21 de marzo de 2016 15:41 PM
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Una regla contra la “sencillología”

•En INTA Oliveros ajustan el Manejo Integrado de Plagas como técnica para disminuir el uso de químicos, bajar costos y mejorar la renta agrícola con un plus ambiental. También es una alternativa para salir del apremio que significa la expansión de plagas resistentes. Al paradigma químico oponen una visión integral y menos costosa

La comodidad a la que el avance tecnológico acostumbró a chacareros y asesores se transformó en un arma de doble filo que -sobran pruebas al respecto- ya se está volviendo en su contra. El paradigma químico instaló la noción de que cualquier problema es controlable con “algo para echar” en el cultivo, generando una serie de efectos indeseados: desde la resistencia de malezas o plagas al principio activo hasta el incremento de los costos, que achica márgenes y obliga a elevar rendimientos para no perder dinero. En este proceso, además, se perdió de vista la dimensión ecológica de la agronomía, entendida como la relación con la naturaleza. Sin embargo, esta podría ser la salida a la encrucijada que hoy vive la agricultura.

Así lo entiende el equipo de entomólogos del INTA Oliveros, quienes trabajan en el ajuste del Manejo Integrado de Plagas (MIP), una técnica que disminuye la dependencia de agroquímicos -no plantea eliminarlos, sino reducir el uso a lo estrictamente necesario- a partir de saber con certeza, por ejemplo, el umbral de daño de una plaga o cuales son los organismos “benéficos” (hongos, insectos) que por sí mismos las controlan y así evitar el uso de productos que los dañen innecesariamente.

“Nosotros logramos reducir entre 3 y 5 aplicaciones de insecticidas en cultivos de soja bajo MIP respecto de un manejo común del productor”, reveló a Campolitoral -durante una jornada técnica- la ingeniera Evangelina Perotti, responsable del área, que integran dos profesionales y tres auxiliares técnicos, más el reconocido investigador Juan Carlos Gamundi, como “profesional asociado”. También remarcó la importancia de mejorar el uso de fungicidas, que se usan preventivamente “por calendario”, eliminando hongos muy eficientes para el control de ácaros, trips y desfoliadoras como anticarsia gemmatalis (oruga de las leguminosas) y rachiplusia nu (medidora).

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Dupla líder. Juan Carlos Gamundi y Evangelina Perotti conducen los trabajo sobre MIP en INTA Oliveros.

Umbrales multiplaga

Gamundi -quien hasta su reciente jubilación dirigió el equipo de entomólogos de Oliveros- ratificó que las nuevas tecnologías aumentan los rindes y hacen más rentable a la agricultura, pero advirtió que “eso nos lleva a un mayor uso de los insumos” que, según el grado de racionalidad del productor o de ética de los profesionales, hará “sustentable o no” el sistema.

Perotti explico que el concepto de MIP va de la mano de la agroecología, pero integra distintas tácticas y los químicos son una más. “No decimos no hay que usarlos, sino utilizarlos cuando se justifica”, aclaró. Lo que ocurre en la realidad -explicó- es que “la gente maneja la plaga queriendo conocer sólo de la plaga; y el tema es que hay que conocer también el cultivo, cómo funciona”. De ahí que las mediciones se realizan sobre la reacción de la planta ante distintos niveles de daño, ya sea desfoliación, en el caso de las orugas, o incidencia en la capacidad fotosintética de succionadores como trips o arañuelas.

Uno de los conceptos en estudio es el de umbral de daño multiplaga: “actuar en el mismo momento sobre las hojas (como en el caso del trip y la desfoliadora), está causando dos daños: uno es la pérdida del área foliar y el orto es cuando el trip se encarga que se fotosintetice lo que queda. Entonces, si nos manejamos con los antiguos umbrales de daño, estoy subvaluando el mismo. Mostramos cómo ajustar esos nuevos umbrales, cómo interpretar la dinámica de las plantas, y qué estrategias podemos manejar”, agregó Gamundi.

Perotti amplió la idea, al explicar que “cuando se presentan dos plagas que inciden en distintos órganos, como pueden ser desfoliadoras y chinches, no hay impacto sobre los rendimientos; pero si tenemos más de una plaga que afecta un órgano y produce un daño indirecto, como desfoliadoras más trips más ácaros o MOR (Mancha Ojo de Rana), encontramos pérdidas superiores a las que genera cada una de esas plagas manejadas por sus umbrales”.

Gamundi explicó que algunos cambios culturales, como la incorporación de cultivares de ciclo más corto o un menor espaciamiento, influyeron en la dinámica de las plagas. “Surgieron plagas nuevas, otras viejas se han ido, como el caso del barrenador del tallo; pero la idea es que la situación actual muestra cultivares con mayor susceptibilidad, tanto para chinches, orugas desfoliadoras y también trips”, aseguró. Y explicó que las tres plagas actúan en forma simultánea en R5 sobre distintos órganos del planta, y en el período más crítico, las tres se juntan. “Los cual hace que el monitoreo y las técnicas de muestreo tengan que estar bien hechas, porque sino el productor tiene una pérdida oculta de rendimiento de la que no se da cuenta”.

Hasta el momento se sabía que manejando cada plaga por debajo del umbral no hay pérdida. Pero ahora la cuestión es saber qué ocurre cuando esas plagas se dan en el mismo ciclo y se usa el umbral de cada una. El daño es sinérgico, un concepto sobre el que aún no hay bibliografía a nivel mundial. “Proponíamos los umbrales de daño y ahora vemos que cuando combinamos más de uno la incidencia sobre los rindes son mayores”, indicó Perotti.

