17 de noviembre de 2015 02:06 AM
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Metano, ese gas que África no puede obviar

Los crecientes llamados para que África reduzca sus emisiones de metano, producto de la actividad pecuaria, siguen generando controversia. Especialistas las consideran un factor del incremento de las temperaturas, pero los sectores involucrados exigen mayores pruebas al respecto. Numerosos científicos recuerdan que es un gas contaminante olvidado y de corto plazo con un significativo potencial […]

Los crecientes llamados para que África reduzca sus emisiones de metano, producto de la actividad pecuaria, siguen generando controversia. Especialistas las consideran un factor del incremento de las temperaturas, pero los sectores involucrados exigen mayores pruebas al respecto.

Numerosos científicos recuerdan que es un gas contaminante olvidado y de corto plazo con un significativo potencial para acelerar el recalentamiento planetario que el continente no puede ignorar más.

Sin embargo, los críticos a este planteamiento sostienen que ante la falta de un cúmulo de pruebas científicas que respalden la premisa de que las emisiones de metano procedentes del ganado africano constituyen un gran contribuyente del cambio climático, el continente debe ignorar los llamados a reducir el volumen de ese gas que emite a la atmósfera.

En medio, otros especialistas, como Asaah Ndambi, consideran que si bien África concentra solo tres por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, “tenemos el mayor potencial para reducir los gases contaminantes por unidad de producto pecuario”, remarcó.

Estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) muestran que las emisiones de metano del ganado representan 14,5 por ciento de los gases liberados a la atmósfera a escala global.

“No podemos escapar al hecho de que las emisiones de metano por unidad de producción en los países en desarrollo, particularmente en África y Asia, son significativamente altas en comparación con los mismos animales en los países industriales”, dijo Ndambi, del Instituto Internacional de Investigación sobre Ganadería (ILRI, en inglés), con sede en Nairobi.

Ello sucede “debido a su baja productividad en esos continentes”, explicó.

“Si se ignoran, las emisiones de metano representarán un gran desafío en el futuro”, subrayó Ndambi, quien participó en un foro anual sobre cambio climático para periodistas del Sur global, organizado por el Centro para la Ciencia y el Ambiente en Nueva Delhi, el 5 y 6 de este mes.

Según la FAO, la ganadería contribuye tanto de forma directa como indirecta al cambio climático a través de las emisiones de gases invernadero como el dióxido de carbono (CO2), metano y el óxido nitroso.

Ndambi dijo que las emisiones de metano procedentes del ganado representan alrededor de 80 por ciento del gas que libera la agricultura y 35 por ciento de todas las emisiones producidas por la actividad humana.

Las emisiones de metano suelen ser el resultado del proceso digestivo natural de los animales y de la gestión del excremento en la actividad pecuaria, precisó Ndambi.

El profesor de climatología Emmanuel Oladipo, de la Red de Cambio Climático, en Lagos, Nigeria, dijo a IPS: “Se necesitan más investigaciones sobre las emisiones de metano del ganado, pero no podemos ignorar lo que indican los estudios preliminares, el metano es un gas potente”.

Según el profesor Oladipo, el metano tiene un potencial de recalentar la atmósfera 23 veces superior al CO2.

Datos como los incluidos en el quinto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, en inglés), divulgado en 2014, muestran que las temperaturas en el continente africano, en particular en las regiones más áridas, donde la mayoría de la población es pastoril, aumentarán más rápidamente que en otras áreas.

A medida que los pastizales áridos y semi-áridos registran días más cálidos, con frecuentes olas de calor, como señala el informe del IPCC, los expertos dicen que con las intervenciones correctas, la generación actual tiene una oportunidad para experimentar la eliminación gradual del metano como potente gas de efecto invernadero.

Según el IPCC, entre 65 y 80 por ciento del CO2, el mayor gas invernadero producto de la actividad humana liberado a la atmósfera, se disuelve en el océano en un período de entre 20 y 200 años.

El óxido nitroso es otro gas de invernadero que se elimina de la atmósfera en un proceso que puede durar unos 114 años.

El metano se considera un gas contaminante de corta duración porque demora entre 12 y 14 años en desaparecer totalmente de la atmósfera, pero tiene una capacidad mucho más potente de atrapar el calor. A medida que las temperaturas aumentan, el continuo incremento de las emisiones de ese gas superará a las del CO2, según los especialistas.

A fin de eliminar el aporte de la actividad pecuaria a las emisiones de gases invernadero, los expertos en el foro de medios sobre cambio climático de Nueva Delhi, coincidieron en que debe emplearse una estrategia doble.

“Debemos prestar atención al aporte de las emisiones de metano de la ganadería, así como a estrategias de adaptación y de mitigación”, insistió Ndambi.

África debe apostar por menos animales, pero más productivos, un llamado al que ya han mostrado resistencia las comunidades pastoriles, así como otras que tienen animales domésticos con fines religiosos, acotó.

La situación puede complicarse, pues algunos expertos como la nutricionista Sarah Akinyi, residente en Nairobi, sostienen que el consumo de proteínas animales entre las poblaciones más pobres de los países en desarrollo es demasiado bajo. “Alentamos una mayor producción y consumo”, acotó.

Con el crecimiento exponencial de la población en las naciones en desarrollo, “naturalmente habrá un mayor consumo y producción de proteína animal”, precisó.

Si se observa el total de emisiones procedentes de la actividad pecuaria (promedio de emisiones por animal multiplicado por el número de cabezas de un país), el ganado bovino es responsable de la mayor proporción de gas liberado, seguido del lechero, de los cerdos, los búfalos y los pollos, según el ILRI.

“Eso quiere decir que las emisiones por res pueden ser altas porque tenemos más ganado bovino en el mundo o porque las emisiones por el ganado son elevadas”, precisó Ndambi.

Ovejas y cabras son responsables de un elevado volumen de emisiones por kilogramo de carne, pero su número es menor y liberan a la atmósfera menos gas que el ganado bovino.

“Necesitamos explorar estrategias de alimentación apropiadas que aumenten la productividad a la vez que reducen las emisiones de metano de la fermentación entérica. Las estrategias, por lo tanto, incluirán alimentar al ganado con forrajes mejorados con complementos alimentarios”, explicó Ndambi.

“Si bien las emisiones por habitante son bajas (la división de las emisiones anuales de un país entre su población), cuando se las compara por unidad de producción, es decir por litro de leche o kilogramo de carne, son elevadas”, explicó Oladipo.

Según ILRI, otras estrategias incluirán la exploración de varios aditivos alimentarios, como extractos de plantas, así como mejorar la eficiencia de la conversión del alimento.

Ndambi explicó que la cantidad de alimento consumido por unidad de producción, ayuda a disminuir el volumen de metano producido, pues se ha demostrado que animales más eficientes producen menos metano. Posiblemente, eso se logre ofreciendo una dieta más fácil de digerir.

La FAO también alienta a crear conciencia sobre las estrategias y las tecnologías apropiadas para reducir las emisiones de metano de la ganadería y para mitigar los efectos del recalentamiento planetario.

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