31 de diciembre de 2015 01:19 AM
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Uruguay : Faltan 313 días

La llegada al fin de un año habitualmente nos convoca a realizar balances anuales y tomarnos unos minutos para intentar pronosticar qué nos deparará el año siguiente. Creo que todos estaríamos de acuerdo si decimos que esto se parece más a una convención generalizada y no al producto motivos técnicos. En este sentido uno de […]

La llegada al fin de un año habitualmente nos convoca a realizar balances anuales y tomarnos unos minutos para intentar pronosticar qué nos deparará el año siguiente. Creo que todos estaríamos de acuerdo si decimos que esto se parece más a una convención generalizada y no al producto motivos técnicos.

En este sentido uno de los temas que será tratado en el próximo Congreso Mundial de la Carne en Punta del Este será las tendencias de mercado, haciendo énfasis en la utilidad de los pronósticos económicos y las proyecciones de producción de las distintas carnes. La prensa y los actores de las cadenas de producción están ávidos por noticias que les indiquen que tan bien estarán las cosas durante los próximos 365 días. ¿La demanda seguirá firme? ¿Los competidores producirán más o menos? ¿Los precios caerán o subirán? Todas preguntas que siempre encuentran una respuesta, mal o bien hay quienes vuelcan su experiencia y conocimiento a intentar vaticinar el futuro inmediato.

La palabra clave de este oficio es la prospectiva, definiéndose como el conjunto de análisis y estudios realizados con el fin de explorar o de predecir el futuro en una determinada materia. Los análisis y estudios refieren a lo pasado, abarcando la interacción de áreas técnicas, científicas, políticas, económicas y sociales. Por tanto, predecir supone conocer estas áreas, su interacción y poseer la habilidad de advertir cómo influirán sobre el futuro.

Entonces, cuando preguntamos cómo lucirá el año entrante en materia de carnes, suponemos que quién nos contesta es experto en técnicas de producción e industrialización y conoce a ciencia cierta si algún actor ha encontrado o encontrará formas más eficientes de producción. También suponemos que está al tanto de los descubrimientos de la ciencia y cómo pueden afectar las formas conocidas de producción. En materia de políticas apostamos a que este bien informado de los movimientos de los gobiernos de países relevantes. En cuanto la económica, es lo que habitualmente tenemos en mente y suponemos el dominio de este campo. En lo social, es común asociarlo sólo a los hábitos de consumo más que a la trama de producción.

Cabe cuestionarse si la prospectiva es una ciencia exacta y si debemos esperar que siempre se cumplan las proyecciones, buenas o malas. Seguramente existen más argumentos a favor de que no sea una ciencia exacta. En este punto la tentación de olvidarnos de las proyecciones es alta, sin embargo antes que esa sensación nos gane vale la pena explorar dos aspectos importantes: el período considerado en la toma de decisiones y el riesgo que estamos dispuestos a asumir.

Las proyecciones de corto plazo, como son las de un año, son las menos inciertas y parecerían ser útiles para imaginarnos escenarios de negociación. ¿Quién tendrá mayor poder de negociación, el comprador o el abastecedor? ¿Cómo eso impactará en la cadena de producción de la que soy parte? ¿Las rentabilidades de ganaderos y frigoríficos tienen movimientos sincronizados? ¿Cómo juegan los minoristas en la punta de la cadena? En general a grandes trazos mayor demanda y mayores precios resulta alentador, pero no suficiente para explicar buenos y malos años. Cabe recordar que las fluctuaciones de corto plazo son la fuente de las especulaciones en un negocio dónde los precios son determinantes en la rentabilidad de las empresas.

Las proyecciones de mediano plazo son más inciertas, pero son las que determinan en mayor medida las decisiones de inversión. ¿Es estructural el mayor consumo de proteína animal? ¿Todas las carnes tienen la misma capacidad instantánea de respuesta para aumentar la producción? Finalmente, las proyecciones de largo plazo terminan repitiendo una y otra vez que seremos 9.000 millones de habitantes en el 2050, así como su consecuencia obvia: habrá que alimentar más personas.

Todos podemos recordar ocasiones en que las proyecciones no han resultado como fueron anunciadas y hasta incluso dónde la realidad se comportó exactamente en sentido contrario. Todo esto hace que sea necesario debatir sobre la utilidad de las proyecciones, sobre que hemos aprendido de los errores cometidos, sobre qué nivel de certidumbre poseen y sobre cuáles son los factores que pueden “cambiar el juego”. Ya no se trata sólo de anticipar el futuro, sino más bien de saber si somos capaces de entender cómo funciona este negocio, lo cual discutiremos exactamente en 313 días (www.wmc2016.uy).

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Fuente: Observa

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