11 de diciembre de 2015 12:34 PM
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Fin de la «era K» arroja una luz de esperanza a la industria uruguaya

Pendientes de que Macri termine con las trabas proteccionistas y la escasez de divisas, las empresas son optimistas y esperan que hoy haya iniciado un nuevo capítulo de la relación bilateral.

Todo empezó con las bicicletas, en 2003. No podían ingresar a Argentina; el gobierno de Néstor Kirchner consideraba que no eran auténticamente uruguayas, sino originarias de China. La paradigmática controversia llegó hasta el tribunal arbitral del Mercosur. Y pese al fallo a favor para Uruguay, Argentina hizo oídos sordos.

 

Por ese entonces el de Motociclo parecía ser un caso aislado, pero era el primer episodio de una serie de medidas heterodoxas que acompañaron el proceso de sustitución de importaciones y el modelo proteccionista de la «era K» en el país vecino, que golpeó duro a la industria exportadora uruguaya.

 

Ahora los industriales buscan pasar la página. Tienen la expectativa de que ese capítulo se cierre con el traspaso de mando de Cristina Fernández de Kirchner al flamante presidente, Mauricio Macri, para poder darle otra oportunidad a ese destino de exportación.

«El proteccionismo empezó en las bicicletas y siguió en todo lo demás. Fuimos el primero al que Argentina le cerró la puerta», recuerda Leonardo Rozenblum, director de Motociclo. Con 180 operarios en la fábrica y la frontera bloqueada, la empresa decidió reconvertirse. Vendió las máquinas y empezó a operar en el rubro comercial importando electrodomésticos y empezó la apertura de locales en todo el país. La fábrica de bicicletas hoy es su depósito. Rozenblum repite lo que le dijo su hijo: «No podemos morir abrazados a las máquinas».

 

No todas lograron reconvertirse a tiempo. La Cámara de Industrias (CIU) lo consigna en su informe «Situación comercial con Argentina e impactos en la industria nacional», de agosto de 2015: «El sector industrial habría perdido 2.300 puestos de trabajo directos por mantener un comercio con Argentina plagado de restricciones durante los últimos años». Esto tuvo su correlato en una drástica caída de las exportaciones a ese país en relación al PIB y un aumento del déficit de la balanza comercial.

 

Los sectores industriales más afectados en cuanto al empleo fueron la fabricación de prendas de vestir, tejidos de punto, tejeduría, artículos de papel y cartón y plásticos. La vestimenta no logró recuperarse, de 10 empresas textiles que exportaban a ese país en 2007, este año lo hacen solo dos (Agolan y la cooperativa de trabajadores de Paylana), según los datos de CIU.

Góndolas sin aprietes.

En el sector alimenticio también hubo resonados casos, con huevos de pascua y turrones que llegaban a destiempo a góndola.

 

Pero más allá de las zafras, El Trigal tenía una fuerte corriente exportadora a ese destino y vendía directo a grandes cadenas de supermercados, como Jumbo, pero dejó de exportar en 2010, según las series de datos de la CIU. La demora en los permisos para ingresar la mercadería hizo que en alguna oportunidad debieran regresar los productos que de tanto esperar se vencieron antes de llegar a la góndola. Ahora la empresa espera con optimismo poder recuperar el mercado perdido, aunque sus directivos prefirieron no hacer declaraciones.

 

Monte Cudine fue otra afectada: vio suspendidas las ventas de sopas y arroz saborizado. Lo que más complicó a la empresa fueron los llamados que solía hacer el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, a las cadenas de supermercado para que restringieran las compras de productos importados que tengan un sustituto de industria nacional. Para cuando a fines de 2013 Moreno dejó el cargo a su sucesor, Augusto Costa, muchas industrias uruguayas ya habían perdido ese mercado.

 

Pero el fin de la «era K» reaviva la esperanza en Monte Cudine. «Obviamente, tenemos expectativa de que un nuevo gobierno cambie las políticas de comercio en Argentina y facilite el ingreso de productos uruguayos», dijo su director, Luis Bonomi.

 

Una señal de Macri que el sector industrial leyó como auspiciosa fue la designación del nuevo embajador en Uruguay a dos días de ganar las elecciones. Se trata de Guillermo Montenegro, un hombre de su riñón político, lo que se considera muestra de la importancia que dará el flamante mandatario argentino a la relación bilateral.

 

 

Atención a los clientes.

Algunas empresas lograron sortear con éxito las trabas argentinas, pero son cautas sobre el impacto que pueda tener el ajuste de una economía muy tensionada por la alta inflación, la escasez de reservas y la necesidad de sincerar el tipo de cambio oficial.

 

Una de ellas es AAK, una multinacional que fabrica en Uruguay grasas vegetales especializadas que son insumo para elaborar chocolates, panificados y golosinas. Este año fue la cuarta empresa que más exportó a Argentina (unos US$ 22 millones al 30 de noviembre, según datos de Uruguay XXI).

 

Aunque se vio afectada por las DJAI durante estos años, los plazos de demora eran menores que para otras industrias. La razón es que no existe competencia instalada en ese país que produzca esos insumos, explicó su director técnico y de operaciones, Martín Gil. «Sí teníamos efecto sobre la estructura de costos, porque terminábamos arrendando almacenes externos por el proceso de aceptación de las DJAI, pero no perdíamos el negocio», reconoció.

 

Ahora la incertidumbre gira en torno a cómo impactará la devaluación argentina en sus clientes. «Si se ven resentidos en sus finanzas, se puede ver reducida su demanda de insumos y afectarnos a nosotros», advirtió. Ilustró que si el dólar oficial, que cotiza en torno a 10 pesos argentinos pasara a valer 15 (valor aproximado del dólar blue), las empresas argentinas perderían poder de compra para importar. «Hay que ver qué herramientas de compensación está pensando el gobierno» y «si va acompañado o no en los remarques de precios locales de los productos de estas empresas», explicó Gil.

 

«Las perspectivas son positivas, pero estamos expectantes de ver cómo esa transición se supera. Ojalá sea relativamente corta y dure solo un trimestre», concluyó

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Fuente: El Pais

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