31 de diciembre de 2015 11:27 AM
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En la era Macri, el bife argentino va por su revancha en el mundo pero hay temor por los precios internos

Tras años de restricciones a las ventas al mundo y de malos niveles de rentabilidad, la carne con sello nacional perdió terreno fuera del país. Ahora, sin retenciones y con un tipo de cambio más competitivo, más empresas quieren dar el salto. ¿Lo sentirán los consumidores en los bolsillos?

Hasta el año 2009, la Argentina tenía un rol protagónico en el mercado mundial de la carne vacuna.

 

De hecho, ese año llegó a ubicarse como el cuarto mayor proveedor a nivel global, sólo siendo superada por verdaderos gigantes de la industria como Brasil, Australia y EE.UU.

 

Sin embargo, a partir de ese entonces, cuando la inflación comenzó a acelerarse, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, avanzó con el cierre de las exportaciones y con una fuerte intervención sobre toda la cadena para “inundar” el mercado interno y forzar los precios a la baja. 

 

Las consecuencias, fueron casi inmediatas. En primer lugar, la Argentina desapareció del ranking de los 10 principales exportadores a nivel mundial, tras se superada por países que casi no cuentan con tradición en el negocio de la carne, como es el caso de México o Bielorrusia.

 

En el plano local, los efectos de intentar mantener los valores desacoplados de la tendencia internacional fueron mucho más profundos que el hecho de haber caído del ranking internacional:

• En el camino se perdieron 12 millones de cabezas de ganado.

Cerraron más de 150 frigoríficos dedicados al negocio de la exportación.

• Se destruyeron más de 16.000 empleos generados por esta actividad.

• Prácticamente se congeló la llegada de nuevas inversiones desde el extranjero.

• Los precios de los cortes, que habían quedado “congelados” durante algunos años, se terminaron disparando por la escasez de hacienda. 

 

 

Así las cosas, la Argentina -que supo ser uno de los países líderes a nivel mundial en materia de comercialización-, hoy se encuentra en la insólita situación de no contar con suficiente ganado como para abastecer de manera simultánea la demanda interna y externa.

 

No sólo eso. Desde la propia administración macrista reconocieron que, para atenuar el salto de precios que está exhibiendo la carne en las góndolas, el Gobierno tiene en estudio importar cortes desde Uruguay, una verdadera afrenta para un país como la Argentina, donde el asado ha sido elevado a la categoría de “símbolo de la identidad nacional”. 

 

Lo paradójico es que, tal como reconoció el propio ministro de Agroindustria, Ricargo Buryaile, el abastecimiento debería llegar de una nación vecina que, con apenas un tercio de las cabezas de ganado, desde hace años está por encima en materia de exportaciones.

 

Y este año tampoco será la excepción. Según datos oficiales, entre enero y noviembre, los frigoríficos argentinos realizaron envíos por el equivalente a u$s1.030 millones. Como contraparida, los establecimientos uruguayos concretaron ventas al mundo por u$s1.330 millones durante ese mismo período.

 

 

 

Las causas de los aumentos
El ministro Buryaile admitió que la promesa electoral de Cambiemos sobre la liberación de la exportación de carne y la quita total de retenciones a ese sector provocó que los productores retuvieran la producción y esto derivó en una fuerte suba de precios. 

 

Incluso, justo antes de dejar su cargo como ministro de Economía, Axel Kicillof atribuyó los aumentos de la canasta básica y de la carne en particular a la “reacción” de los empresarios “ante los anuncios de Macri”.

 

“Las firmas acomodan los precios a lo que estiman será la realidad económica. Y el Gobierno entrante generó expectativas muy desfavorables“, advertía Kicillof antes de dejar el poder.

Aclaró además que la decisión de liberar exportaciones y eliminar retenciones iba a terminar atentando contra la “mesa de los argentinos”. 

 

La política de restringir ventas al mundo, imponer sistemas de cupos y aplicar derechos de exportación fueron las herramientas predilectas del kirchnerismo para tratar de domar los valores en el mercado interno. 

 

Sin embargo, para referentes del sector como Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de Industrias de Carnes (CICCRA) fueron medidas que “terminaron jugando en contra, porque llevaron a que se desplomara el stock de ganado vacuno y se dejara de invertir”.

 

Esto, bajo su óptica, terminó convirtiéndose en un verdadero “efecto boomerang” ya que los precios, que durante años permanecieron pisados, luego terminaron incrementándose por escasez de oferta. 

 

En definitiva, la eventual necesidad de tener que importar carne es vista desde el sector como una consecuencia de la política del “cepo exportador” y de una “fiesta de precios” distorsionados que llegó a su fin.

 

 

 

Incrementos, por las nubes 
Buryaile explicó que “los productores decidieron retener el ganado para engordarlo. El mercado interno requiere un animal entre 300 y 330 kilos y la demanda internacional pide unos 100 kilos más por cabeza”.

 

Así, tras los cambios en el valor del dólar y con el fin de las retenciones, más criadores prefirieron retirarse del negocio doméstico y apostar a la exportación, con lo cual los precios terminaron subiendo en las góndolas.

 

Las subas se aceleraron de manera sostenida a partir de diciembre, llevando a que algunos cortes vacunos experimentaran saltos de entre el 45% y el 65% en comparación con el mismo mes de 2014.

 

El vacío fue uno de los que más se encareció en los últimos doce meses: de tener un precio de casi $80 por kilo, en los últimos días pasó a comercializarse en las góndolas a un promedio de $130 (+64%).

 

En el caso de un corte popular como el cuadril, de costar unos $79, su valor se disparó hasta los $125, lo que representó un salto del 60%. 

