20 de septiembre de 2015 14:25 PM
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“Estamos en un sistema en el que no ganan los mejores si no los más truchos”

“La soja dejó de ser negocio”, advierte el empresario y propone “el próximo gobierno debería eliminar las retenciones”.
 “La soja dejó de ser negocio. Ya no hay más margen. Si el próximo gobierno no elimina las retenciones a la soja, va a seguir disminuyendo la superficie agrícola”, advierte Gustavo Grobocopatel, el magnate agropecuario que atravesó las fronteras con el mote de “Rey de la soja”. Ingeniero agrónomo y dueño del Grupo Los Grobo, este empresario que mide casi dos metros sostiene que los tres candidatos con chances de ganar las elecciones tienen el mismo diagnóstico y un programa económico muy similar. Advierte que el país camina hacia una transición “dolorosa” y “gane quien gane, va a tener que ir a una especie de pacto social con el que perdió”, dice y admite que –después de 12 años de kirchnerismo- hoy en Argentina nadie quiere ser empresario.
 

Usted dijo que si el próximo gobierno no deja que entren dólares se va a suicidar. ¿Cree entonces que este gobierno se suicidó?

Si. No sé si “suicidó” es la palabra porque sigue vivo. Pero estamos todos tecleando. Está tecleando el gobierno, están tecleando las empresas, llegamos desde mi punto de vista a una situación en la que no deberíamos estar. No era necesario. En general se dice que el mundo está mal y por eso estamos así. Pero yo creo que Argentina debería haber sido ganador de este proceso. Si el sector agropecuario hoy hubiese estado produciendo 130 o 140 millones de toneladas que debería producir, eso generaría entre 10 y 15 mil millones de dólares más de exportaciones por año. Eso debería estar resolviendo el problema del cepo y de las importaciones –que están dañando la industria- y debería estar resolviendo además el problema de las reservas.

 

¿Dice que con más producción y con las retenciones se resolvería el problema de las reservas?

No. Una parte iría a las reservas. Pero acá hemos cometido errores que no nos beneficiaron en nada, como sostener las retenciones del trigo, el maíz y el girasol. Eso no generó un ingreso fiscal relevante y no defendió la mesa de los argentinos porque el pan aumentó y se dañó el sistema productivo, poniendo a los productores al borde del nocaut.

Estamos en una situación que no era necesaria, si el sector hoy estuviera produciendo 140 mil toneladas, no existiría el cepo, habría reservas y dólares para las importaciones de la industria.

Una estimación reciente del sector privado dice que hoy hay 95 mil productores menos que en 2003 (en la década del 90 hubo 100 mil menos). ¿Por qué?

Desde 1940, hay un proceso de concentración de la producción agrícola. No es nuevo, ni tiene que ver con los pooles ni con la soja. Yo creo que es obligación de los gobiernos tratar de que ese proceso sea más suave y permita a los productores reinsertarse. Pero las políticas equivocadas de los gobiernos hacen el proceso cada vez más virulento. Con las retenciones -que son un impuesto al ingreso- el que pierde, pierde más.

 

Entonces piensa que fue el gobierno el que favoreció la concentración.

El problema de la concentración en el campo tiene que ver con una nueva división del trabajo. Cada vez hay menos productores, pero hay más camioneros y más proveedores de servicios. Eso no es malo desde el punto de vista social. Lo que está mal es que se produzca en un sistema en el que no ganan los mejores, sino que ganan los más truchos.

 

Hoy los principales candidatos prometen que van a bajar todas las retenciones, menos las de la soja.

Sí, eso era hasta hace un año. Ahora, como bajó tanto el precio de la soja, yo creo que no va a haber más remedio que bajar sustancialmente las retenciones a la soja. Si el próximo gobierno no las elimina, vamos a seguir reduciendo superficie agrícola. Bajaron dos millones de hectáreas de agricultura este año. Argentina es el único país del mundo que está reduciendo la superficie agrícola en lugar de ampliarla. Ya no hay margen para no tocar la soja. Si no tocás la soja, hay zonas que son inviables, el NEA y el NOA son inviables para producir.

 

 

¿Dice que la soja dejó de ser negocio?

