17 de noviembre de 2015 11:53 AM
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La solución israelí a la escasez de agua

La recuperación de aguas residuales, la desalinización del agua del mar junto a la innovación y la educación son las herramientas para convertir un desierto en un vergel.

TEL AVIV, Israel.- Son las 10 y la temperatura ya supera los 46°. El calor del suelo traspasa la suela de los zapatos. El sol es abrazador, no parecen suficiente los gorros, los protectores con factor ultra violeta ni el agua que se consume, de a litros. Así padece la inclemencia de este clima un visitante en el desierto de Neguev, en Israel. Sin embargo, el paisaje no es lo que uno imagina. No hay arena ni camellos. Por el contrario hay mucho verde: sandías maduras para compartir; granadas, la fruta de moda en Rusia; papas; especias y unos frondosos almendros.

De la mano de la tecnología y la innovación las cooperativas de granjeros que hoy viven en el desierto pueden sembrar y cosechar frutas y verduras que se exportan a Europa y Asia. No sacaron el agua de las piedras, la obtuvieron de las aguas residuales. Se trata de aguas que se utilizan en la cocina, baños, ducha, plantas industriales y comercios. Inmensas tuberías de más de dos metros de diámetro recolectan las aguas residuales de las ciudades de todo el país y las conectan con distintas plantas de tratamiento. Las de Tel Aviv y el área metropolitana, que juntas suman más de 120 kilómetros, recolectan los residuos de unos 2,5 millones de personas, desembocan en la planta de tratamiento más grande de Medio Oriente, Shafdan.

El 91% del agua residual de todo Israel se reutiliza. Después de pasar por procesos de filtrados y limpieza, pasa por un último paso: es inyectada en un acuífero natural para la última filtración. De allí es extraída y distribuida principalmente hacia poblaciones en el sur, hacia el desierto de Neguev. Los residuos orgánicos también se convierten en fertilizantes gratuitos para los agricultores y, el gas que produce en el proceso abastecerá a toda la planta de energía para el año próximo.

 

Es que el agua es uno de los problemas centrales que Israel debe resolver diariamente. Shafdan fue construida en 1987, pero se sumaron otras que permiten proveer a los agricultores. Casi el 60% del líquido que se usa en el país está destinado a la actividad.

El desierto, reconvertido
El desierto, reconvertido

La falta de agua, el problema a resolver

Pero no sólo la falta de agua aparece en el medio del desierto. Hace poco más de 10 años una fuerte sequía golpeó la zona y provocó un déficit de 2.000 millones de metros cúbicos en tres años. Según la Autoridad del Agua, una agencia que funciona autárquicamente, se financia con la tarifa del agua y es responsable de la ingeniería sanitaria, la demanda de agua potable anual llega a los 1.200 millones de metros cúbicos y se estima que para 2020 llegue a los 1.700 millones y en 2050 a los 2.450 millones de metros cúbicos.

“Cada año se deciden qué obras son necesarias. Se tienen en cuenta los escenarios de cambio climático y se invierte en la sensorización de las tuberías. Es necesario que detectemos las pérdidas de agua para poder repararlas rápidamente”, indica Oded Fixler, director general de la Autoridad de Agua israelí. Según los datos oficiales, la pérdida de agua en la distribución alcanza el 5%, en el área metropolitana de Buenos Aires la cifra es cercana al 25 por ciento y en muchos otros países alcanza hasta el 40 por ciento.

 

El riego por goteo es obligatorio en todo el país
El riego por goteo es obligatorio en todo el país

 

 

Inbal Arieli, vicepresidenta de Start-Up Nation Central, una ONG dedicada a impulsar la innovación, dice que los pocos recursos y una herencia de supervivencia han hecho que Israel se convierta en una de las naciones más innovadoras. Una de cada 2.000 personas tiene una compañía start-up (incipiente o de arranque) y, por número de habitantes, Israel ostenta la tasa más alta de patentes. Uno de los orgullos es el desarrollo del sistema de riego por goteo, hoy presente en casi todo el mundo.

