro modo, lo que la ciencia y la tecnología vienen advirtiendo se empieza a manifestar con toda su crudeza y sobre el norte de la provincia de Buenos Aires y alrededores se registraron precipitaciones que hasta cuadriplican los registros históricos en la primera quincena de agosto.

 

De inmediato las lógicas consecuencias, de arriba hacia abajo de las cuencas, como la hidrografía y la hidráulica explican desde hace siglos se derraman el agua y los daños. Como se leyó en diversas crónicas periodísticas, el trabajo en el campo se convirtió en una hazaña, los arroyos y canales se desbordaron, los caminos y las rutas se tornaron intransitables, y finalmente lo más dramático: miles de ciudadanos cuenca abajo se inundaron, con un saldo de evacuación, pérdidas materiales y desolación social.

 

Así, como un símbolo del calentamiento del agua del Pacífico a miles de kilómetros, los procesos de comunicación entre el agro y sus comunidades también levantaron temperatura en el país.

 

Sobre la desesperación de los damnificados, algunos funcionarios borran sus responsabilidades y se purifican de ellas sacrificando al campo, ya que esto no les genera costo de oportunidad alguno e incluso puede ser políticamente redituable, y entonces se configura sobre la opinión pública el mensaje de que todo este drama es debido a la ambición de los agricultores y su utilización de técnicas de siembra sin labranzas (siembra directa).

 

Entonces aparece la sensación de que también hay un paralelismo entre los tractores encajados en los pantanos que hacen de caminos en nuestras zonas productivas y los caminos empantanados del mensaje del agro hacia la comunidad. Sentimos un sentimiento similar de impotencia mientras peludeamos en el barro que cuando intentamos llegar con un mensaje positivo hacia nuestras comunidades.

 

Sin embargo, en las horas posteriores empezaron a aparecer algunas acciones positivas; por un lado, una amplia reacción en redes sociales donde el agro ya no está ausente, la oportuna aparición de referentes técnicos y de la comunicación del agro en los medios masivos y un manejo profesional de crisis de parte de la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid) que no dejó pasar el fin de semana largo sin acceder a lo más alto de la usina de temor instalada en el propio gobierno mediante una audiencia con el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

 

Convergiendo en este episodio, todas las variables que afectan los procesos comunicativos del agro se hicieron presentes por la cada vez más sensible interacción entre producción y medio ambiente. Quedaron sobre la mesa el estado de la ciencia y la tecnología, aisladas de la falta de información de las comunidades, y el oportunismo de la dirigencia política. También, los costos que se pagan por quedar expuestos, sin que haya mecanismos comunicativos de mitigación.

 

El saldo es interesante. Estas crisis, que pueden acelerar los procesos de mejora y profesionalización, permiten demostrarnos que somos capaces de reaccionar con acciones positivas. Y refuerzan la necesidad de dejar definitivamente instalada la temática de la comunicación del agro como una tecnología de la misma entidad e importancia que otras que la agricultura argentina ha sabido incorporar.

 

Al fin y al cabo si fuimos capaces de cambiar un paradigma de 10.000 años como fue dejar de labrar la tierra, sin duda podemos ser muy buenos comunicando. Es sólo una cuestión de actitud.

 

El autor es ingeniero agrónomo y consultor del Observatoriode Comunicación de Agronegocios

Fuente: Víctor Piñeyro LA NACION

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