13 de noviembre de 2015 14:53 PM
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Bioplásticos, una segunda vida útil para los desechos agroalimentarios

Las crecientes exigencias medioambientales han llevado, en los últimos años, al desarrollo de líneas de investigación enfocadas a dar una segunda vida a los desechos agroalimentarios que, convertidos en bioplásticos, en muchos casos, se reutilizan en la propia industria que los generó.

Esa es una de las líneas de investigación del Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas), ubicado en Valencia: obtener sustancias de los residuos agrícolas o agroalimentarios, a partir de las cuales se consiguen bioplásticos con las mismas características de los plásticos convencionales a los que pueden sustituir.

 

Así lo explica, en una entrevista con Efeagro, la responsable del departamento de sostenibilidad y valorización industrial de Aimplas, Eva Verdejo.

 

La investigadora hace hincapié en que se trata de “cerrar ciclo”, es decir, de lograr que “los residuos, dependiendo de dónde se generaron, vuelvan a introducirse como producto en el mismo sector”.

 

Tal es el caso, por ejemplo, de los desechos de la industria panadera y pastelera (restos de masa cruda, masa cocida, bizcochos, cortezas de pan de molde, migas, etc.).

 

Con ayuda de microorganismos se obtiene un ácido láctico que se polimeriza, “se hace grande”, precisa Verdejo, para obtener una cadena polimérica con la que se logra un ácido poliláctico (PLA) y “con eso, directamente podemos hacer una bolsa biodegradable igual a la que contenía inicialmente el pan”.

 

Detalla que “obtenemos un film que puede estar en contacto con los alimentos y que los preserva con todas sus características” y, como valor añadido, tenemos un envase que procede de un residuo, lo cual es una mejora ambiental importante.

 

Otro ejemplo de recuperación es el que se consigue a través de las aguas residuales de la industria láctea, “de este mismo residuo se logran envases” como las tarrinas para los quesos o botellitas para los productos lácteos bebibles, experiencia con la que también se intenta cerrar ciclo, apunta Verdejo.

 

 

Bioplásticos, una segunda vida para los desechos agroalimentarios. Foto: Cedida por Aimplas

 

 

La industria de zumos consume gran cantidad de agua, tanto en la limpieza de equipos e instalaciones, como en el lavado de frutas, que genera unas aguas residuales con grandes cantidades de desechos orgánicos en forma de azúcares, que “son una materia prima numerosa y de gran valor para la producción de bioplásticos“.

 

“Es interesante el desarrollo de estos materiales”, comenta Verdejo, porque tienen un origen renovable y “siempre que podamos volverlos a introducir y darles una segunda vida”, es un gran acierto desde el punto de vista medioambiental y funcional, al dar salida a un asunto que suscita gran preocupación como es el de los residuos.

 

Además, esta solución, según Verdejo, responde a una necesidad del mercado y a una preocupación de aquellas empresas que quieren destacar e introducir nuevos productos en el mercado con mejores comportamientos medioambientales, con una menor huella de carbono.

 

Este es, por ejemplo, el caso de las mallas biodegradables y compostables (en menos de seis meses se convierte en compost) para productos hortofrutícolas o moluscos, conseguidas en el marco de la investigación Ecobionet.

 

Estas mallas tienen además un precio competitivo, si se tiene en cuenta su valor añadido, apenas unos céntimos de euro por kilo de producto envasado más caro que la malla convencional.

 

Verdejo reconoce que, al finalizar la investigación, en líneas generales el coste de un producto es “superior al de los materiales que están actualmente en el mercado y a los que pretenden complementar”, pero la “propia economía de escala termina por abaratar su precio”.

 

Por ello, los desechos o residuos agrícolas que, hasta la fecha, “están resultando más interesantes” son los que tienen un alto nivel de azúcar, almidón o sorbitol, ya que “nos dan una buena proporción de bioplásticos”, hace hincapié Verdejo.

 

Así, los residuos provenientes de caña de azúcar, de remolacha o de cereales “son muy buenos, porque contienen gran cantidad de azúcares”.

 

No obstante, hay que seguir investigando, incluso sobre aquellos residuos agroalimentarios que, a priori, puedan parecer menos eficientes, puesto que, desde un punto de vista medioambiental, interesa buscar soluciones a los desechos, “un tema no del todo resuelto”, y que puede ser una gran oportunidad, considera la investigadora.

 

“Hay que seguir investigando”, porque “aún no hay un verdadero mapeo de qué residuos son los más idóneos”, pero sí una necesidad, impulsada por la conciencia medioambiental, de lograr plásticos con “más utilidad, más sostenibles y que tengan mejores condiciones a nivel de medio ambiente”, concluye.

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Fuente: EFE

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