7 de septiembre de 2015 11:48 AM
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Carne de conejo, olvidada por los mexicanos, pero de excelente calidad

La carne de conejo ha formado parte de la dieta de los mexicanos desde los tiempos prehispánicos, pero es hasta hoy cuando han empezado a gestarse las bases para formalizar una industria y se generalice el consumo de esta alimento, bajo en grasas y de fácil digestión.   Y es que, en el continente europeo, […]

La carne de conejo ha formado parte de la dieta de los mexicanos desde los tiempos prehispánicos, pero es hasta hoy cuando han empezado a gestarse las bases para formalizar una industria y se generalice el consumo de esta alimento, bajo en grasas y de fácil digestión.

 

Y es que, en el continente europeo, el conejo representa una de las principales actividades de producción de cárnicos, ya que es una importante fuente de alimento para la población, debido a que existe un conocimiento generalizado de su excelente calidad.

 

Países como Malta consumen alrededor de nueve kilogramos por persona al año, seguido por Italia y Francia, que son naciones con un alto promedio de consumo anual.

 

De acuerdo con el plan rector del Comité Sistema Producto Cunícola para el Distrito Federal, mientras la demanda potencial de México es de 14 mil toneladas de carne de conejo por año, sólo se producen unas cuatro mil toneladas.

 

Si bien la ingesta de este producto en México se remonta a una tradición milenaria en la que un conejo se intercambiaba por ocho semillas de cacao, la cunicultura todavía no ha establecido las bases que le garanticen su crecimiento y desarrollo.

 

La principal batalla de la carne de conejo es buscar la aceptación de las personas, al presentarla como una alternativa alimenticia de primera necesidad.

 

En 1973 el gobierno federal inició un programa de fomento a la producción de conejo con gran auge y la actividad se desarrolló principalmente en sistemas de traspatio, siendo la producción para autoconsumo.

 

A finales de 1988 se declaró una epizootia en conejos denominada “enfermedad X”, por lo que se realizó una campaña con base en cuarentenas, inspección, sacrificio, desinfección y sobre vigilancia.

 

Luego del paso de la Enfermedad Viral Hemorrágica (VHD), el país se sumergió en un letargo productivo y en un rechazo social de la carne de conejo.

 

En la actualidad, 80 por ciento de quienes producen este tipo de carne son granjas de traspatio o familiares, mientras que 15 por ciento son granjas tecnificadas que cuentan con un mínimo de 50 hembras con un manejo productivo y sanitario controlado, y sólo 5.0 por ciento se producen en granjas tecnificadas e incluso automatizadas.

 

En el Distrito Federal, la Secretaría de Agricultura, Ganadería Recursos Naturales, Pesca y Alimentación (Sagarpa) elabora un proyecto para hacer que esta actividad se convierta en una industria sustentable.

 

La coordinadora del Programa Nacional para el control de la abeja africana en el Distrito Federal de la subdelegación agropecuaria de la Sagarpa en el Distrito Federal, Martha Adriana Peña Véliz, señala que ya se organiza a los productores para capacitación y abaratamiento de costos.

 

 

Alimentación de los conejos, la mayor inversión

En la actualidad 80 por ciento de la inversión en las granjas cunícolas se destina al alimento de los conejos, cantidad que se pretende disminuir en alrededor de 30 por ciento con la elaboración industrial de alimentos.

 

La productora cunícola en Tlalpan, María Minerva Sánchez, asegura que “la mayor inversión es la alimentación”, lo que constantemente se incrementa, sin contar con los gastos iniciales de construcción de granjas y adquisición de jaulas para la conservación y reproducción del conejo, cuyo costo oscila en alreddor de 20 mil pesos en promedio.

 

Al bajar el costo del alimento, que se prevé se produzca de manera industrial, habrá un impacto positivo para el productor en sus utilidades, lo que a su vez apoyará el fomento de esta actividad.

 

En la actualidad, la Sagarpa en el Distrito Federal trabaja con alrededor de 70 productores de las delegaciones Tláhuac, Xochimilco, Tlalpan y Milpa Alta.

