17 de septiembre de 2015 01:12 AM
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El caso “Cresta Roja”: cómo una industria tomada como ejemplo por Cristina ahora es víctima del modelo

Durante años, el sector avícola fue señalado por el Gobierno como un caso a imitar. Mientras crecían las ventas al mundo, el consumo de pollo se disparaba en el mercado doméstico. Sin embargo, fueron quedando a la vista las grietas de una rama de actividad que hoy atraviesa una profunda crisis.

Corría el año 2012 cuando Cristina Kirchner, en el fragor de sus discursos, no escatimó elogios para referirse a uno de los sectores que siempre había marchado a la sombra de la carne vacuna, el alimento predilecto de los argentinos.

 

“Ahí están las patitas de pollo que me enloquecen, que me encantan. Las hamburguesas de pollo. El pollo trozado, todo para exportación”, se la oyó decir durante la inauguración de una planta faenadora perteneciente a la cadena de supermercados Coto, en mayo de ese año.

 

Poco más de tres meses después, volvía a la carga: “Pensar que en un momento los productores tiraban los pollos a la Casa Rosada y ahora están en las góndolas. Los compran los argentinos porque tienen plata para comer o bien los exportamos“.

 

A tres años de aquellas declaraciones, del panorama que describía la propia Presidenta, con una industria avícola pujante y ganando mercados en el mundo, actualmente queda poco y nada. 

 

En momentos en el que las economías regionales vienen padeciendo un contexto adverso, marcado a fuego por el atraso cambiario, la suba de los costos laborales, la creciente presión impositiva y la caída de los precios de los alimentos a nivel global, el sector avícola no pudo escapar de la tendencia.

 

Por el contrario, esta industria estratégica en la generación de proteínas de origen animal, está engrosando la lista de ramas de actividad más castigadas de la Argentina, entre las cuales figuran la producción de lácteos, frutas, aceite de oliva, miel, tabaco, ajo, cebolla y hasta arroz, entre muchas otras.

 

 

El caso Cresta Roja, la punta del iceberg
Las idas y vueltas que en las últimas semanas protagonizaron propietarios y empleados de la avícola Cresta Roja, debe leerse como la consecuencia de un sector que no puede sobreponerse a la crisis que afecta a las economías regionales. 

 

Esta marca, tan conocida por los consumidores argentinos, es propiedad de la empresa Rasic, que actualmente ocupa el segundo lugar en la producción de pollos del país, con un 15% de share, por detrás de Granja Tres Arroyos, responsable de manejar el 21% del mercado.

 

La crisis se desató cuando se conoció que la compañía había despedido a unos 700 empleados, lo que derivó en una medida de fuerza que paralizó la producción.

 

A la hora de indagar en las causas que estuvieron a punto de llevar a que esta empresa emblemática de la industria avícola cerrara sus puertas, Silvio Etchehum, secretario general del Sindicato de los Trabajadores de la Industria de la Carne y sus Derivados (SICGBA) aseguró que “el problema comenzó a gestarse en 2012, cuando el Gobierno tomó la decisión de quitar los subsidios directos e indirectos a la actividad”.

 

Esta reducción de fondos, que en su momento era utilizada por las compañías para cubrir el grueso de los costos operativos, no es la única variable que complicó a esta industria.

 

Por el contrario, el declive es consecuencia de un deterioro de las condiciones para operar, ya sea por cuestiones propias del sector como por el contexto general, básicamente a causa de la profundización del atraso del tipo de cambio. 

 

 

Desplome de las exportaciones
El sector está padeciendo una importante contracción de las ventas al exterior. Si bien una parte de la caída obedece a la pérdida de competitividad cambiaria, también es cierto que las menores colocaciones respondieron al declive del plan “Petróleo por alimentos”, que en su momento la Argentina firmó con Venezuela.

 

De acuerdo con los registros oficiales, en los primeros cinco meses de 2015 se exportaron cerca de 37.000 toneladas de carne aviar por un valor total de u$s60 millones, lo que implicó un derrumbe del 53% en volúmenes y de más del 60% en divisas respecto al mismo período del año pasado.

 

Esto estuvo explicado principalmente por el menor dinamismo del país de Nicolás Maduro que, de ser el destino del 70% de los envíos del sector a lo largo de 2014, pasó en la actualidad a representar apenas el 15% del total. 

 

El agravante fue que, tras el desplome de ese mercado, las empresas argentinas tuvieron muchas dificultades para abrir nuevos destinos. 

 

Cabe destacar que la mayor parte de las importaciones venezolanas de pollos argentinos son gestionadas por la agencia oficial venezolana Corporación de Abastecimientos y Servicios Agrícolas (CASA), en el marco de acuerdos bilaterales firmados con funcionarios del kirchnerismo.

 

El año pasado, el oficialismo impulsó a las principales compañías avícolas argentinas para que financien las compras de petróleo venezolano con exportaciones de pollos. Esa operatoria todavía es instrumentada a través del “Fidecomiso Néstor Kirchner” del Banco Nación.

 

“Las diez plantas que se integraron a los convenios que hizo Guillermo Moreno con Venezuela tienen problemas y Cresta Roja aparece como la más complicada de ese grupo”, sostuvo Etchehum.

 

“Antes había subsidios al alimento para engorde, al transporte, a la crianza de los pollos en general. Y también había reglas preferenciales para exportar a Venezuela. Pero cuando empezaron a caer los acuerdos de compra y se terminaron los contratos por la crisis económica que vive ese país, todo derivó en un desfasaje que es lo que hoy complica fuertemente a la actividad“, explicó.