Cuidado con los hongos

Otro enfoque de los investigadores es preservar a los benéficos para optimizar el control biológico de las plagas y disminuir el uso innecesario de químicos. Perotti explicó que, por eso, no utilizan mezclas de insecticidas, ya que “en muchas hay uno de los componentes que está innecesariamente, no hace nada o está para bajar la población de otra plaga que no es blanco en ese momento”. En tal sentido remarcó que “el productor tira más moléculas de las que necesita y no hay ningún producto que le permita controlar todo lo que va a tener durante el ciclo; si la emboca con una plaga para la otra no, es muy difícil; se tiene que dar la superposición de plagas justo en el umbral como para que se justifique una mezcla”.

Perotti amplió la idea y reflexionó sobre el control de enfermedades de fin de ciclo (EFC), cuyo tratamiento preventivo se instaló en los productores “y hoy no hay quien no haga aplicaciones por calendario”. Desde la visión del MIP -además de tener un mayor costo- “como está probado, los fungicidas que se están utilizando afectan al complejo de entomopatógenos que regulan las poblaciones naturales de desfoliadoras y las de trips (hoy la plaga más importante en la zona) y son los que mejor control hacen”.

Concretamente se ven afectados los Entomophthorales, una familia de hongos que controlan ácaros, trips y desfoliadoras, y que están muy afectados por las estrobirulinas y los triazoles, los principios activos más usados contra EFC. “En general, los ingenieros se manejan mucho con recetas y las presión que tienen de las empresas es mucho más fuerte que la extensión que podemos hacer nosotros”, reflexionó. Incluso admitió que, entre los entomólogos, hacen autocrítica porque las complicaciones con las malezas son más visibles que las generadas por insectos resistentes. “Nosotros no tenemos buenos esponsors”, bromeó.

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Buenos amigos. El uso indiscriminado de fungicidas impide que el control biológico de los hongos de la familia Entomophthorales se realice con éxito.

¿Sirve el Bt?

El otro aspecto que incorporaron en sus ensayos los técnicos de Oliveros, y que está creciendo, es el tema de los cultivares transgénicos Bt. Su principal objetivo es controlar las desfoliadoras, y eso lleva implícito que para tener éxito, hay que usar refugios. Pero diferencia del maíz, en la soja hay que hacer aplicaciones para otras plagas, como trips, desfoliadoras, ácaros, chinches “que hay que manejar e intervenir”, dijo Gamundi, quien explicó que se plantean si la soja Bt es una solución. Aclaró que tiene pros y contras. Un beneficio es que “se interviene con menos insecticida, sobre todo para las desfoliadoras, aunque no son éstas contra quienes usamos los insecticidas más serios”. En chinches -afirmó- se usan productos con mayor impacto ambiental. Y el uso de refugio implica que “si antes manejaba 100 hectáreas, ahora se usan 80/20, el trabajo es el doble, y se tiene que hacer bien, porque si se hace mal el refugio, se juntan la desfoliadora más el trip”.

Considerado una eminencia en la materia, Juan Carlos Gamundi sostuvo que “un plan B es lo que venimos pregonando desde hace 40 años”, en referencia al MIP. “Hoy no existe otro sistema que integre los aspectos ecológicos y económicos. Conociendo la plaga, conociendo los ciclos donde aparece, y los mejores productos a utilizar, logramos tener los mismos rendimientos con una marcada disminución del impacto ambiental”, dijo, y explicó que se logran los mismos rendimientos con la mitad del impacto ecológico, respecto del manejo tradicional del producto que hace el productor. “Por ejemplo, la mayoría usa mezclas -como en el caso del control de chinches- que en muchos casos no tienen razón de ser. Sirven para la empresa que los fabrica que mezcla dos de sus productos que más rédito le dan, y se obtiene un control, pero están subdosificados los dos”, denunció. Y apuntó al uso de neonicotinoides, seriamente cuestionados en el mundo “y que con el tiempo pasará lo mismo que con el endosulfán y otros”. Como es un muy buen sistémico, amplió, se absorbe por la raíz de malezas y cultivos por igual y va directo al néctar, del cual también se alimentan muchos enemigos naturales. “Si podemos manejar la plaga con un solo producto ya estamos ganando en impacto ambiental y es más económico”, concluyó.

Una ecuación que no cierra

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El especialista Juan Carlos Gamundi apuntó contra el paradigma de la tecnología de insumos en la agricultura moderna y advirtió que “no es sustentable”.

Primero recordó que se ha verificado que el uso del refugio es casi nulo con el maíz Bt, por fallas en los organismos de control, en la conciencia de los usuarios y por la manía de buscar la “sencillología”, en referencia a la pereza en la que han caído muchos asesores. Luego, haciendo un análisis global, afirmó que el modelo exige más intervenciones con insumos químicos (fertilizantes, herbicidas y fungicidas). Y advirtió: “pero esto no es sustentable porque desde el punto de vista energético, por ejemplo, para producir 1 Kcal. (kilocaloría) de maíz hacen falta 10 Kcal. de insumos, de los cuales la mayoría proviene del petróleo”. En ese sentido, recordó que EE.UU., el mayor productor mundial, “gasta más energía de la que obtiene como valor energético del maíz”. En ese país, agregó, el mayor uso de la atrazina “ya presenta algunos problemas de contaminación de las napas en el cinturón maicero y ellos lo tiene, mapeado porque tiene serios problemas para la salud humana”.

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Fuente: El Litoral

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