12 de septiembre de 2015 01:26 AM
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Horticultura, una experiencia valiosa

Un problema reiterado en la horticultura -lo mismo ocurre con las frutas y la uva- es la inexistencia o insuficiencia de vínculos contractuales que liguen a los distintos componentes de la cadena de valor.

Se realizan determinados cultivos sin información suficiente para saber si esa oferta tendrá demanda o a qué precio se podrá colocar la producción. Lo que está ocurriendo este año en el caso de la vitivinicultura exime de mayor comentario
Es habitual informarnos que ciertos productos hortícolas no “valen nada” en la chacra, mientras el producto en la góndola del

 

supermercado, o en la verdulería del barrio, tiene alto precio. En todos los casos se encuentra el mismo problema, la desconexión entre los distintos actores del proceso económico, la falta de información o de interés por informarse, la existencia de información asimétrica. Esto ocurre cuando una de las partes tiene la información necesaria para operar en el mercado y la otra no la tiene.

 

Antes estas situaciones son frecuentes las acusaciones entre los componentes de la cadena de valor, entrar en una “puja distributiva”, hoy exacerbada por las acciones desde el gobierno.

 

También es frecuente el reclamo de que el Estado intervenga a favor del presunto más débil, el reclamo de “planificaciones”, donde algún iluminado funcionario determine qué y cuánto producir. No hace falta recordar que estas intervenciones y planificaciones terminan agravando los problemas, y aumentando la burocracia. Lo que rara vez se encuentra es voluntad de las partes de una cadena de valor de asociarse, de unirse en forma estable.

 

Sin embargo, hay también ejemplos positivos como el recogido en nuestro suplemento Fincas del 15 de agosto, en una entrevista al empresario Mariano Santoni, proveedor de insumos para el agro. Un caso donde los distintos participantes de una cadena se han unido por relaciones y contratos estables, donde cada uno aporta lo suyo, reduciendo o eliminando la imprevisibilidad del proceso económico.

 

Este ejemplo de asociativismo, tiene la finalidad de producir e industrializar hortalizas de invierno, espinaca, brócoli y acelga. Los integrantes de esta mesa son un una veintena de productores medianos y pequeños de Maipú, Lavalle y el Valle de Uco; la empresa Agro Global (Santoni) de Lavalle; la empresa europea productora de semillas Rijk Zwan; y una empresa elaboradora de producto congelados, de la provincia de Buenos Aires.

 

Esta asociación es coordinada por Agro Global quien es responsable del proceso de transferencia de tecnología al productor, asesoramiento y seguimiento semanal del cultivo, incluido planes de fertilización y los sanitarios, para lograr buenos rendimientos con los estándares de calidad que requiere la industria.

 

El núcleo de la asociación es que el productor firma un contrato con la empresa de congelados, donde fija el precio y el compromiso de compra, al momento sembrar sabe cuánto cobrará.

 

Resultan llamativos los datos que revelan los beneficios de este acuerdo. Habiendo comenzado el proyecto hace cuatro años con la producción de media hectárea de espinaca, hoy cultivan 100 hectáreas, otras 40 de brócoli y 25 de acelga. Igualmente notables son los rendimientos que están obteniendo, 22 toneladas y más de espinaca, producto en que realizan dos cortes, resultado de la tecnología aplicada.

 

Se destaca que en este cultivo el ciclo es de sólo 90 días, al cabo de los cuales el productor cobra y puede disponer de la tierra para algún cultivo de verano.

 

No deja de llamar la atención que a la Jornada Técnica realizada en Lavalle haya asistido para disertar un especialista de la empresa semillera, quien dio un panorama del escenario comercial global de los productos hortícolas y los congelados en particular.

 

En resumen, una iniciativa y experiencia elogiables, que muestra las posibilidades reales de mejora y crecimiento en el agro.

Fuente: www.losandes.com.ar

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