30 de noviembre de 2015 12:43 PM
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Cresta Roja: una crisis que surgió puertas adentro

Mucho se ha dicho y mucho se dice acerca de la reconocida empresa de la industria avícola, Cresta Roja, en los últimos meses. Rumores, sobran… Desde inversores brasileños, árabes, mexicanos, alemanes, españoles y, porque no, alguna firma local todos interesados en adquirir la compañía; hasta los que hablan de que, en realidad, los hermanos Rasic […]

Mucho se ha dicho y mucho se dice acerca de la reconocida empresa de la industria avícola, Cresta Roja, en los últimos meses. Rumores, sobran… Desde inversores brasileños, árabes, mexicanos, alemanes, españoles y, porque no, alguna firma local todos interesados en adquirir la compañía; hasta los que hablan de que, en realidad, los hermanos Rasic (titulares de la firma) estarían a la espera de una mega devaluación para licuar la deuda y remontar una vez más una empresa que supo liderar el mercado local y que hoy ocupa espacios centrales de medios gráficos, radiales, televisivos y digitales, por la caótica situación en la que se encuentra.

 

Se habla de un pasivo impositivo millonario, de evasión, de ventas marginales, de vaciamiento y de especulación.

 

 


¿Culpables?

Desde la empresa culpan al Gobierno de su desgracia y hacen referencia a subsidios no cobrados, a que fueron obligados por el entonces Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, a canalizar su producción por debajo de los costos, a exportar a Venezuela sobre una escala de precios poco atractiva y con un importante retraso en los pagos, y a un serio problema sindical dentro de la empresa.

 

Cuesta entender muchos de estos argumentos cuando la realidad indica que durante el gobierno kirchnerista la casi totalidad de empresas que integran el sector reflejó un crecimiento exponencial, promovido por un incremento en el consumo de carne aviar en el mercado interno, que pasó de 20 a 45 kilos por persona por año, que permitió la incorporación de nuevas estructuras para abastecer ese importante incremento de la demanda interna, y también externa -ya que el sector productor alcanzó récords históricos en sus exportaciones-, fomentó la creación de nuevos frigoríficos y, por supuesto, también se registró un notable aumento del volumen productivo.

 

Es ahí donde surge el interrogante acerca de que quizás, las razones que expliquen la crítica ¿y terminal? situación por la que atraviesa esta emblemática empresa de la industria avícola argentina, tengan que buscarse puertas adentro.

 

Probablemente, la seguidilla de decisiones desacertadas, la sustitución del profesionalismo en los Recursos Humanos por el “olfato”, un orgullo desmesurado que les impidió ver con claridad la realidad, y problemas internos que se remontan a heridas que nunca terminaron de cerrarse, hayan sido algunos de los ingredientes de este explosivo cocktail que terminó por detonar las fuentes de trabajo de miles de familias, que hoy generan caos en las calles de la City porteña, paralizan los accesos a capital a través de piquetes y aprovechan cuanto espacio púbico encuentran para expresar su enojo y desesperación frente a un futuro que, día a día, se torna cada vez más oscuro.

 

Sea cual fuere el desenlace de esta historia, ya nada volverá a ser como antes. Ni para los consumidores habituales de la marca Cresta Roja que vieron por televisión el sacrificio innecesario de millones de pollitos, ni para el sector que sufre -en mayor o menor grado- la pérdida de confianza por parte de sus proveedores y entidades crediticias, y mucho menos para esa familia de inmigrantes croatas que llegó al país sin absolutamente nada, creó un imperio a base de un admirable sacrificio, ocupó por décadas un liderazgo indiscutido en la industria avícola, supo codearse con los gobiernos de turno, tocó el cielo con las manos y ahora sólo la acompaña la vergüenza…

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Fuente: Agromeat

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