30 de diciembre de 2015 06:13 AM
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EE.UU. y la UE replantean el comercio petrolero y agrícola

Aunque en los últimos días se registraron dos hechos que tendrán vasto efecto sobre la economía argentina, la sociedad y el periodismo no dan señales de digerir esa realidad.   Hasta la siempre ágil y sofisticada comunidad energética local parece sorprendida por la pieza legislativa que acaba de aprobar el Congreso de los Estados Unidos […]

Aunque en los últimos días se registraron dos hechos que tendrán vasto efecto sobre la economía argentina, la sociedad y el periodismo no dan señales de digerir esa realidad.

 

Hasta la siempre ágil y sofisticada comunidad energética local parece sorprendida por la pieza legislativa que acaba de aprobar el Congreso de los Estados Unidos para dar término a la prohibición de exportar petróleo crudo, una restricción ilegal, un cepo a lo Guillermo Moreno que fue aplicado durante más de cuarenta años para garantizar la ‘mesa del abastecimiento energético interno’ y subsidiar, a cara descubierta, los costos estadounidenses de producción, consumo y exportación.

 

Si no hay mayores tropiezos, la nueva medida devolverá rentabilidad a muchas de las moribundas firmas de petróleo y gas de ese país, a costa de hundir más la cotización internacional del petróleo, cuyo nivel ya tambalea entre los 35 y 38 dólares por barril.

 

La probable agudización del sobre-abastecimiento global que seguirá a estas decisiones, acerca de la que debieran opinar los expertos, no este columnista, sólo se detendrá cuando haya alguna racionalidad política en el manejo de los excedentes.

 

La presunta calma nacional alrededor de estos temas, cuyo efecto sobre la economicidad de yacimientos como los de Vaca Muerta y Los Molles es bastante obvia, no suena a material de festejo.
Tampoco se advierten reacciones locales o regionales apropiadas ante las genialidades que vienen concibiendo la Comisión de la UE y el Euro-Parlamento para dar cobertura legal a una medida que se orienta a prohibir las importaciones de Organismos Genéticamente Modificados (OGM’s) como la soja, el maíz y ciertos subproductos, eludiendo el respeto a las reglas internacionales que apuntan al uso obligatorio de principios y evidencias científicas.

 

Se trata de un ataque frontal a una parte sustantiva de las exportaciones agrícolas de naciones como Canadá, Estados Unidos, todos los socios tradicionales del MERCOSUR y nuestros amigos de Oceanía. Sería torpe creer que el actual debate interno en el Viejo Continente alberga el deseo de olvidar el tema. El esfuerzo sólo procura evitar la versión más cruda de las previsibles y tardías disputas legales que puedan encarar, a su debido tiempo, los gobiernos de las naciones perjudicadas.

El efecto demostración de esa política será muy gravoso. Por nota separada se discute la evolución del tema en territorio europeo. Ante estos reflejos, no es raro que los comentarios energéticos de Bloomberg.com, BBC, El País y otras publicaciones referenciales, pasaran sin pena ni gloria en nuestro medio.

La nueva pregunta que todo ello deja en pie es bastante elemental: ¿cómo habrá de evolucionar de aquí en más el precio del barril, cuando firmas como Exxon y sus pares iraníes entren con todo al mercado mundial? ¿Qué sucederá con el paulatino aumento de la tasa de interés que decidiera hace pocas horas la Reserva Federal?

El gustito a recesión global suena muy fuerte. El dólar a 1,08/1,10 EUROs ya es caro y, a la larga, siempre tiende a frenar el ritmo de expansión del comercio internacional de bienes y servicios.
A partir de estos hitos, sería bueno saber cómo hará Estados Unidos para lograr armonía entre su posible condición de proveedor estrella de la energía fósil y su compromiso moral de contribuir a la creciente eliminación de esa misma energía fósil en el siglo XXI, a la que los miembros de la comunidad internacional identifican como factor principal del Cambio Climático.

 

Por su parte, Exxon también deberá explicar a Washington por qué ocultó en forma fraudulenta las investigaciones que viene realizando desde 1970, en las que ya se anticipaba con claridad el vínculo entre la explotación de los combustibles fósiles y el cambio climático, conflicto que hoy supone una grave amenaza para la estabilidad de la empresa.
Resta enfatizar que las únicas señales ‘ambientalistas’ que dio el Congreso de Estados Unidos al aprobar el fin de este ‘cepito’ petrolero, son el nuevo subsidio de un dólar el galón para la producción del biodiesel que compite con la oferta de Argentina e Indonesia, así como sendas desgravaciones fiscales temporarias para la energía solar y eólica.

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Fuente: El Cronista

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