2 de marzo de 2016 02:01 AM
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Expertos corroboran que el país controla descarga y exportación de tiburón

COSTA RICA : ◾Consultores internacionales de Cites realizaron el diagnóstico ◾Sugieren mejorar el registro digital y poner seguimiento satelital a barcos

Aunque están sujetos a mejoras, los mecanismos implementados en Costa Rica permiten asegurar la trazabilidad de las aletas de tiburón; esto quiere decir que las que se descargan en los muelles son exactamente las mismas que se exportan.

Así lo reveló un diagnóstico realizado por consultores independientes contratados por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), quienes inspeccionaron en el país, tanto la flota artesanal y palangrera, como el mercado nacional y aduanas.

Ese diagnóstico forma parte de un proyecto piloto que, a su vez, responde a la necesidad de comprobar ‘in situ’ lo dicho por dos estudios sobre trazabilidad de productos de tiburón comisionados por la Secretaría de Cites. De esta forma, los mismos autores de los informes fueron quienes hicieron el diagnóstico que escogió a Costa Rica como proyecto piloto en reconocimiento a su liderazgo al proponer la inclusión del tiburón martillo en la convención.

En ambos reportes se enfatiza la necesidad de enlazar la trazabilidad a un proceso de certificación de origen que sea legal, lo que idealmente derivaría en un sistema de documentación de captura.

Para Heiner Lehr, experto en trazabilidad y autor del diagnóstico, la pesquería de tiburón requiere mecanismos de control que sean robustos, pero que no impidan el comercio.

Los resultados se presentaron en la reunión del Memorando de Entendimiento sobre Conservación de los Tiburones Migratorios, realizada en Costa Rica, y provocaron reacciones tanto de felicitación como de cautela ante la información divulgada.

Controles en el proceso. La trazabilidad en la flota palangrera empieza en el mar cuando el capitán del barco toma datos de la faena de pesca. Se anotan las coordenadas del sitio de captura, temperatura, tipo de suelo marino, número de lances, largo de la línea, cantidad de anzuelos, tipo de carnada, cantidad de especímenes capturados y especies. También se apunta el número de zarpe autorizado por Capitanía de Puerto.

Para Lehr, esa información incluso podría aprovecharse para otros propósitos. “Hay diferentes formas de calcular reservas (stocks) de especies y una de esas es a partir de unidad de esfuerzo”, dijo el experto.

“Para calcular poblaciones, el problema que tenemos es que son especies altamente migratorias. Por esa razón, las evaluaciones de reservas no pueden ser realizadas solo por Costa Rica, sino que debe ser un esfuerzo entre países a nivel del Pacífico oriental tropical, que es donde se mueven estas especies”, comentó Antonio Porras, director general técnico del Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca).

En tierra, las descargas de tiburón se hacen en muelles públicos (cinco en el Pacífico y uno en el Caribe) ante un inspector del Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca). Los animales deben ser descargados con sus aletas adheridas.

“En Costa Rica, los inspectores son muy experimentados en identificación de especies. Tampoco es algo tan complicado, porque no hay muchas especies que se comercializan”, señaló Lehr.

Durante el desembarque, el funcionario llena el Formulario de Inspección de Desembarque (FID), el cual tendrá que firmar también el capitán del barco.

En ese FID se detallan las especies, cantidades, peso de los vástagos y peso de las aletas.

“Las aletas se venden aparte porque no siguen los mismos caminos comerciales. Una parte de lo pescado va a exportación y es muy controlada, la otra va al mercado nacional y es menos controlada”, detalló Lehr.

Todos los desembarques de tiburón son inspeccionados por un funcionario de Incopesca. | CORTESÍA DE JOSÉ MIGUEL CARVAJAL /INCOPESCA

Todos los desembarques de tiburón son inspeccionados por un funcionario de Incopesca.

 

En cuanto a la carne, este experto alemán logró seguirle la pista hasta el Centro Nacional de Abastecimiento y Distribución de Alimentos (Cenada).

En cambio, la exportación de aletas es más controlada. Hay dos empresas exportadoras que compran el producto según lo que dicen los FID y lo clasifican por especies, tipo y tamaño. Una vez secas, se colocan en sacos numerados que especifican, igualmente, especie, tipo y tamaño.

Para exportar, la empresa debe presentar la factura comercial, el FID, la factura de compra y el comprobante de pago (canon).

El Departamento de Mercadeo de Incopesca relaciona ese permiso de exportación con los respectivos FID. “Se sabe exactamente de qué FID provienen las aletas de ese saco y se lleva un control de cuánto adquiere un comprador. Así pueden hacer un balance”, afirmó Lehr a La Nación.

En aduanas se vuelve a revisar la documentación y esta se acompaña de una inspección. Se verifica que las especies para exportar sean permitidas, se revisan los FID, y como las aletas se exportan secas, se convierte el peso especificado en el FID a peso seco.

Según comprobó Lehr, se llega al punto de vaciar todos los sacos al 100% para comprobar las especies y el peso de las aletas.

“Como experto de trazabilidad a nivel internacional, me parece que este es un proceso excelente. Lo que se aplica a la flota palangrera es mucho mejor de lo que he visto en otros países. Es un proceso exhaustivo en sus controles y eso lo vuelve lento, pero realmente se hace una inspección al 100%”, comentó Lehr.

Por mejorar. Para el especialista en trazabilidad, el proceso aún requiere ajustes que lo mejoren.

Su primera recomendación es equipar toda la flota palangrera tica con el Vessel Monitoring System (VMS), lo cual permitirá dar seguimiento satelital a las embarcaciones. Incopesca cuenta con la plataforma, pero falta financiamiento para ampliar la cobertura al 100% de los barcos.

“Nos interesa mucho tener cobertura satelital de todas las embarcaciones, incluyendo la flota de pequeña escala”, comentó Antonio Porras, director general técnico de Incopesca.

La segunda recomendación es digitalizar todo el proceso y contar con un sistema de consulta en línea que permita a las autoridades de aduanas, por ejemplo, consultar los FID con solo un clic.

“También tenemos que asegurar procesos de control interno”, reconoció Porras.

Para Lehr, la pesquería de tiburón en Costa Rica podría alcanzar tal nivel de regulación que podría aspirar a una certificación de sostenibilidad, como las otorgadas por la organización internacional Marine Stewarship Council (MSC).

“La certificación además permitiría pagar mucho mejor el pescado”, añadió.

Pero, para que esto suceda, el científico alemán sugiere restablecer el diálogo entre actores.

“El problema en este momento es el enfrentamiento de la sociedad civil y el sector privado. Encuentro difícil que una entidad internacional certifique una pesquería en Costa Rica, aunque esta fuera sostenible, solo por el simple hecho de que los actores están tan enfrentados”, alegó.

“Con los sectores, y a raíz de este proyecto, se acordó crear una mesa redonda –que se reunirá el 7 de marzo en Puntarenas– para establecer el diálogo, entendiendo que es un proceso y hay que tener paciencia. También se debe comprender que tanto las especies tienen razón de sobrevivir, como los humanos, por lo que se debe encontrar el equilibrio”, manifestó Lehr. La información recopilada en Costa Rica servirá al grupo dedicado a la trazabilidad que se reunirá en setiembre próximo en el marco de la conferencia de las partes de Cites, a celebrarse en Sudáfrica.

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