 

Entre los cortes premium figura el lomo, con un precio en góndolas cercano a los $150 promedio, un 44% por encima del registro de diciembre de 2014, si bien en algunos supermercados, como Coto o Jumbo, esta misma pieza fraccionada se comercializa a una cifra cercana a los $180 por kilo (ver cuadro).

 

 

Frente a este encarecimiento, algunos consumidores memoriosos recuerdan la “profecía” que lanzara el dirigente de Federación Agraria, Alfredo De Angeli, quien a mediados de 2008 había afirmado que aquellos que quisieran comer lomo iban a tener que pagarlo a $80 el kilo. 

 

Esa cifra, que en aquellos momentos causó indignación en buena parte de la población, siete años después fue superada largamente, dado que en la actualidad el valor se ubica un 90% por encima. 

 

Como contrapartida, los precios de carnes sustitutas, como es el caso del pollo o del cerdo, se movieron muy por debajo de la evolución de los cortes vacunos. 

 

 

¿A qué responde esto?

• En el caso del cerdo, que se encareció un 30%, influye el hecho de que la Argentina no es un país que cuente con autoabastecimiento, de modo que desde hace tiempo parte de la demanda debe cubrirse con importaciones, provenientes principalmente desde Brasil.

 

• En lo que respecta a la carne aviar, si bien en los últimos días su precio se aceleró por el aumento del maíz –insumo principal de los criaderos- y por la crisis de Cresta Roja, la segunda avícola del país, lo cierto es que las subas se vieron atenuadas por la pérdida de competitividad y la cancelación de compras por parte de Venezuela, que llevaron a que durante buen tramo de 2015 haya sobreoferta en el mercado doméstico. 

 

 

¿Puede esperarse un boom exportador? 
Las medidas tomadas por el macrismo -en pos de liberar el mercado de alimentos y suprimir las restricciones- fueron muy bien recibidas por el sector agropecuario. 

 

Así como el Gobierno eliminó los Registros de Exportación (ROE) Verdes para las ventas al mundo del trigo y maíz, también hizo lo propio con los ROE Rojos, que imponían un freno a los despachos al exterior de cortes vacunos.

 

La visión oficial es que esta medida, sumada a la quita de retenciones, redundará en más inversiones en el sector y en un mayor dinamismo para criadores y frigoríficos, lo que permitirá recuperar cabezas de ganado e incrementar la oferta. 

 

Referentes de esta industria coinciden en que las condiciones y las perspectivas han mejorado. Según un relevamiento realizado por los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA), el optimismo se está viendo reflejado en la evolución esperada del rodeo, dado que cerca del 65% de las empresas ganaderas planea aumentar el stock en los próximos meses.

 

Sin embargo, referentes de esta industria reconocen que el salto exportador no será inmediato y que lograr que la Argentina vuelva a pelear entre los cinco principales jugadores a nivel mundial requerirá de un trabajo de al menos tres años. 

 

Schiaritti afirmó a iProfesional que “las condiciones para los productores han mejorado sustancialmente. El problema es que no hay suficiente stock de carne para que se produzca un boom de exportaciones. Faltan por lo menos 3 millones de novillos pesados y se debe aumentar el peso de los animales que se envían a faena”.

 

En cuanto a los plazos, el directivo señaló que para empezar a normalizar la cadena, primero habrá que recomponer stocks, lo que requerirá de un año intenso de trabajo, siempre y cuando haya buenos precios y se mantenga la rentabilidad en el sector.

 

El último relevamiento del mercado mundial de carnes, realizado por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y que es tomado como referencia a nivel global, prevé que la Argentina exportará en 2016 el equivalente a 265.000 toneladas. 

 

Si bien esta previsión implica la mejor mejor marca desde 2011, representa una tasa de crecimiento más bien pesimista, dado que no alcanzaría para que el país regrese al top 10.

 

De darse este escenario, la Argentina seguiría ubicándose bastante por debajo de naciones como México, Canadá, Uruguay o Paraguay, entre otras (ver cuadro).

 

 

En caso de cumplirse esta proyección, el “bife argentino” representaría menos del 3% del comercio global, muy por debajo del 2009, el último gran año, cuando supo equivaler más del 8% del total. 

 

Para que la Argentina regrese al top 10, entonces las ventas externas deberían dispararse un 50% el año próximo y superar así con holgura las 300.000 toneladas. 

 

Desde el IERAL plantean que en un escenario de esa naturaleza, los frigoríficos deberían volcar unas 100.000 toneladas extra al negocio de la exportación.

 

Si se produce ese salto y se estima un crecimiento de la producción de carne del 2% para 2016, esto implica que la disponibilidad de cortes para el mercado interno se achicaría y esto repercutiría en los precios y, por ende, en el consumo per cápita. 

 

En efecto: de un nivel de casi 60 kilos por habitante en este 2015, se pasaría a un registro cercano a los 58 kilos promedio por persona, lo que retrotraería a los niveles más bajos desde el 2011, al tiempo que, según el IERAL, esa menor oferta por el resurgimiento del negocio de exportación “presionaría sobre los valores en el mercado interno”.

 

 

Sin embargo, desde el sector plantean que el impacto sobre los precios de venta al público no debe analizarse bajo la óptica de que las ventas al mundo compiten con la “mesa de los argentinos“, como pretendió imponer el discurso kirchnerista al justificar el cierre de las fronteras.

 

Más bien, el sinceramiento de precios es, justamente, una consecuencia de haber pretendido desacoplar las cotizaciones en el mercado local de las variables externas.

 

Lo que queda en claro es que, para que el bife argentino vuelva a formar parte de los principales jugadores del mundo –como ocurría hasta 2009- y que el negocio de exportación no genere tensiones en el plano local, se requerirá de un mínimo de dos años de trabajo, en un marco de reglas de juego claras y buenos niveles de rentabilidad.

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Fuente: iProfesional

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