 

 

El “lado b” del récord de consumo
Apremiadas por el recorte de la demanda externa, en el último año las avícolas intentaron amortiguar la menor venta reorientando la oferta hacia el mercado interno. De ahí el récord en el consumo de carne de pollo al que suele hacer referencia el Ejecutivo.

 

El último dato dado a conocer por el Ministerio de Agricultura destaca que en abril, el consumo de carne aviar alcanzó una marca histórica de 45,2 kilogramos por persona en promedio, apenas 20% por debajo de la demanda de cortes vacunos. 

 

El “lado B” de este boom es que fue el derrumbe de las exportaciones lo que obligó a las empresas a canalizar su producción en el mercado local, lo que provocó un exceso de oferta. 

 

Así, diversas fuentes consultadas por iProfesional confirman que un gran porcentaje de granjas y de productores está trabajando a pérdida, dado que el precio doméstico –en una plaza sobreofertada- no alcanza para compensar la presión inflacionaria que padecen las empresas.

 

“La suba de costos es muy preocupante, especialmente tras las últimas actualizaciones salariales. Tuvo que saltar la crisis en Cresta Roja para que finalmente el tema salga a la luz con toda la fuerza”, aseguró a este medio una fuente empresaria que pidió estricto off the record.

 

 

El “dólar alto” no ayuda
El hecho de que las compañías del sector apunten sus cañones al mercado doméstico tras el derrumbe de la demanda venezolana, exhibe las limitaciones que están teniendo para sustentar una sólida estrategia exportadora. 

 

¿La razón? El atraso cambiario, producto de un dólar oficial que se mueve de a cuentagotas frente a costos que se vienen disparando un 30% promedio en los últimos años.

 

Desde Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) uno de sus referentes, Néstor Roulet, destacó que “al sector avícola le pasa lo mismo que a todos los emprendimientos relacionados con el campo y las economías regionales. El costo de producción en Argentina se ha incrementado de manera exponencial“.

 

Según Roulet, “esto provoca que no seamos competitivos a nivel internacional. Entonces hay sobreoferta en el mercado interno y el precio es bajo”.

 

“El Gobierno nacional nos llevó a esta crisis y debe tomar cartas en el asunto de forma urgente. Necesitamos un dólar mucho más competitivo“, continuó.

 

Un relevamiento de Fundación Mediterránea demostró que, de un listado de veinte productos relevantes para las economías regionales, “en todos los casos, la rentabilidad para las operaciones de exportación ha empeorado respecto de diciembre de 2013, es decir, el mes previo a la devaluación de enero de 2014, cuando ya se habían hecho visibles los problemas de competitividad”.

 

Cabe recordar que una de las principales patas sobre las que se basó el modelo exportador iniciado en 2003 –y que se extendiera hasta fines de 2007-, fue la del “dólar alto”, que dotó a las economías regionales de una gran ventaja cambiaria para dar pelea por un lugar en las góndolas del mundo. 

 

Sin embargo, la decisión de hacer correr al billete verde por debajo de la suba de costos, terminó destruyendo ese pilar de los sectores exportadores.

 

 

Así, según estimaciones de Economía & Regiones, este año el tipo de cambio real contra el dólar –considerando inflación- se encamina a ser un 6% más elevado que el de antes de la salida de la convertibilidad.

 

De este modo, desde la consultora alertaron que al tipo de cambio oficial actual, “grandes sectores empresarios hoy no pueden producir ni tampoco exportar”.

 

 

Margen nulo
A mediados de 2014 distintas organizaciones salieron a exponer cómo el atraso cambiario y la consecuente caída de las exportaciones atentaban contra el funcionamiento de las principales empresas del sector avícola. 

 

Incluso, el titular de la Confederación de Asociaciones Rurales (CARBAP), Horacio Salaverri, ya venía alertando que “esta rama de actividad no es competitiva, no es rentable, aun con la devaluación de inicios de 2014. Se han achicado mucho los márgenes de ganancia”.

 

A un año de aquella voz de alerta, la situación no hizo más que agravarse.

 

Si bien Cresta Roja volvió a abrir sus puertas y los despidos quedaron sin efecto, el conflicto sólo pudo destrabarse luego de que el gobierno bonaerense se comprometiera a subsidiar la alimentación de los animales a razón de $3,5 millones diarios.

 

En definitiva, esta rama de actividad, que fuera mencionada como un caso de éxito por la propia administración kirchnerista hoy puede funcionar gracias a la ayuda oficial. 

 

La única luz al final del tunel que aparece para este sector es que Estados Unidos, el segundo mayor proveedor de carne de pollo a nivel global, está sufriendo una grave epidemia aviar, que ya obligó a ese país a sacrificar 44 millones de aves en apenas siete meses.

 

Ante este panorama, desde el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), su titular, Roberto Domenech, estimó que “se va a dar una reactivación de las exportaciones argentinas“.

 

Esta tendencia, a su vez, permitirá que el mercado interno deje de estar sobreofertado y esto servirá para lograr una recuperación de los precios.

 

Así las cosas, la crisis que está viviendo Estados Unidos se puede convertir en la tabla de salvación de un sector que en los últimos años dependió de la ayuda oficial para poder subsistir.

Fuente: iProfesional

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