 

Con un sistema de sensores instalados en las ciudades y que se conjuga con información satelital, las compañías de agua detectan los lugares donde existen fugas y en poco tiempo las sellan. Este delicado sistema también los alerta ante la posibilidad de un eventual atentado en una zona caliente en términos geopolíticos. Cabe recordar que el agua dulce en esa zona proviene del Mar de Galilea y de los acuíferos, que están bajo Cisjordania. Según la Autoridad del Agua, buena parte de ese líquido tiene niveles elevados de contaminantes y por eso se han buscado nuevas fuentes que las sustituyan.

 

Con la misma insistencia se trabaja en cada uno de los hogares. De lo contrario, el contribuyente paga tarifas altas por esas pérdidas. En ese contexto el desarrollo de membranas y de tecnología sanitaria eficiente es uno de los puntos fuertes de este país. En Israel el consumo del agua no está subsidiado por el Estado. La tarifa está compuesta por un precio mínimo que se paga hasta determinado consumo, que se considera como necesario y básico, por encima de esa demanda los costos aumentan notoriamente. El consumo, promedio, de una familia tipo mensual ronda los 50 dólares.

 

 

 

Desalinización, otra clave

Y como la gestión hídrica es el gran desafío, la otra fuente que Israel explora como posibilidad es el mar. En 1999 el gobierno comenzó un programa de largo plazo de desalinización del agua denominado Ósmosis Inversa del Agua de Mar (Sea Water Reverse Osmosis SWRO por sus siglas en inglés), con el fin de mitigar las condiciones de sequía en el país y la creciente demanda de los recursos hídricos. Según señala la Autoridad de Agua, la cantidad de agua que se somete a este proceso varía de acuerdo a las tasas de consumo y las precipitaciones caídas.

 

Hoy existen cuatro plantas desalinizadoras en el país: la de Ashkelon, Palmachim, Hadera y Sorek y la de Ashdod, que está en construcción. La producción de agua desalinizada llega a US$ 0,55 por metro cúbico versus US$ 1 que cuesta en promedio en el mundo. Para 2020 se estima que las plantas de SWRO puedan producir casi toda el agua doméstica que se consume en Israel.

 

El proceso de ósmosis inversa permite obtener agua potabilizada en apenas 20 minutos. Sin embargo, hay algunas ONG que se oponen porque sostienen que los minerales que se le agregan al agua y luego son devueltos al mar pueden contaminarlo. La Autoridad del Agua lo niega rotundamente.

 

 

 

Educación y concientización

Concientizar sobre la escasez de agua en Israel también es una tarea dura. A pesar de que en las calles no se ve una gota desperdiciada ni los encargados de edificios baldean las veredas, las campañas de toma de toma conciencia son permanentes. Para la crisis del agua que atravesó el país se requirió, por ejemplo, la participación de figuras internacionales como la modelo internacional Bar Refaeli. La propaganda masiva, denominada Israel is drying up, pretende mostrar en cifras el problema que afronta Israel.

También en las escuelas hay un programa de concientización. Por caso se incentiva a la recuperación de agua de lluvia de los techos. La idea es aprovechar al máximo la caída de agua y que también se incorpore en la currícula pedagógica el problema.

 

En Rehovot, en una “escuela abierta” (los chicos asisten a la escuela y estudian las materias y los temas que les interesan, libremente) un chico de 10 años explica el proceso de cómo se utiliza en su escuela el agua lluvia. Desde el techo el agua baja por tubos hasta 15 tanques instalados en el patio trasero y de ahí se distribuye a los baños. “Durante el invierno el 90% del agua que usa la escuela proviene de estos tanques”, indica Ido Reichman-Eisikovits, de Green Horizons liaison para el Fondo Nacional Judío, que tiene al menos 24 programas de este tipo en diferentes colegios del país.

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Fuente: La Nacion

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