15 de septiembre de 2015 14:49 PM
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El río Salado y la función de los canales clandestinos

En épocas de grandes inundaciones surgen una variedad de explicaciones para indicar “la” causa. Dependiendo del punto de vista, y de los propios intereses particulares, la causa es la falta de obras de los gobiernos de turno, o la construcción de barrios privados en el valle de inundación, o los canales clandestinos construidos por los […]

En épocas de grandes inundaciones surgen una variedad de explicaciones para indicar “la” causa. Dependiendo del punto de vista, y de los propios intereses particulares, la causa es la falta de obras de los gobiernos de turno, o la construcción de barrios privados en el valle de inundación, o los canales clandestinos construidos por los productores agropecuarios, y ahora, por fin, el Cambio Climático y su hijo pródigo, “El Niño”.

 

Digamos, como reflexión general, que todas las nombradas son, efectivamente, causas potenciales de inundación. Determinar con relativa precisión cuánto de cada una de esas causas es responsable de lo que ocurre en cada cuenca requiere apelar a técnicas de estudio relativamente sofisticadas. En este artículo quiero concentrarme en un aspecto particular, muy vilipendiado y posiblemente poco entendido: los ahora famosos (y “malditos”) canales clandestinos, ligados a la problemática rural. La extrema horizontalidad de nuestra región pampeana hace que el flujo de agua superficial hacia el océano sea relativamente lento. Entonces, luego de precipitaciones extraordinarias las aguas se almacenan en los “bajos” y no logran drenar superficialmente hacia el curso del río, aun cuando éste se encuentre relativamente cerca. En consecuencia, los canales son una necesidad si el objetivo es drenar esas zonas rurales en tiempos razonables.

 


De hecho, el Plan Maestro de la Cuenca Salado, en cuya segunda versión (2006) me tocó participar dirigiendo el grupo de modelación numérica (contrato de la UTN con la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación, supervisado por la Dirección Provincial de Saneamiento y Obra Hidráulica), consiste en canalizar el río Salado (los conocidos “dragados”, aún inconclusos), que es el canal central, para luego construir canales secundarios que desembocan en él, los cuales a su vez recibirían a canales terciarios. En esencia, lo que muestra el estudio es que, tomada la decisión de drenar una determinada área, su implementación requiere la construcción de canales. Eso no significa que estos deben drenar de forma descontrolada; por el contrario, es necesario dotarlos de estructuras de control (compuertas) para que se efectúe retención o descarga, dependiendo de las condiciones del cuerpo de agua receptor.

 


Entonces, el problema no son los canales, que en rigor son parte de la solución, sino en todo caso los canales clandestinos, es decir, aquellos que han sido construidos sin recibir previamente la autorización de la autoridad. Este es, en esencia, un tema legal. Aunque debería tenerse en cuenta que algunos de esos canales clandestinos son construidos por productores desesperados, que tratan de evitar desastres mayores en su propiedad (claro que con esto transfieren el problema a los vecinos). Para acotar estas transgresiones ayudaría fortalecer nuestras débiles instituciones de control, de modo de poder atender en tiempo y forma los reclamos, y luego controlando efectivamente el cumplimiento de sus decisiones.


Angel N. Menéndez
Doctor en Ingeniería Hidráulica. Jefe de Programa del Inst. Nac. del Agua. Profesor Facultad de Ingeniería de la UBA

Fuente: Clarin

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