Dejó de ser negocio porque no aguanta la presión impositiva que tiene. Es una presión impositiva que te come el 120 por ciento de tu utilidad. Y eso no es inevitable, es evitable: tenés que sacar las retenciones, como en todo el mundo. Las retenciones son una política pública argentina a favor de un productor norteamericano. El mercado lo aprovechan ellos, la agricultura de Estados Unidos está creciendo y la de Brasil también está creciendo.

 

Están los funcionarios –incluso algunos que se fueron- que afirman que con las retenciones móviles, el campo hubiera ganado.

Las retenciones siempre fueron móviles. Porque siempre las aumentaron.

 

Pero con las retenciones móviles que no se aprobaron y la actual cotización de la soja, hoy la presión impositiva hubiera bajado.

Si, hubiera bajado. Pero igual hubiésemos estado en el recontra-horno. Era un ajuste sobre el precio pero no sobre la calidad ni sobre los costos. Las retenciones son absurdas, es un problema para la patria. Se pueden reemplazar por otro impuesto.

Argentina es el único país del mundo que reduce la superficie agrícola, la soja dejó de ser negocio por la presión impositiva insoportable, que se come el 120 por ciento de la utilidad.

Ampliar la frontera agropecuaria tiene su contracara: expulsa a los pequeños productores y a la agricultura familiar.

Los pequeños productores están incluidos. La mayoría de los que quebraron en los últimos tres años fueron los grandes productores, no los pequeños. Ya prácticamente no hay pooles de siembra: yo estoy sembrando la cantidad de hectáreas que sembraba en 1991. El negocio no da, era obvio que iba a pasar.

 

Usted es un defensor acérrimo del glifosato. Acaban de condenar en Francia a Monsanto por intoxicar a un agricultor francés con un herbicida (Lasso) que tiene monoclorobenceno. ¿Qué responde?

Que gracias al glifosato no se usa Lasso. Todos los años se va poniendo la vara más alta en relación al uso de agroquímicos. Los agroquímicos todos son tóxicos, los remedios para consumo humano también. Sólo que la dosis adecuada producen algún beneficio. Cada vez los productos son menos tóxicos de lo que se usaban antes, hay que seguir por ese camino y hay que exigir cada vez más, más innovación para que los productos sean menos dañinos.

 

 

Ajustarse no es malo

Hace muy poco dijo que hay que pensar cómo armar una transición sin costo social. ¿Cómo?

Es uno de los desafíos del próximo gobierno. No la tengo clara, pero digo que hay que hacer un esfuerzo –todos- para que eso ocurra. Yo creo que va a haber una transición con costos que deberían ser repartidos de una manera equitativa. Tenemos que poner en funcionamiento nuevamente el aparato productivo y el aparato exportador porque necesitamos divisas. Eso hay que ponerlo en marcha con una serie de ajustes macroeconómicos que se vienen dilatando y que hay que hacer.

Vamos a una transición con costos, que deberían ser repartidos. El que gane va a tener que ir a una especia de pacto social con el que perdió.

Dijo que los tres candidatos con chances tienen claro cuál es el problema de la Argentina. ¿En qué se diferencian entonces?

Me parece que los diferencian las coaliciones políticas que cada uno puede hacer en el futuro. Pero creo que gane quien gane, va a tener que ir a una especie de pacto social con el que perdió. Porque si no todas estas medidas de adecuación van a ser más dolorosas. Algunos piensan que los diferencian los mayores o menores condicionamientos que puedan tener, pero yo creo que uno siempre está condicionado en la vida, por los compromisos, por la coalición política, por las condiciones económicas, por todo. Todos están condicionados.

 

En la plataforma no escrita de esos tres candidatos está la devaluación y como mínimo la reducción de subsidios.

Sí. La reducción de subsidios está en la mente de todos, incluida la mente de Cristina. Ella tuvo esa idea y después por algún motivo u otro –justificado o no- no se hizo. Pero es absurdo mantenerlos.

 

 

Después está la discusión sobre el tipo de cambio y la devaluación que piden distintos sectores de la economía.

Sí, hay dos respuestas a eso. La primera es que el tipo de cambio no es la causa de la competitividad, sino que es la consecuencia. Si vos tenés una economía muy competitiva, eso tiende a apreciar el tipo de cambio; si tenés una economía poco competitiva, eso tiende a depreciar el tipo de cambio. Si tenemos operarios que trabajan mejor, si tenemos más tecnología y productividad, si tenemos menos costos de transacción, el tipo de cambio se tiende a apreciar y aumentan el valor del PBI y el del salario.

