11 de marzo de 2016 23:20 PM
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Inédito: en el granero del mundo, los argentinos comerán hamburguesas hechas con carne importada de Uruguay

Fuentes de la industria confirmaron a iProfesional que en breve los frigoríficos comenzarán a traer los primeros contenedores con carne picada. Si bien para algunos puede ser doloroso que en la "nación del bife" se tenga que pedir ayuda a países vecinos, para el Gobierno ayudará a contener precios.

Contra todos los pronósticos que barabajan en el equipo económico, la inflación estuvo muy lejos de desacelerarse y sigue sin darle tregua al Gobierno de Mauricio Macri.

 

Los números preocupan y mucho al titular del Palacio de Hacienda, Alfonso Prat Gay.

 

Según el último relevamiento difundido por diputados de la oposición en el Congreso, el índice de precios se disparó un 4,8% en febrero, llevando a este indicador a un nivel cercano al 35% para los últimos doce meses.

 

Son cifras que pueden convertirse en más fuego para la hoguera, justo en la antesala de las negociaciones paritarias más relevantes.

 

Las amenazas a los productores de alimentos y a supermercados con la aplicación de multas, ante comportamientos especulativos, no alcanzaron para domar a un indicador cada vez más desbocado.

 

Tampoco sirvieron los anuncios sobre exhaustivos controles en las góndolas y hasta la presentación de una novedosa app para que sean los propios consumidores los que comparen precios y elijan los comercios más convenientes.

 

Ante la falta de resultados concretos, y frente al riesgo de que el costo de la canasta básica siga afectándolo en términos políticos, Macri está aplicando el pragmatismo más puro para intentar contener el alza de los alimentos. ¿Su respuesta al problema? No sólo abrir, sino hasta promover las importaciones de alimentos estratégicos. 

 

En esta primera etapa, el foco está puesto en la carne, un componente fundamental en la dieta de los argentinos y cuyo precio se está viendo alcanzado por un contexto en el que los niveles de faena y de producción vienen en baja, debido a que más productores –ante la mejora en la rentabilidad- están decididos a retener animales y a recomponer stocks.

 

Hace unos días, el SENASA, dependiente del Ministerio de Agroindustria, y el Gobierno de Uruguay, firmaron una serie de protocolos sanitarios que habilitaron el ingreso de carne y ganado –para engorde o faena-, desde el país vecino.

 

Y si bien en un primer momento se pensaba que el negocio iba a estar en la compra a la nación charrúa de animales en pie para incrementar los niveles de stock, la novedad es que los primeros cargamentos van a llegar en forma de carne picada. 

 

Tal como adelantó a iProfesional el presidente del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas, Mario Ravettino, “en los próximos días estarán llegando al país los primeros embarques, que estarán destinados a los frigoríficos elaboradores de hamburguesas”.

 

“Se están analizando las muestras para garantizar la sanidad y la inocuidad de este producto, que es de riesgo sanitario sensible. Luego van a empezar a llegar los primeros contenedores refrigerados”, confirmó el directivo.

 

Ravettino destacó que esta apertura del mercado argentino para materia prima destinada a la producción de hamburguesas en el país es inédita y “no tiene antescedentes históricos”. 

 

“Sería la primera vez que la Argentina importe este tipo de carne desde Uruguay para esos fines”, agregó.

 

Ravettino celebró la medida -que surgió como iniciativa del Gobierno para abastecer exclusivamente al mercado interno- “porque servirá para paliar un problema como es el de los precios”.

 

Para los frigoríficos uruguayos la apertura del mercado local puede representar una oportunidad clave para incrementar sus ventas al exterior, que por cierto tienen mucho margen para crecer.

 

Cabe destacar que en 2015, de los más de u$s1.700 millones que exportó el país vecino bajo el rubro cárnico, la Argentina apenas representó un 0,3% de ese total, con operaciones por u$s4,5 millones (ver cuadro).

 

 

 

 

Un negocio que mueve millones
Miguel Schiaritti, presidente de la Cámara de la Industria de la Carne (CICCRA), explicó que lo que se va a importar no es la carne picada tal como la conocen los consumidores, sino que son pequeños cortes que técnicamente se conocen en el sector como trimming.

 

“El trimming es lo que utilizan los frigoríficos para hacer hamburguesas y es el resultado de los recortes. Es decir, lo que queda cuando se divide la pieza en cortes anatómicos y se emprolijan las divisiones. Está conformado por carne en un nivel que va del 70% al 80%, mientras que el resto es grasa”, explicó el experto.

 

El hecho de que los argentinos tengan que comenzar a comer hamburguesas hechas a partir de materia prima de otro país no es un tema menor.

 

Este negocio es sumamente estratégico y tiene alto impacto en la canasta básica: cada año, en la Argentina se producen cerca de 183 millones de medallones.

 

Además, según un relevamiento de la consultora Kantar Worldpanel presentado recientemente, el 51% de los hogares compró hamburguesas el último año.

 

Esta categoría es liderada por la compañía Quickfood, que tiene el 29% del mercado, de la mano de su gran punta de lanza: la marca Paty, mientras que Swift llega al 26% de los hogares. 

 

 

 

Una medida controvertida
Muchos consumidores seguramente sentirán como una “estocada” en el orgullo el hecho de que, en uno de los países más afamados por la calidad de su genética vacuna y por el sabor de sus bifes, tenga que servirse en las mesas carne con “ADN” extranjero.

 

Sin embargo, en el macrismo no sólo no ocultaron los protocolos sanitarios firmados con las autoridades del gobierno de Tabaré Vázquez, sino que hasta defendieron públicamente la posibilidad de abrir el mercado nacional a los cortes y al ganado del país vecino.

