8 de octubre de 2015 12:31 PM
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Sin planificación seguirán las inundaciones: el manejo de los excesos hídricos no puede hacerse por medio de la suma de esfuerzos individuales

La experiencia en Indiana (EE.UU.)

El manejo de los excesos hídricos necesariamente se deben resolver a nivel de cuenca. Y eso frecuentemente excede los límites de un predio rural, departamentales o incluso provinciales.

 

“En el manejo de excedentes existen básicamente dos estrategias: retardar la salida o el escurrimiento por medio de terrazas o cubetas de detención, entre otras alternativas, o acelerar la salida de los excesos por medio de redes de drenaje que contribuyan a solucionar el problema especialmente en aquellas zonas planas de muy lento escurrimiento”, explica Gabriel Vázquez Amábile, coordinador del Proyecto Ambiente de CREA.

 

En ambos casos es clave la planificación territorial para dimensionar la red de drenaje, organizar los escurrimientos y evitar problemas en toda la cuenca. En esa tarea –sí o sí– deben intervenir representantes del Estado.

 

“El ordenamiento de cuencas permite disminuir la consecuencias de inundaciones y, en algunos casos, ayuda también a amortiguar efectos de sequías, permitiendo, por ejemplo, que la hacienda disponga de agua dulce en momentos de restricciones hídricas”, comenta Vázquez Amábile en un artículo publicado en la última edición de la Revista CREA.

 

Una adecuada gestión de cuencas ayuda a minimizar los gastos públicos en reparación de infraestructura posterior al evento (caminos, puentes), disminuye situaciones de emergencia social (evacuados, enfermedades, muertes), estabiliza el movimiento de bienes y servicios en el tiempo, así como la recaudación tributaria, y permite –en síntesis– planificar a largo plazo con un menor riesgo.

“Un ejemplo de cómo se opera la gestión de excesos hídricos yo lo viví en el Estado de Indiana, EE.UU., donde hay mucha interacción entre la universidad y los municipios”, explica el especialista de CREA. “Un principio básico allá es que nadie tiene derecho a deshacerse de los excedentes hídricos adicionales que se generan a partir de una nueva actividad económica”, añade.

 

Para poder cumplir con esa premisa los gobiernos nacional y locales brindan acceso público a información cartográfica, registros hídricos y modelos hidrológicos que permiten calcular el impacto

 

“Cuando se hace un emprendimiento inmobiliario en una zona, se genera cierta impermeabilización del área. Los escurrimientos deben derivarse entonces hacia alguna parte. Y planificar eso es responsabilidad del privado con las herramientas que le facilita el Estado”, apunta Vázquez Amábile.

 

En este gráfico puede verse un modelo de hidrograma que muestra el escurrimiento de una lluvia en una zona no urbanizada (por ejemplo un lote de pasturas) versus esa misma zona pero urbanizada. “Lo que se busca es que, al hacer el desarrollo, se calcule el exceso de escurrimiento en el se incurrirá para, por ejemplo, desarrollar una cubeta de detención, que es usual observar en urbanizaciones estadounidenses”, explica el especialista.

Fuente: Valor Soja

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