10 de septiembre de 2015 21:26 PM
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Un impulsor de la nueva ganadería

Tras innovar en sus propios campos y propiciar avances en las zonas extrapampeanas donde están emplazados, dio el primer paso para lograr la unidad de la cadena cárnica argentina y consensuar un plan para repotenciar el sector. La visión de David Lacroze, un protagonista del cambio.

En momentos en que la unidad es un bien escaso, la cadena de la carne consensuó una propuesta de desarrollo sectorial que recientemente fue presentada a los partidos políticos y al conjunto de la sociedad. David Lacroze, un destacado empresario agropecuario, fue el impulsor de que más de veinte entidades del agro se sentaran a la misma mesa para dialogar y lograr el histórico acuerdo.

 

“La fragmentación, el desencuentro y la confrontación son problemas muy viejos de la sociedad argentina. Ya en 1817, apenas instalados los primeros saladeros, la tonificación de los precios que provocó el nuevo mercado de exportación, resintió el abasto a Buenos Aires. Entonces, los saladeros aliados con los ganaderos se enfrentaron con los matarifes y abastecedores, y en medio de una gran agitación popular el Gobierno cerró las industrias. Por supuesto, la intervención fracasó y los precios internos de la carne no bajaron”, recordó Lacroze. En este contexto,  planteó que “doscientos años después, seguimos preguntándonos si debemos producir para el consumo o la exportación. No hemos superado el problema de la escasez”.

 

Para el empresario, un tema que afectó el desarrollo de la ganadería es la volatilidad de las políticas públicas. “El ciclo ganadero dura por lo menos tres años y a la hora de adoptar tecnología, los riesgos son mucho mayores que en la agricultura, que es de ciclo corto. Por eso, mientras el índice de extracción de nuestro rodeo está muy lejos de los competidores más importantes, la producción de granos se encuentra en la frontera del conocimiento a nivel mundial”, aseguró. Y preguntó: “¿realmente somos mejores agricultores que ganaderos?”.

 

 

Un adelantado

Lacroze está al frente de las firmas La Magdalena SA y Zed SA, con campos en Salta y  Corrientes y un feedlot en Venado Tuerto, que marcan tendencias en la ganadería extrapampeana por sus adelantos basados en la integración con la agricultura.

 

“Hace tres años, tanto en el NEA como en el NOA, incorporamos corrales de recría para las terneras, de modo de llegar con 320 kilos a los 15 meses y poder anticipar el servicio. Nos cuesta mucho y, por ahora, son poquitos los ganaderos de las zonas que nos siguen. También hacemos macho entero joven (MEJ), otro producto de la intensificación con granos, que nos está dando satisfacciones”, reveló.

 

En ese sentido, esta categoría permite mejorar la eficiencia de conversión en un 12/15%, con lo que aumenta la ganancia diaria de peso y los animales se terminan precozmente sin  pasarse de gordura. “Es una oportunidad para producir carne en menos tiempo. Vendemos a varios frigoríficos tanto para exportación como para consumo y nos pagan lo mismo que el novillo”, aseguró.

 

La cría del MEJ se realiza en los campos del norte y tras el destete se llevan a Venado Tuerto, para recriarlos y engordarlos a corral, evitando dificultades en el manejo. Otra cuestión que hace a este esquema de trabajo es que la hacienda terminada, sea entera o castrada, vale más en la zona pampeana.

 

“Para hacer MEJ, no castramos la cabeza de la parición, que nace en julio/agosto, de modo de aprovechar su mayor peso al destete. Así, ya en marzo/abril bajan a los corrales. Sí castramos los que nacen de mediados de agosto en adelante, porque si hubiera que recriarlos enteros a campo, hasta noviembre, llegarían al año de vida, que es cuando empiezan los problemas de comportamiento”, explicó el ganadero.

 

En ese sentido, actualmente, el servicio se realiza de octubre a diciembre y el objetivo es achicar ese período a dos meses para lograr una mayor cabeza de parición y producir más MEJ. “La diferencia entre que las vacas paran en un mes y que lo hagan al mes siguiente es de 15 kilos de ternero, o sea que en un servicio que se atrasa por alguna razón y las vacas quedan preñadas en diciembre, se pierden 30 kilos, que multiplicados por 1.000 o 2.000 terneros, según la empresa, es muchísimo dinero, y en el MEJ además define la oportunidad de hacerlo”, subrayó.

 

 

En perspectiva

Lacroze piensa que el gran desafío de los ganaderos argentinos es integrar la agricultura a los diferentes planteos y zonas productivas para llevar el índice de extracción al nivel de los países más adelantados como Estados Unidos y Australia. “Ya no se puede seguir con 50/60 kg de carne por ha/año, como se ve en el norte, hay que pensar en producir por lo menos 100 kg. Y la manera más eficaz de hacerlo es intensificar con maíz y otros granos forrajeros”, dijo.

 

Siguiendo con las oportunidades para avanzar en zonas extrapampeanas, señaló que “todavía estamos con el servicio de 24 meses, pero con ello no se logra mejorar la eficiencia del stock. En la provincia de Buenos Aires, las empresas criadoras de avanzada ya están haciendo servicios de 14/15 meses, una técnica que podemos llevar al norte en la medida en que fortalezcamos la alimentación de las vaquillonas”.

 

Según el empresario, un verdadero reto para todo el sector es producir hacienda pesada como ocurre en todos los países ganaderos del mundo. “Hacemos la mayor parte liviano porque el pesado tiene descuentos en el precio. Es un disparate que el ternero gordo de 350 kg se pague más por kilo que el novillo de 450 kg, cuando debería ser al revés. Pero esto no sólo obedece a la distorsión del mercado, causada por años de regulaciones oficiales, hay también un problema cultural”, subrayó.

 

En tal sentido, señaló que “los argentinos tenemos un bajo ingreso per cápita, de U$S 15 mil por año, y queremos comer carne de novillitos de 350 kg. En los Estados Unidos, con un ingreso de U$S 50 mil, el mercado interno se abastece con novillos de 600 kg. Hay algo que está mal en nuestras costumbres”, advirtió.  Y prosiguió: “antes, cuando no había túneles de frío los animales livianos brindaban cortes más tiernos. Sin embargo, ahora, con la maduración, podrían ser exactamente iguales. Pero nosotros nos hemos quedado con este hábito, que significa un alto costo para toda la cadena cárnica”.

 

Cerrando estos conceptos, Lacroze subrayó que “en definitiva, nuestros problemas son graves porque son viejos”, y parafraseando una idea del filósofo José Ortega y Gasset dijo: “progresar significa superar los errores del pasado, cambiar y poder enfrentar nuevos dilemas. Para la sociedad argentina, no sólo la carne está en juego”.

Por Liliana Rosenstein

Fuente: Valor Carne

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