28 de noviembre de 2015 00:45 AM
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Río Negro y Neuquén tienen un enorme potencial apícola

En Neuquén la producción aparece más organizada y con mayor apoyo por parte del gobierno. La provincia ofrece, junto a Río Negro, mieles de excelente calidad al mercado local.

Para el común de la gente, probar una miel amarga podría resultar una rareza y quizás la mayoría podría pensar que se trata de una broma de mal gusto, pero este tipo de miel existe… Y hay muchas otras variedades en el mercado que terminan ofreciendo un enorme abanico de posibilidades para los consumidores más osados, que se animan a bucear un poco más allá de los parámetros normales establecidos.

 

Los que están muy metidos en el tema melífero dicen que aún buscan sorprenderse con algún tipo de miel desconocida, que les proporcione un sabor poco común y que resulte una caricia para el paladar.

 

En esta tarea está encaminado un grupo de investigadores de universidades públicas y otras instituciones del país que estudian y seleccionan mieles de diferentes sabores, colores y aromas, organizan catas en ferias de alimentos y buscan que se reconozcan las distintas variedades de mieles, como sucede con el vino.

 

Alicia Basilio, profesora de la cátedra de Avicultura, Cunicultura y Apicultura de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba), trabaja junto a técnicos del INTA y otras instituciones como INTI y la Sociedad Argentina de Apicultura, en la realización de concursos y catas en las diferentes ferias apícolas del país, para capacitar a los apicultores y al público en general sobre las variedades de mieles que se pueden producir y consumir.

 

Recientemente participaron de la feria Del Productor al Consumidor, de la Fauba, donde ofrecieron degustaciones de diferentes productos a los visitantes y explicaron las características sensoriales: “La curiosidad de la gente por las abejas y la miel es enorme”, afirmó Basilio, y señaló que “sorprende mucho al público, por ejemplo, encontrarse con una miel amarga”.

 

Aquí en la región la oferta de mieles es sumamente variada y se trabaja desde hace tiempo en el mejoramiento de la producción apícola en su conjunto. Consultado sobre el tema, el titular de Miel Río Negro y coordinador apícola de Economías Regionales de la CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa), Carlos Levín, indicó que la tipificación de la miel es muy costosa para el productor y por ese motivo aún no se avanzó lo suficiente en la zona en este sentido. El empresario aclaró que la cata de mieles es una práctica que tiene más de cuarenta años desde su implementación y que posee sus raíces en países orientales, principalmente en Japón. Uno de los objetivos de la cata de mieles es captar las preferencias de los consumidores sobre determinado producto y trabajar en ese sentido buscando una mejor calidad.

 

A su turno, la coordinadora del Programa Apícola de Neuquén, Nancy García, destacó que en la provincia se trabaja desde hace años con la caracterización de mieles neuquinas junto al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), donde funciona un panel de cata que ofrece el servicio de análisis sensorial. Ilustra al respecto que una cosa es la cata y otra el análisis sensorial de los distintos tipos de mieles. “La cata es probar mieles y preferir una en particular, mientras que el análisis sensorial es una metodología científica que se sigue y es realizada por gente entrenada que busca una descripción objetiva del producto”, dijo García.

 

En el caso del análisis sensorial se trabaja con rueda de olores y sabores y allí se pueden encontrar, por ejemplo, los cálidos –olores a postres, dulces o vainillas–, algunos aromáticos o directamente los relacionados con la familia animal, valeriánicos y no tan agradables como a pies o a pis, lo que no significa bajo ningún aspecto que sean mieles de mal gusto o no aptas para el consumo. Es más, “pueden llegar a oler muy mal, pero ser muy agradables de sabor”, explicó García.

 

El potencial apícola que posee la región es enorme, y es un punto en el que coincidieron ambos coordinadores.

 

Para Levín, en Río Negro hay cuatro o cinco zonas bien diferenciadas para trabajar en apicultura de acuerdo a la diversidad de la flora que hay en cada lugar. En este sentido mencionó la zona andina, el Valle Inferior-Idevi, Río Colorado y Valle Medio en la zona anexa al valle productivo y una zona núcleo ubicada en Catriel-Valle Verde-Peñas Blancas, donde proliferan el monte natural y las plantaciones de alfalfa.

 

Otro aspecto a favor de la producción que resaltó el titular de Miel Río Negro es que, cuando se produce miel, material vivo, polen, propóleo o jalea real, el 97% de la materia prima que se utiliza –abejas, alambre, cera, etc.– es de origen nacional.

 

En Neuquén “hay zonas en las que se pueden producir dos o tres tipos de mieles dependiendo de la época de extracción y de la flora predominante en cada momento. En el norte neuquino, que produce el 38% de mieles de la provincia, hay dos tipos de mieles muy claras que tienen centaurea, más conocida como abrepuño, que resultan en productos amarillos brillantes. Esta es miel de verano del norte neuquino, es una miel temprana, multifloral, que huele a dulce de batata. En Aluminé, en cambio en un momento prolifera el Echium, una borraginácea de flor azul, que da como resultado una miel clara, muy suave, que deja una sensación untuosa en la boca”, explicó García. En tanto las mieles del sur de la provincia provienen de la retama, a veces mezclada con radal, que tiene como característica un sabor a fruta procesada, que “hace recordar a la mermelada de fruta”.

 

Como ya se indicó, puede ocurrir que cuando uno trabaja el análisis sensorial, cuando olés una miel no te gusta y en boca es rica. Otro producto que se cosecha en los apiarios regionales son los mielatos. Estos son exudados extraflorales que secretan insectos áfidos como las cochinillas o los pulgones, que liban la savia de troncos de árboles y tallos de plantas. La sustancia es recolectada por las abejas y con ella elaboran una miel muy oscura, de fuerte sabor y aroma, muy apreciada en algunos países por su alto valor medicinal.

 

Otro aspecto clave a resaltar de la apicultura regional es que la calidad de los distintos tipos de mieles que se producen tanto en Río Negro como en Neuquén, están a la misma altura que las producidas en otras provincias e incluso en muchos otros países. Un claro ejemplo de esto lo reflejan distintas premiaciones obtenidas en el último tiempo por productos hechos a la vuelta de la esquina. A principios de este año, una miel elaborada en Luis Beltrán por María Carolina Nicora se quedó con el segundo puesto en la categoría Ámbar en el concurso apícola más importante del país realizado en Maciá, Entre Ríos. También obtuvo reconocimiento internacional una miel elaborada en Aluminé, que resultó ganadora en Apimondia, la mayor feria apícola del mundo.

 

Aunque la cata de mieles no es una actividad desconocida por estas latitudes, lo cierto es que queda mucho camino por recorrer en este sentido. Las experiencias encaradas con seriedad han quedado lejos en el tiempo, como la realizada hace unos cinco años atrás en Buenos Aires con la presencia de Lucía Piana, hija del mayor criador de abejas reinas de Europa.

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Fuente: Rio Negro

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