21 de octubre de 2016 12:40 PM
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La política granaria mundial y las decisiones del Gobierno chino

A la fecha, la población urbana china representa el 52% de la total y su gobierno pretende elevarla al 75% en 2030

La mayor proporción de producción de cereales y oleaginosas está concentrada en no más de cinco países que cubren las necesidades del planeta y que han logrado que crezca lo suficiente como para eliminar el hambre, el cual persiste por interferencias políticas.

A nivel mundial, la producción asciende a unos 1.650 millones de toneladas para atender la demanda de 7.240 millones de personas a un promedio de 22,8 kilos por habitante al año. Habría que sumar otras 850 mil toneladas de maíz para la alimentación de los ganados vacuno, lanar y porcino.

En el caso de China –el país más poblado de la Tierra–, con su producción autóctona no cubre su mercado interno por la concurrencia de varios factores. El principal es el agotamiento que sufren las tierras rurales, lo que provoca una progresiva reducción en el promedio por hectárea.

Esa situación lo obliga a importar en grandes cantidades, aunque prefiere depender lo menos posible de Estados Unidos (principal productor y titular del mayor cupo de exportación). Por ello está tratando de estrechar su relación con los demás exportadores, entre ellos, Argentina.

El veloz crecimiento chino (9,7% anual durante el decenio 2003 a 2013) fue afectado por la extensa recesión mundial, pues en 2015 registró una tasa de “apenas” siete por ciento, con tendencia ligeramente descendente.

En la actualidad, Argentina puede atender la demanda de 440 millones de habitantes y en 2020 podría ser de 760 millones, si las cosechas crecen al mismo ritmo con que lo hicieron durante los primeros 15 años de este siglo.

 

 

El gran éxodo

A la fecha, la población urbana china representa el 52 por ciento de la total y su gobierno pretende elevarla al 75 por ciento en 2030. Ello equivale a reducir el porcentaje de campesinos del 48 al 25 por ciento, por lo que en 15 años disminuirían de los 658 millones actuales a sólo 345 millones.

Esto implica el traslado de más de 20 millones de personas por año. De esa forma se habrá consumado el máximo éxodo en la historia de la humanidad. Esa epopeya se viene estudiando desde hace bastante tiempo, y lo más sorprendente es que se redujo el plazo de ejecución a la mitad de años previstos.

Esta vez, las autoridades chinas no mezquinaron detalles que permiten valorar dicha proeza de forma cabal. Se distingue la previa reeducación de quienes estén involucrados para que luego accedan a actividades industriales urbanas o a prestación de servicios.

En cuanto al sector agropecuario, le proveerán de equipos y maquinarias de última generación que hoy no poseen debido al exceso de población rural. También mejorarán sus viviendas.

No debe olvidarse que su meta es equiparar la producción por habitante a la cima mundial y prevén que en 2030 cumplirán con las metas fijadas.

 

 

Objetivos suplementarios

Hoy los trabajadores urbanos chinos perciben ingresos tres veces superiores a los rurales, pero esa notable diferencia de estatus deberá desaparecer, en idéntico plazo, para los más de 300 millones que se mudarán a las áreas urbanas.

En cuanto a los 50 millones seleccionados –por ser los más aptos a ese fin– para permanecer en zona rural, tendrán como premio que sus salarios se equiparen a los urbanos, siempre que logren eliminar las pequeñas unidades.

Se hará al efecto lo que se considere indispensable para impulsar la producción de carnes, en especial de cerdo, además de los lácteos, aceites, hortalizas y frutas, hasta estar en condiciones de cubrir todas las necesidades de la incrementada población urbana.

Está previsto que en forma paralela se vayan reduciendo, hasta ser eliminados en el transcurso de los próximos cinco años, los subsidios que hoy rigen.

Estas decisiones se tomaron en Beijing en el marco de un esquema de perfeccionamiento y mayor racionalización de su economía, pero es indudable que generará efectos a nivel mundial por su gran magnitud.

A ello debe sumarse la necesidad de sanear, durante una década, alrededor de un quinto de sus tierras agotadas, lo cual ofrece a los productores de nuestro país una oportunidad única, que sería muy importante no desperdiciar.

Por Salvador Treber – Profesor de posgrado en Ciencias Económicas (UNC)

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Fuente: La Voz del Interior

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