12 de septiembre de 2015 10:05 AM
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Uruguay, una isla cara

Uruguay es un país que necesita exportar para crecer. Para exportar es imprescindible avanzar sobre dos piernas: la productividad y los costos; esto nos configura la competitividad frente a terceros. En la última década hemos retrocedido en esos dos indicadores claves: la productividad del trabajo se ha deteriorado mucho y para colmo de males los […]

Uruguay es un país que necesita exportar para crecer. Para exportar es imprescindible avanzar sobre dos piernas: la productividad y los costos; esto nos configura la competitividad frente a terceros. En la última década hemos retrocedido en esos dos indicadores claves: la productividad del trabajo se ha deteriorado mucho y para colmo de males los costos han subido.

 

En un entorno de precios altos donde todos venden todo rápido, no se notó ese cambio tan negativo; se podía haber ganado más, vendido más, contratado más gente, invertido más, pero el nivel igual estaba bueno así que no importó.

 

Para darse cuenta de hasta dónde la caída de la productividad y la permanente suba de costos nos lastimó, basta pensar que en el mejor ejercicio de crecimiento del PIB de Uruguay (7,5%), Paraguay creció el doble (15%). Muchos se felicitaron por haber crecido al 7,5% y en realidad había que haberse preguntado porque no crecimos al 15%.

 

Tristemente hay que reconocer que hemos creado una isla cara en un océano barato, como ya nos pasó (con penosas consecuencias) en 1982 y en 2002. Brasil produce y exporta lo mismo que nosotros, pero basta cruzar la frontera y mirar los costos y las productividades para quedar pálido de espanto. Y para peor hemos creado carestía tanto a nivel público como privado. No sólo se trata del gasoil que vale el doble que en Brasil –y eso es resorte puramente estatal– sino que los precios de los agroinsumos son por lo menos 30% más caros.

 

Con libre tránsito de mercaderías, deberíamos tener los mismos precios de Brasil para un producto sanitario o agroquímico. Con los sistemas de registros y habilitaciones a nivel local en vez de regional, en este mercado las mismas drogas valen mucho más que del otro lado de la frontera. ¿Y eso a cambio de qué? De nada, sólo recarga de costos para quien debe producir y competir contra los mejores del mundo.

 

Del “gasoil productivo” prometido (que al llegar el Frente Amplio al poder valía la mitad que la nafta) pasamos al gasoil más caro de la región, al mismo precio que la nafta. Puro espíritu recaudador y todavía, a la pasada, dejando fundir a ANCAP.

 

Los que han estudiado en economía la materia Tributaria saben que es bueno recaudar con impuestos sobre bienes de demanda inelástica porque se cobra con mínimos cambios en la asignación de recursos. La demanda de combustible es inelástica y por eso en muchos países lleva pesadas cargas tributarias como aquí. Pero eso no quiere decir que esté bien encarecer el gasoil productivo a cualquier nivel, porque así se afecta toda la competitividad del país y eso es negativo para todos.

 

En muchos países se usa un gasoil productivo de verdad, con mínima carga tributaria, de un color diferente (y con productos que marcan si un tanque de combustible recibió el gasoil barato) al gasoil de uso familiar que ese sí, cuesta como la nafta.

 

Pero el pecado original es muy claro dónde está: el gobierno gastó de más (más de un 100% de aumento en el último quinquenio, muy por encima del crecimiento del producto más la inflación); esos niveles de aumento generaron presiones inflacionarias que llevaron a que el gobierno jamás embocara la inflación en su propio rango meta; y para contener lo incontenible, se aplicó una política monetaria que contrajo el valor del dólar mientras la política fiscal y laboral iban por caminos opuestos.

 

Ahora hay que llamar a las cosas por su nombre: con precios de exportación reducidos, hay que ganar rápido competitividad por el único camino posible hoy día, o sea, devaluando fuerte como hace Brasil.

 

Si de nuevo tratamos de frenar al dólar para atajar la inflación que fogoneamos con exceso de gasto, esta vez no vamos a pagar la cuenta con menor crecimiento y menor inversión como pasó antes, sino con desempleo y caída de las exportaciones, lo que luego trae caída de recaudación fiscal, endeudamiento y crisis económica como ya conocemos muy bien.

 

Y junto con la devaluación imprescindible hay que retomar la disciplina laboral: hay que trabajar mucho y producir mucho y bien a todos los niveles, no hay atajos ni avivadas que se puedan usar y sirvan de algo. Para tener sueldos altos tiene que existir inversión alta y para que exista inversión alta hay que ser serio y profesional en la política macroeconómica y respetuoso con el capital y la empresa a nivel sindical.

 

Si eso no se cumple, todos pueden gritar mucho pero los resultados positivos van a faltar en forma silenciosa pero segura.

Fuente: Observa

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