24 de septiembre de 2015 13:57 PM
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Carne argentina y el elevado proteccionismo estadounidense

El 24 de julio la Organización Mundial del Comercio (OMC) dio a conocer un fallo que obliga al Gobierno de los Estados Unidos a dar marcha atrás, a casi 90 años, de la medida implementada en 1926 por el Gobierno de ese país, presidido por Calvin Coolidge, que, con la excusa de una presunta existente […]

El 24 de julio la Organización Mundial del Comercio (OMC) dio a conocer un fallo que obliga al Gobierno de los Estados Unidos a dar marcha atrás, a casi 90 años, de la medida implementada en 1926 por el Gobierno de ese país, presidido por Calvin Coolidge, que, con la excusa de una presunta existente infección de aftosa, prohibió las importaciones de carnes argentinas. A éstas, con el correr del tiempo, se sumaron otras que agravaron aún más la situación.

Las políticas de los EE.UU. en materia de proteccionismo comercial habían arrancado en 1921 durante la gestión presidencial de Woodrow Wilson en el marco de la crisis económica post Primera Guerra Mundial (PGM). Pero en el caso específico de la Argentina se agravaron con la decisión adoptada en el referido 1926, la que dio lugar a la protesta formulada en 1928, durante el Congreso Panamericano de La Habana por el representante argentino Honorio Pueyrredón, enviado por el presidente Máximo Marcelo Torcuato de Alvear.

Esa medida fue adoptada casi en simultáneo con la “Declaración Balfour” del 18 de noviembre de 1926 por el Gobierno del Reino Unido que creó el Commonwealth (salud o riqueza común), generador de autonomía en los manejos de cada una de sus colonias, y por el cual se debían dar un mejor trato comercial entre ellas. Esto se agravó en 1932 con la decisión de otorgarse mutuas “Preferencias imperiales” durante la cumbre celebrada en Ottawa.

Ya la creación del Commonwealth había generado problemas para las exportaciones agrícola-ganaderas de la Argentina por lo cual, con el agravante de las restricciones estadounidenses, los exportadores locales presionaron al presidente Juan Hipólito Yrigoyen a firmar el “Acuerdo DAbernon”, en 1929 con el Reino Unido, antecedente directo del Pacto Roca-Runciman, que había sido dejado de lado por el Gobierno de facto de José Félix Uriburu, seguidor de las ideas corporativas y antibritánicas del jefe de Estado español Miguel Primo de Rivera.

Precisamente el Pacto Roca-Runciman, de 1933, se firmó a pedido de la Sociedad Rural Argentina (SRA) al presidente Agustín Pedro Justo, en el marco de los problemas generados por las “Preferencias imperiales” que impedían comprar fuera del Commonwealth a sus integrantes lo que alguno de ellos pudiese proveer y, en el caso concreto de la Argentina tenía en varios rubros competidores directos como Australia, Canadá y Nueva Zelanda para sus bienes primarios.

La expansión de las exportaciones primarias de EE.UU., profundizadas a partir de la PGM, y el Commonwealth fueron un creciente problema para la Argentina a lo que se adicionaron los intentos fallidos de las autoridades de los EE.UU. de someter a sus intereses al conjunto de América, de Alaska a Tierra del Fuego, a partir del Congreso Panamericano de Washington de 1989. En éste, el Gobierno del presidente Grover Cleveland intentó eliminar las barreras aduaneras de una punta a la otra del continente y establecer al dólar como moneda única del continente, lo que fue frustrado por los futuros presidentes argentinos Roque Sáenz Peña y Manuel Quintana en representación del entonces primer mandatario Miguel Ángel Juárez Celman.

Además la Argentina, que había sido neutral durante los gobiernos del mismo Roque Sáenz Peña y de Victorino de la Plaza al comenzar la PGM en julio de 1914, se mantuvo en esa línea, bajo la gestión de Yrigoyen cuando, a partir de 1917, los EE.UU. se sumaron al bando franco-británico-italiano, a pesar de los reclamos de la administración del mencionado Woodrow Wilson. Luego sucedió lo mismo durante la Segunda Guerra Mundial (SGM) con la administración de Roberto Marcelino Ortiz al inicio de la guerra en 1939 y también tras el ingreso de los EE.UU. en 1941, lo que fue continuado por sus varios sucesores, hasta los últimos días de la misma, a pesar de los reclamos del presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt.

Los arreglos, tras la paz, para frenar los avances del comunismo en Europa mediante el llamado Plan Marshall implementado a partir de 1948 por el presidente Dwight David Eisenhower profundizaron la inserción agrícola-ganadera argentina en los mercados europeos, toda ayuda de los EE.UU. implicaba comprarle casi solamente a ellos quedando sólo un pequeño espacio para Canadá; esto último a pedido del Reino Unido en el marco de sus compromisos dentro del Commonwealth. Un Plan Marshall que junto con las sequías del período 1949-1951 complicaron la gestión de Juan Domingo Perón, quien en 1952 debió implementar un nuevo plan económico.

Desde los años 1950 la Argentina desarrolló una lucha por la erradicación de la fiebre aftosa que le dio respaldo de las organizaciones internacionales, para lo cual obtuvo una victoria inicial para la región patagónica al sur del Paralelo 42 y que luego continuó hasta llegarse al reconocimiento de su erradicación total. Sin embargo, EE.UU. mantuvo el cierre de su comercio, a lo que se sumó Canadá 14 años atrás cuando se le vendían más de 20.000 toneladas anuales. Este último país acaba de acordar poner fin a la prohibición para la importación de las carnes argentinas en el marco de las gestiones desarrolladas por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentario (SENASA).

Con esto se redujo a unos pocos países como Japón y Corea del Sur el mantenimiento de los impedimentos “sanitarios” que exitosamente habían venido impulsando los EE.UU. desde casi 9 décadas atrás. Una larga y dolorosa historia pero, al final, ganada. Las estimaciones al respecto indican que las futuras exportaciones cárnicas argentinas a los EE.UU. superarán los u$s 228 millones.

 

Fernando del Corro :   Profesor de Historia Económica en la FCE-UBA

Fuente: Ambito Financiero

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