 

Por lo pronto, el objetivo es convertir el “operativo importación de alimentos” no ya en una falencia del Gobierno actual, sino presentarla como una herencia de las pésimas políticas agropecuarias implementadas durante el kirchnerismo.

 

Esta estrategia, por cierto, contrasta con la que imperó en tiempos de Cristina. De hecho, a mediados de 2013 se supo que el entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, impidió que un molino argentino importara 25.000 toneladas de trigo para abastecerse de harina.

 

Ni en pedo te autorizo”, fue el grito que le lanzó el controvertido funcionario al dueño de la compañía para ponerle fin a una operación que ya estaba cerrada.

 

Ahora, la decisión adoptada por Macri de abrir las fronteras para que los frigoríficos ingresen libremente carne desde el Uruguay hasta es vista con buenos ojos por analistas y parte del sector agropecuario. 

 

Esto, en un contexto en el que la ganadería local necesita recuperarse tras años de políticas desacertadas, que incluyeron cierre de exportaciones y la imposición de precios bajos, que quitaron incentivo a la producción y redujeron el stock.

 

En diálogo con iProfesional, Javier Cao, analista de Abeceb, consideró que “importar ganado o carne hasta resulta lógico por la situación que está atravesando esta actividad en el país”.

 

Por el lado de los costos, los frigoríficos tienen que pagar el kilo de hacienda en pie en el Mercado de Liniers a $22, casi 50% más que en febrero de 2015 (ver cuadro).

 

 

No sólo influyó la devaluación. También la menor oferta.

 

“En los últimos años, la mayoría de los países productores pudo incrementar el nivel de stock. La Argentina, si bien logró una leve recuperación, todavía está muy lejos de los volúmenes que supo manejar”, indicaron desde Abeceb.

 

Cabe destacar que el último récord se alcanzó en 2007, cuando se contabilizaba un rodeo de casi 59 millones de cabezas. 

 

El punto más crítico se dio en 2011, luego de que el Gobierno de Cristina Kirchner negara sistemáticamente permisos de exportación para provocar un desplome de los precios en el mercado interno y así reducir el impacto de este alimento esencial en los valores de la canasta básica. 

 

En ese entonces, la Argentina pasó a tener 47,9 millones de animales, un derrumbe de casi 11 millones en apenas cuatro años (ver cuadro).

 

 

Cao consideró que “recuperar el stock es un proceso que lleva su tiempo, demandará por lo menos tres años. En ese lapso, habrá que ampliar el período de engorde de cada animal y faenar menos ganado. Para que el sector pueda volver a exportar y haya un equilibrio habrá que aceptar una menor producción, menos oferta y más impacto en los precios”.

 

“Por eso, en términos de consumo interno, la medida de permitir el ingreso de carne o ganado desde el exterior. Asi, mientras el sector puede recuperarse y volver a los volúmenes históricos, se descomprime la presión sobre los valores en los comercios”, agregó.

 

Según un informe de CICCRA, entre enero y febrero se enviaron a faena 1,88 millones de cabezas, lo que implicó casi 90.000 animales menos que en igual período del año pasado, lo que redujo la oferta.

 

De acuerdo con la entidad, en términos históricos, la performance sectorial del primer bimestre de 2016 fue una de las diez peores de los últimos 40 años. 

 

El efecto achique de la oferta se hizo sentir en el consumo, principalmente de la mano de la suba de precios que viene sufriendo la carne en los mostradores de las carnicerías.

 

Según un relevamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA), entre febrero de 2013 y el mismo mes de este año, los cortes más populares experimentaron alzas que promediaron el 150%, muy por encima de las mejoras salariales acumuladas en igual lapso. 

 

Uno de los productos más emblemáticos, como el asado, hoy se puede conseguir en algunas carnicerías a casi $105 el kilo, cuando hace apenas tres años valía $40.

 

El lomo, en los comercios más baratos, hay que pagarlo cerca de $155 por kilo (en algunos supermercados, embalado y con marca, su valor se dispara a los $200). De cualquier modo, el precio actual supera con creces los $62 que costaba en 2013 (ver cuadro).

 

 

Esto está llevando a que la presencia de la carne en la mesa de los argentinos se vea cada vez más limitada.

 

De hecho, para este año, desde CICCRA estiman que el consumo per cápita bajará a 54,6 kilos.

 

De confirmarse, será el segundo peor registro desde el 2002 (ver cuadro).

 

En este contexto, Ravettino consideró que la llegada de carne uruguaya para abastecer a los frigoríficos locales “contribuirá a hacer frente a la contingencia de precios”. 

 

Está en carpeta que a los embarques de carne picada con fines industriales se le sume en breve la llegada de ganado en pie, ya sea para faena directa como para engorde.

 

Por ahora, no hay un número preciso de cuántas cabezas se le podrían comprar a Uruguay mensualmente.

 

En la industria hay quienes aseguran que el país vecino está en condiciones de abastecer a la Argentina con unos 30.000 a 40.000 animales por mes.

 

Sin embargo, Schiariti consideró que el rodeo uruguayo no es tan elevado como para propiciar un boom de exportaciones hacia este mercado, porque terminaría afectando a sus propios consumidores. 

 

Por lo pronto, los frigoríficos locales ya se preparan para recibir los primeros contenedores refrigerados con carne importada. 

 

De modo que en muy poco tiempo, las hamburguesas que se ofrezcan en las góndolas de alimentos congelados dejarán de ser 100% nacionales y pasarán a tener un porcentaje de materia prima uruguaya.

 

En una nación que fue considerada como uno de los mayores “granero del mundo”, hay consumidores que verán este giro del destino con una mezcla de asombro y hasta decepción.

 

Para el Gobierno y una parte de la cadena ganadera, representa una solución lógica y pragmática tras años de políticas que diezmaron la actividad

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Fuente: Iprofesional

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