12 de diciembre de 2015 00:04 AM
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Crece la inversión en investigación agrícola en países emergentes

En Brasil, China y la Argentina, entre otros países, se incrementan los recursos para desarrollar la ciencia aplicada al agro, con eje en la biotecnología. El objetivo es aumentar la eficiencia en la producción.

La inversión en Investigación y Desarrollo (I&D) agrícola responde por 80% del alza de la productividad del agro norteamericano (1,8% anual desde 1948); y la inversión global ascendió a U$S 23.000 millones en 2000 (U$S 15.200 millones en 1981).

A partir de los ’90, los países emergentes –ante todo China, Brasil y la Argentina- comenzaron a invertir más en I&D agrícola que el mundo avanzado. Coincidió con la tendencia del traslado del eje de la producción agroalimentaria mundial a Asia y América Latina. China e India representaron 39,1% de la I&D agrícola emergente; y la República Popular invirtió 13,7% del total (India, 8,1% y Brasil, 4,4%).

 

Esta concentración de la I&D agrícola en los grandes países emergentes tiene como contrapartida que 80 países pobres de África Subsahariana y el sur de Asia, invirtieron sólo 6,3% del total, coincidente con su caída en la producción agroalimentaria global, que es sólo 5,8%. En los países de África Subsahariana, una de las regiones con mayores índices de desnutrición del planeta, la I&D agrícola está estancada desde 1990, con tendencia declinante.

 

En el G-7, el gasto en investigación científica y tecnológica creció 2,3% anual a partir de 1980, y disminuyó a 0,6% por año desde los ’90. Esta caída afectó directamente la productividad agrícola de Estados Unidos, Europa y Japón. Aun así, el mundo avanzado dispone todavía de 41% de la I&D agrícola mundial y una proporción superior de todo el gasto en I&D (70% o más).

 

En EE.UU., la I&D agrícola pública se realiza sobre todo a través de estaciones estaduales (SAES), que ejecutan 73,6% del total, con fondos federales crecientes. En los países del G-7, crece la intensidad en las investigaciones agrícolas, que se ha elevado a U$S 2,36 por cada U$S 100 de PBI agroalimentario a partir de 2000, mientras que fue U$S 1,41/U$S 100 en las dos décadas previas.

 

El resultado es que aumenta la intensidad de la investigación, mientras que disminuye la inversión en I&D. Esto acentúa su aspecto cualitativo, centrado en innovaciones de punta, que ratifican el papel de frontera tecnológica del agro norteamericano.

 

La población agrícola estadounidense es cada vez menor (2% del total en 2014) y sobre todo disminuye el número de productores directos (farmers), que ya son sólo 500.000.

 

Hay una correlación directa entre la disminución de la población en el agro norteamericano y el aumento de la intensidad en I&D agrícola. El gasto en I&D por unidad productiva (farmer) ascendió a U$S 692 en 2000, más del doble del gasto realizado en los 20 años previos.

 

El mundo avanzado concentra el 93% del total de la inversión agrícola privada, en tanto que en los grandes emergentes es 6%. La I&D privada crece continuamente en EE.UU.; y aumentó de 43,6% del total en 1981 a 53,9% en 2000.

 

La regla en la I&D agrícola es que sus productos se extienden por naturaleza más allá de la frontera de los países en que se origina.

 

El caso más notable es el de las semillas genéticamente modificadas (GM), que abarcan ya 70% de la producción mundial de granos, y cubrirían la totalidad del mercado en la próxima década.

 

El nivel de la I&D agrícola no es una cuestión técnica, sino esencialmente política. El status que alcance depende de la prioridad que le otorgue la acción del Estado, y es una cuestión estratégica para el horizonte de la economía argentina.

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Fuente: Clarin

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