18 de junio de 2016 11:44 AM
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En el NOA: ¿Puede existir un desierto de agua salada?

La alta tasa de desmonte en el noroeste del país está íntimamente relacionada con el veloz ascenso de las napas, las inundaciones y la degradación de los suelos. ¿Existe algún manejo sustentable para revertir esta situación?

En el Chaco Semiárido, el ascenso de napas con agua salada provoca un grave deterioro de suelos y ecosistemas. Una investigación llevada a cabo entre la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) mostró que este problema depende del balance entre la superficie desmontada, las distintas capacidades de bosques y cultivos para transpirar agua del suelo, el momento en que caen las lluvias y la existencia, o no, de cobertura vegetal del suelo.

La conclusión es inequívoca: los cultivos no compensan la capacidad de los bosques perdidos para absorber el agua del suelo y devolverla a la atmósfera. De no implementarse un manejo adecuado en el marco de un ordenamiento territorial, las consecuencias podrían ser graves.

De no implementarse un manejo adecuado en el marco de un ordenamiento territorial, las consecuencias podrían ser graves.

“Los bosques funcionan como grandes bombas: toman el agua del suelo y la transpiran a la atmósfera a través de sus hojas. Al desmontar, los productores quitan esa vegetación para implantar cultivos, que a pesar de que funcionan de manera parecida a los bosques, sólo están presentes una parte del año.

Eso significa que existen pequeñas ventanas de tiempo en las que la precipitación llega al suelo y, al no haber una cobertura vegetal, infiltra y va directo a las napas, provocando que asciendan”, explicó Laura Amdan, docente del departamento de Métodos Cuantitativos de la FAUBA al sitio de divulgación científica Sobre la Tierra.

La investigadora comentó que este proceso de recarga y ascenso de napas se da no sólo en el Chaco Semiárido sino también en otras llanuras como la Pampeana. Sin embargo, en los ecosistemas secos es común que los suelos contengan gran cantidad de sales en profundidad, lo cual agrava las consecuencias.

En el caso del Chaco Semiárido, luego de casi 40 años de agricultura sobre desmonte, el proceso de ascenso de agua es evidente y en algunos casos, especialmente en zonas con riego, el agua ya se encuentra cerca de la superficie.

“Bajo agricultura continua, las napas siempre ascienden. La velocidad de este proceso puede variar según el tipo de suelo, pero nunca se detiene. Cuando finalmente llegan a la superficie, el agua se evapora y las sales quedan sobre el suelo. Este es un problema muy serio ya que una vez alcanzado ese punto pierde sentido pensar en cambiar la cobertura con pasturas u otras plantas: un sistema salinizado pierde definitivamente su capacidad para producir alimentos”, señaló Laura.

Una característica de una región desmontada es, según Amdan, la de dejar superficies con bosque desperdigadas entre áreas de agricultura. Su investigación demostró que el efecto de bombeo de esos retazos de bosque es local y no alcanzaría para compensar la recarga que ocurre en las partes cultivadas.

“En términos de sustentabilidad del ecosistema, nuestros resultados indican que la agricultura no puede convivir con los montecitos a su alrededor. Tarde o temprano, los montes también se verán afectados por el ascenso de agua y sales.

Una desventaja de esto es que ya no se podría pensar en realizar una modificación regional para decidir dónde se puede desmontar y dónde no, porque no se puede compensar territorio. Una eventual ventaja es que quedaría en mano de los productores el destino que quieran para sus tierras. Obviamente, en un marco de legislación nacional sería distinto. A priori, no habría un diseño de paisaje posible que permita amortiguar este proceso”, puntualizó la investigadora.

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