13 de noviembre de 2015 15:27 PM
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El agro como principal aliado del próximo gobierno

Fue en 2007 cuando la alícuota de derechos de exportación de la soja se ubicó en un 35%, la más alta desde 1989 y vigente en la actualidad. El gravamen alcanzó a otros productos agrícolas que, conjugado con las restricciones a la exportación, impactaron en el precio interno.   El esquema tributario no se modificó […]

Fue en 2007 cuando la alícuota de derechos de exportación de la soja se ubicó en un 35%, la más alta desde 1989 y vigente en la actualidad. El gravamen alcanzó a otros productos agrícolas que, conjugado con las restricciones a la exportación, impactaron en el precio interno.

 
El esquema tributario no se modificó en los últimos años, pero no ocurrió lo mismo con las condiciones macroeconómicas. Cuando se aplicó la alícuota de 35%, el precio internacional de la soja rondaba los u$s 380 la tonelada, un 15% por encima de la cotización actual. Pero la principal diferencia era que el tipo de cambio real estaba en el mayor nivel de la década y era un 83% superior al de hoy. Así, la sobrecarga tributaria se compensaba con un ‘tipo de cambio competitivo’ que beneficiaba al exportador.

 
De esta forma, se evitó que el ingreso de dólares del agro aprecie la moneda. En tal sentido, resultaba clave el manejo de las cuentas públicas que mostraban un superávit primario en torno al 3,2% del PIB. Con el correr de los años, el resultado fiscal se revirtió y los derechos de exportación fueron clave para el financiamiento del Estado. Si se pudieron mantener los niveles de producción fue por los elevados precios internacionales que, en el caso de la soja, promediaron más de u$s 510 la tonelada, entre 2011 y 2014.

 
Actualmente es inverosímil que el escenario externo continúe impulsando la actividad. El estímulo deberá venir de puertas adentro. El sector ya no soporta la presión tributaria y el nivel de apreciación actual, lo que desalentó las decisiones de siembra: considerando los tres principales cultivos, el área implantada de esta campaña caería un 4,8%.

 
No obstante, existen motivos para ser optimistas. Por un lado, los dos candidatos presidenciales coinciden en revisar las restricciones comerciales. Por otro, la necesidad de divisas obligará a dar señales positivas al sector (cuyos stocks acumulados se valúan en u$s 7000 millones) y se aguarda una reducción de la alícuota de derechos de exportación. Sin embargo, la duda central es la política cambiaria debido el atraso que muestra el tipo de cambio real. En este caso, dado el impacto que una corrección podría tener en otros sectores de la economía y en el poder adquisitivo de los asalariados, la magnitud y la velocidad del ajuste dependerán consideraciones políticas.

 
Con las señales adecuadas, la actividad agrícola podría dar impulso a la economía. En el mediano plazo, existe margen para recuperar la producción de los cereales e incrementar las exportaciones de harina de trigo. En el corto, si bien la caída en la producción de la campaña 2015/16 parece inevitable, los stocks acumulados aportarían un importante flujo de divisas y podrían impulsar la molienda de soja y trigo, motorizando la industria de alimentos y bebidas.

 
Así, el sector agrícola se convertiría en el principal aliado del próximo gobierno ayudando a aliviar posibles sobresaltos en materia cambiaria e impulsando la actividad industrial. Todo dependerá de las medidas que se tomen en los primeros días de 2015. Lo que está claro es que la situación sectorial y las condiciones macroeconómicas dejan poco margen para postergar decisiones.

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