 

Vuelve a hablarse de “ajuste”, la palabra maldita de la historia argentina que ningún candidato quiere mencionar.

Ajuste es una mala forma de hablar de adaptación a las nuevas realidades. Yo me vivo ajustando permanentemente. Me ajusto para reducirme, me ajusto para agrandarme. Lo que uno no puede es forzar la realidad o vivir una irrealidad. Uno tiene la responsabilidad –en la función pública, yo como empresario- de leer la realidad y adaptarse a los cambios. Algunos lo llaman ajuste. No hay que tenerle miedo a la palabra ajuste. Lo importante son los hechos.

 

 

El futuro de la soja

¿Por qué dice que más que una guerra de monedas hoy se asiste a una histeria del mercado?

China devaluó un 4 y medio por ciento y se habla de una guerra de monedas. Es el 4 y medio en 10 años. Creo que es un ajuste que hay dentro del sistema, no es la caída del sistema. Son acomodamientos, revisiones, no creo que sea un problema terminal ni dramático, como se dice.

 

¿Por qué dice que la soja no sufre de la misma manera que el petróleo la caída de los commodities?

Hay una diferencia muy grande. Cuando se invierte en petróleo, una vez que hace la inversión ya está dada: es abrir o cerrar la canilla. Lo mismo en minería. En agricultura todos los años hay que invertir: el compromiso con la producción se renueva todos los años. Si no se mantiene un precio que incentive la producción, eso no ocurre. Estaba sobreestimada la demanda de los hard commodities. En el tema de alimentos, yo veo que la demanda es mucho más estable.

Brasil tiene un problema estructural, le falta infraestructura y tiene un sistema impositivo alto, parecido a la Argentina, pero allá resolverlo va a llevar 10 años y acá llevaría 10 minutos.

Dice que en el caso de la soja la demanda de China se mantiene. Pero el caso de Brasil es distinto.

En Brasil hay un problema estructural de competitividad. En el caso de agronegocios y en general, tiene un problema de recursos humanos, con lo cuál los salarios son altos en relación a la productividad porque falta gente. Tiene un problema de infraestructura, es un país que tiene que crecer en zonas donde hay que invertir mucho en infraestructura, tiene un sistema impositivo alto y complejo en relación a la calidad del Estado que tiene.

 

Es la misma descripción que la oposición hace de los problemas de Argentina.

Sí, pero en Argentina eso se resuelve más fácil. Resolver eso en Brasil lleva 10 años, acá lleva 10 minutos.

 

Los empresarios dicen que acá es más difícil resolver la cuestión de los salarios y la productividad.

Bueno, pero tenemos un capital humano de mejor calidad, en general. Tendríamos que tener una productividad mejor que Brasil. Nuestro problema es la intervención de un Estado tonto. Si el Estado es inteligente, lo revertís en 10 segundos.

 

¿Es posible exportar carne a China?

Sí, claro. Yo lo que digo es lo siguiente: nosotros somos importantes en el mundo porque tenemos soja. Eso hay que defenderlo, porque si no somos insignificantes. Las veces que he estado con los premieres chinos que venían acá, a mí me atendían bárbaro porque yo soy soja. Y la soja debería ser el Caballo de Troya para abrir el mercado a otros productos. Te vendo soja pero dame una cuota para venderte pollo, cerdo, vacuna, leche, vino, limones. Sería mejor si pudiéramos negociarlo con ellos desde el Mercosur.

 

¿A qué distancia estamos de ese objetivo?

Estamos cerca, porque la soja la necesitan todos los días. Los que son soja-dependientes son los chinos, no nosotros.

 

 

“Hoy nadie quiere ser empresario”

Elogia siempre a las multinacionales argentinas. ¿Qué quiere decir que Adrián Kaufman, de ARCOR, sea el nuevo presidente de la UIA?

Es un funcionario de ARCOR involucrado desde hace mucho tiempo en la UIA. En la globalización, si no tenés compañías multinacionales es más difícil integrarse, vender y comprar. El éxito y el problema está vinculado con los flujos, de compra y de venta. Si tenés multinacionales, después tenés pymes integradas que se integran al mundo. Es como crear una selección de futbol. Si Argentina no logra crear todos los años cuatro o cinco multinacionales, disminuyen sus posibilidades de éxito en la globalización.