 

Para las granjas que ya cuentan con una mayor cantidad de producción se busca que entren en un esquema de trazabilidad e inocuidad para así ofrecer productos de alta calidad “y que el consumidor tenga la certeza de que está comiendo algo sano”.

 

La productora cunícola y médico veterinario zootecnista, Nonantzin Pacheco Silva, de San Mateo Tláhuac, asegura que el mayor riesgo de “este negocio” son las enfermedades, comúnmente diarréicas y respiratorias.

 

Por ello, dijo, en la entrada de cada granja cunícola los productores ponen un tapete de inocuidad, el cual está hecho con yodo, para evitar la entrada de bacterias.

 

Nonantzin tiene una granja con 68 conejos en producción y también cría otros para ofrecerlos como mascotas, como el belier y el cabeza de león, y aunque asegura que para ambos propósitos se tienen “buenas” ventas, el negocio real está en la engorda y comercialización de carne.

 

La “Tochtlitzin”, granja familiar de Nonantzin, tiene entre sus objetivos el incremento de la comercialización de carne de conejo.

 

Y es que, si bien cada hembra puede tener de siete a ocho partos al año, cada uno con ocho gazapos (crías) en promedio, sólo alcanza para sostener un local en el mercado y algunos restaurantes gourmet en donde se ofrece la carne de conejo.

 

Ante los requerimentos de volumen de las grandes cadenas comerciales para adquirir productos, la empresaria decidió formar con un grupo de cinco cunicultoras la asociación Cunicultores Unidos La Victoria.

 

La empresaria resalta que la carne de conejo es magra, baja en grasas y de fácil digestión; su contenido lipídico es equilibrado y está dentro de las recomendaciones de los expertos en nutrición; con bajo contenido en colesterol.

 

Además, explica, tiene importantes minerales como el hierro, el zinc y el magnesio, así como un alto contenido en vitaminas del grupo B, tales como la cianocobalamina (B12), la niacina (B3) y la piridoxina (B6), mientras que sus proteínas, de alto valor biológico, son necesarias en todos los periodos de la vida.

 

“Es una carne con bajo contenido en sodio, cuya preparación suele incorporar hierbas aromáticas, por lo que no necesitan mucha sal; también es baja en calorías con alrededor de 133 kcal por cada 100 gramos y es un alimento versátil, ya que admite una amplia variedad de formas de preparación”, anotó.

 

Si bien la carne de conejo en México es poco comercializada, la facilitadora del Comité Sistema Producto Cunícola del Distrito Federal, Guadalupe Velasco, destaca la puesta en marcha de un programa que integra de 25 a 30 granjas para convertirlas en el primer eslabón de una industria.

 

“Estamos haciendo los trabajos para pasarla de empresa familiar a industrial”, aunque el trabajo está iniciando ya se elabora un diagnóstico de las granjas para así conocer el número de unidades de producción y detectar las necesidades de las mismas.

 

Para ello, dijo “aún no tenemos un monto de recursos porque es diferente en cada granja. Hay algunas que no pueden ya crecer mucho y es suficiente con una inversión de unos 250 mil pesos, pero hay otras que pueden crecer más y necesitan de millones de pesos”.

 

Agregó que aún cuando no existan cifras específicas, se estima que en el Distrito Federal existen alrededor de 100 unidades de producción, aunque ya se pronostica el crecimiento de este padrón, lo que generará la detección de las necesidades que hagan de estas pequeñas empresas una industria nacional.

 

En China, aunque el consumo de este tipo de carne es bajo, debido a que el interés está en el pelo del conejo de Angora, en 2010 el país produjo 669 mil toneladas métricas de carne de este animal, mientras que México sólo cuatro mil 500.

 

Así, el país asiático es el principal exportador de carne de conejo con casi 55 mil toneladas al año, en tanto que México se sitúa en el trigésimo cuarto lugar con 0.05 mil toneladas anuales.

Fuente: Notimex

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