5 de marzo de 2016 02:30 AM
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En China se acelera la migración del campo a las grandes ciudades

En el 2030, en el gigante asiático el 75% de los habitantes se concentrarán en “megaurbes”. Es un 25% de la población que abandonará las zonas rurales en 15 años.

La relación entre el nivel de ingresos de la población urbana china (52% del total) y la rural es 3 a 1, y la diferencia se reduce, en un plazo muy largo (30/40 años). Por eso la mejor y más rápida forma de que los campesinos aumenten significativamente su nivel de vida es que dejen de serlo, y se conviertan en urbanos.

 

De ahí la aceleración de la migración interna, a través del traslado de 300 millones de campesinos del campo a las ciudades en 15 años. En 2020, la población urbana sería 60% del total, y 75% diez años después, hasta alcanzar a 1.000 millones en 2030, con tareas en servicios e industria.

 

El objetivo en el sector rural es superar el sistema de pequeñas unidades productivas (0,5 hectáreas en promedio), y sustituirlo por grandes unidades de producción, gestionadas por consorcios de capitales incluso extranjeros, capaces de utilizar tecnología de avanzada, con una especialización creciente en la producción de carne de cerdo, lácteos, aceites, frutas y hortalizas, destinada a abastecer las grandes ciudades, donde la clase media emergente (320 millones ahora/680 millones en 2020) posee gustos cada vez más diferenciados y exigentes.

 

La población urbana encabeza el proceso de transición dietaria (vuelco al consumo de proteínas cárnicas), lo que provoca un aumento todavía mayor de las importaciones de granos para la alimentación animal (soja, harina de soja, maíz), proveniente sobre todo de EE.UU. y América del Sur.

 

A medida que la migración interna se acelera y disminuye la población rural, se acentúa el desmantelamiento de la política de subsidios, regulaciones, y precios sostén con que el gobierno ha sustentado históricamente la producción de granos, hasta responder por 30% o más de los ingresos campesinos.

 

El objetivo de estas medidas es esencialmente político, no económico. Ante todo garantizar la seguridad alimentaria, colocándola exclusivamente en fuentes internas.

 

El resultado es que los productores agrícolas chinos se vuelcan hacia los productos de mayor valor agregado (carnes, lácteos, aceites, frutas y hortalizas) y abandonan la producción de granos.

 

China es el eje del mercado mundial de agroalimentos y lo que sucede allí domésticamente reformula las tendencias globales.  FAO/OCDE estiman que las exportaciones mundiales de granos se duplican en los próximos diez años, y que más de 70% de ese incremento corresponde a los granos para la alimentación animal.

 

Lo que está sucediendo en el campo chino provoca una modificación estructural irreversible en su producción agroalimentaria, y tiende a disminuir, y en el horizonte a eliminar, la producción doméstica de granos.

 

Esto modifica la distribución espacial de la producción de agroalimentos en el mundo. Lo que surge en el horizonte es el hecho fundamental de que la masa de la demanda de granos en China no es más producida domésticamente; y que sus importaciones de harina de soja, soja y maíz modifican su naturaleza por su magnitud, y se transforman en producción de granos para el mercado chino realizada en el exterior, sobretodo en el Mercosur.

 

Lo propio de la globalización es que tiende a desaparecer la diferencia entre lo interno y lo externo, el adentro y el afuera, hasta perder todo significado el atributo “nacional” de la producción.

 

Lo que suceda en los próximos 15 años en el agro chino es absolutamente crucial para la producción de granos en el mundo.

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Fuente: Clarin

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