 

Claramente no logra eso.

No, no, las destruye. Nosotros destruimos multinacionales. Nosotros las debilitamos, las empresas argentinas son regaladas, hoy nadie quiere empresas de la Argentina. Todo el mundo es caro para nosotros. Estamos en niveles industriales de 1974. Deberíamos tener en el agro, en el software, muchas más de las que tenemos. Quizás el problema de la UIA es que es demasiado amplia.

 

Reconoce que los empresarios están aislados de la sociedad y tienen una mala imagen. ¿Eso se consolidó en estos años o era algo que preexistía?

No, yo creo que estos años hubo un sesgo anti-empresarial en el discurso público y los empresarios no reaccionamos frente a eso. Eso ha sido nocivo porque… nadie quiere ser empresario. Y estamos en el horno, porque si no hay empresarios no hay progreso. Tenemos que luchar para que haya empresarios. El Estado no puede reemplazar a las personas. Así no se hace un país, si no tenemos ese espíritu de levantarte, de correr riesgos, de innovar, de ser creativos, creo que no tenemos destino.

 

¿El kirchnerismo impuso un discurso público o leyó algo que existía previamente a nivel social?

Bueno, vamos a suponer que lo haya leído, que haya sido así. Creo que era el deber de los líderes públicos revertir eso que había en la sociedad. No era un tema de especular sino de redirigir las creencias de la sociedad.

 

Sin embargo, al mismo tiempo admite en sus charlas una mirada crítica sobre el empresariado.

Claro, por supuesto, yo creo que tenemos mucha responsabilidad en lo que pasa y no nos hemos hecho cargo de muchas cosas. Pero al mismo tiempo, somos tomadores de lo que en el ambiente sucede, de los estímulos, de los incentivos. Un empresario que vive dentro de los shocks permanentes trata de maximizar el bien presente, de zafar, de sobrevivir. Hemos hecho empresarios para sobrevivir, innovar para resistir, no innovar para el largo plazo.

 

También habla de una reconversión del empresariado que se acostumbró a vivir del Estado.

Tenemos que tratar de que la mayoría del empresariado sea competitivo. Eso es indiscutible. Puede haber sectores de la economía que la sociedad en su conjunto decida subsidiarlos pero la sociedad debe saber cuál es el costo de eso. Es el costo de recibir un producto más caro y de menor calidad.

 

¿Por ejemplo?

Bueno, un auto en Argentina sale el doble de lo que sale en otros países. No tengo una posición tomada sobre la industria automotriz, creo que es importante y hay que sostenerla, pero los autos nos salen el doble. Lo mismo la electrónica.

Hacia delante soy optimista, los empresarios votamos con las inversiones y yo desinvertí hace dos años y medio en Brasil e invertí mas en Argentina.

¿Es más pesimista que en años anteriores?

No, creo que lo importante es revertir la situación y aprender de los errores que cometimos. Pero hacia adelante soy optimista. Los empresarios votamos con nuestras inversiones y yo desinvertí hace dos años y medio en Brasil e invertí más en Argentina. Los Grobo es una empresa más argentina que hace dos años.

 

 

Héctor Huergo, director del Suplemento Rural de Clarín, dice que la Mesa de Enlace no representa a nadie. ¿Coincide?

Representa la opinión de algún grupo de gente. Hoy nadie representa a nadie. Las representatividades son efímeras. En el conflicto de 2008, había un objetivo específico que unía a mucha gente, no solamente productores agropecuarios.

 

¿Conoce a Gabriel Delgado, mencionado como eventual ministro de Aníbal Fernández si gana la gobernación?

Es una persona que conoce el sector, un economista que ha estudiado, tiene experiencia en el INTA y experiencia de gobierno. Conoce los problemas que tiene el campo y está preocupado y ocupado en eso. Creo que es un buen interlocutor.

 

¿También lo fue para ustedes Julián Domínguez como ministro?

Lo fue Domínguez, claro que sí. Domínguez hizo el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) 2020, esa es la gran obra que hizo. Dice algo que nunca se dijo en la historia de la política agropecuaria: el sector agropecuario argentino, si se aplica el PEA, puede hacer crecer al país 3,5 por ciento del PBI cada año. Le puso un número a la importancia del sector. Ahora no estamos yendo hacia los objetivos del PEA, sino en sentido contrario.

Fuente: LPO

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