17 de septiembre de 2015 14:50 PM
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Un 90% de los campos descansa en invierno

Investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA dicen que la Argentina podría hacer "doble cultivo" en tierras agrícolas que no se usan en los meses fríos del año.

Es muy frecuente escuchar que la Argentina podría incrementar significativamente su producción de granos en los próximos años, mediante la incorporación de tecnología que incremente los rendimientos de los cultivos en la misma cantidad de superficie sembrada. ¿Pero es esa la única manera de crecer? Investigadores de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) abren el abanico de posibilidades al advertir que hay muchos campos que quedan “ociosos” durante el invierno, y que podrían ser mejor aprovechados.

Un trabajo de la FAUBA, en rigor, calculó que una proporción muy alta de los suelos agrícolas en la Argentina queda libre de cultivos en algún momento del año. “A partir de imágenes satelitales pudimos determinar que el 89% de las tierras cultivables de Argentina produce cosechas sólo en verano, mientras que la superficie ociosa en invierno es altísima, casi 32 millones de hectáreas”, comentó Gervasio Piñeiro, profesor adjunto de la cátedra de Ecología de la Facultad porteña. Allí, en los meses de latencia, quedan sobre el suelo solamente los restos del cultivo anterior. Es lo que se llama “barbecho”.

 

 

¿Por qué un productor dejaría sin funcionar su fábrica de granos durante una parte del año? Piñeiro explicó que hay varias razones. “Una es económica: si los márgenes son desfavorables, el cultivo no se siembra”, explicó. Un ejemplo es lo que sucede con el trigo, que antes solía rotar con la soja pero dejó de ser una buena opción por los bajos precios y la intervención del gobierno.

 

Otra razón, a juicio del experto, “es atendible, pero menos clara”. No se siembra por temor a que el cultivo de invierno reduzca el agua disponible en el suelo al momento de sembrar el siguiente cultivo, en primavera/verano, explicó el investigador. En los meses de calor es cuando más crece la soja, el cultivo que en la última década ha dejado los mayores ingresos a los productores de la Argentina.

 

En 2012, un equipo de la FAUBA estimó el la viabilidad de realizar cultivos de invierno en la región agrícola central. Los resultados indican que en la mayor parte de la región “sería posible incorporar un segundo cultivo en el año ocupando la superficie que hoy corresponde a barbechos de invierno”.

 

Según Piñeiro, “realizar un cultivo invernal de 3 a 5 meses de duración no alteraría el agua disponible en el suelo a la siembra del cultivo de verano. Por supuesto, esto dependerá de la localización de cada campo en particular dentro del área, de cuánto llueva en invierno, del cultivo posterior y de su fecha de siembra, principalmente”.

 

Según el especialista, ahora “el desafío que nos queda por delante es elegir el cultivo que más servicios ecosistémicos brinde, considerando las necesidades y las limitantes del sitio en donde nos encontremos”. En ese sentido, contó que la FAUBA  viene desarrollando varios trabajos sobre la siembra de “cultivos de servicio”, que son aquellos que se hacen específicamente para producir servicios ecosistémicos. Es decir, no siempre el segundo cultivo puede tener un fin económico. También puede actuar como reparador o mejorador de las condiciones del campo.

 

Piñeiro, que también es investigador del CONICET, sostuvo que “la idea de los cultivos de servicio es que ayuden a manejar y mantener dentro de ciertos límites los niveles de nutrientes, malezas, nitrógeno, agua, compactación, etcétera”.

 

El trébol subterráneo, el lupino y el nabo forrajero son considerados “cultivos de servicio”. Por su capacidad de fijar el nitrógeno de la atmósfera, los dos primeros mejoran el nivel de este nutriente en suelos empobrecidos. Por su lado, el nabo forrajero puede usarse como descompactador de suelos

Fuente: Clarin

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