7 de marzo de 2016 11:16 AM
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Se acabó el tiempo para el sector lechero: el gobierno macrista deberá decidir si salva de la quiebra (o no) a la mayor parte de los tambos

Primer desafío agropecuario en serio para Mauricio Macri.

Uno. La Pyme láctea La Azotea –localizada en la localidad bonaerense de Navarro– tiene un pequeño local comercial en el barrio de Almagro de la ciudad de Buenos Aires en el cual ofrece queso Reggianito estacionado a un precio de 166 $/kg. A pocas cuadras de ahí grandes cadenas de supermercados venden Reggianito –no estacionado– de grandes industrias lácteas en un rango de valores de 250 a 273 $/kg.

Dos. Pampa Cheese, empresa láctea localizada en Progreso (Santa Fe) entre cuyos accionistas figura el actual secretario de Comercio Miguel Braun, está comercializando queso Mozzarella al precio de costo para sacarse de encima stocks del producto (lo que permite ver ese queso en góndolas de supermercados porteños a un valor final de ¡apenas 69 $/kg!).

Tres. En el último año los tamberos perdieron más de nueve puntos en la participación final de los principales productos lácteos. La industria tiene que afrontar costos laborales crecientes, fletes carísimos y precios internacionales horribles. Los supermercados, mientras tanto, aplican una marcación promedio del 65% sobre los productos lácteos para contribuir a la lucha contra la inflación (que es del 35,1% según el IPC San Luis).

No es lo mismo morirse de hambre en soledad que rodeado de gente que come bien. La cadena láctea está destruyendo valor en todas las naciones lecheras del mundo porque los ingresos generados no alcanzan a cubrir los costos.

La primera cuestión es cómo se redistribuyen esas pérdidas entre los diferentes eslabones: de manera proporcional o bien a los empujones por la fuerza del más grandote. En la Argentina dos de los integrantes de la cadena lechera aún no enteraron de que existe una crisis en el sector: el Estado (que sigue cobrando el mismo nivel de impuestos) y el sector supermercadista (que no resigna márgenes de utilidad haciendo valer su poder concentrador).

La segunda cuestión reside en contar con un programa de ayuda estatal. En EE.UU., por ejemplo, desde agosto de 2014 el gobierno estadounidense brinda a los tamberos la posibilidad de acceder a un ingreso mínimo a través de un programa denominado Margin Protection Program (MPP).

En la Argentina también existe un programa que asegura ingresos mínimo. Pero para el sector petrolero con un subsidio doble que se aplica tanto para el crudo vendido en el mercado interno como en el externo.

Si esa misma política de subsidios se aplicara, por ejemplo, al sector lechero, la compensación destinada a tamberos sería de 1,70 $/litro en lugar de 0,40 $/litro. Y la industria exportadora láctea recibiría un valor FOB de al menos 3300 u$s/tonelada por cada tonelada de leche en polvo entera colocada en el exterior (en lugar de los actuales 2237 u$s/tonelada).

Los tamberos están sobreviviendo por medio de la liquidación de activos (fundamentalmente vacas). Los orígenes del proceso de descapitalización se iniciaron en el (des) gobierno kirchnerista. Pero el problema explotó ahora en la gestión de Mauricio Macri.

Los encargados de manejar la caja en la gestión macrista consideran que la lechería no es un sector estratégico para la Argentina. Lo mismo pasó con la ganadería algunos años atrás. Y se desencadenó un genocidio vacuno que liquidó decenas de frigoríficos y miles de empleos. No aprendieron nada.

Ezequiel Tambornini

Fuente: Valor Soja

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