24 de octubre de 2016 12:03 PM
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Rebelión sojera: alivio light en retenciones da lugar al mayor recorte de la superficie sembrada en la historia

Dime cuánto pagaré por derechos de exportación y te diré a qué tipo de cultivos le daré prioridad. Este parecería ser el lema de muchos productores que dejan de volcarse al "yuyito" para migrar al maíz y al trigo. Varios analistas celebran. Datos que confirman cómo cambió el "poder de compra"

La soja y sus derivados conforman el principal complejo exportador de la Argentina.

 

Mauricio Macri lo sabe muy bien. Pero quien más disfrutó de sus bonanza, cuando su precio “volaba” por encima de los u$s650 por tonelada -casi el doble que hoy en día- fue el anterior gobierno.

Durante años, la oleaginosa supo ser el gran sostén del modelo económico que puso en práctica el kirchnerismo.

Fue denostada por la entonces presidenta Cristina Kirchner, cuando en un acto público la tildó de simple “yuyito”, o cuando la asociaba de manera directa a los “piquetes de la abundancia”, en plena guerra con el campo, allá por 2008.

Incluso, desde el oficialismo hasta se acusó a los productores rurales de poner en riesgo la “mesa de los argentinos” por dejar de plantar trigo y maíz para así volcarse a la soja, que ofrecía una mayor rentabilidad, si bien la “caja verde” se beneficiaba ampliamente con su precio récord.

La superficie destinada a la oleaginosa, principalmente debido a que las operaciones de exportación nunca estuvieron intervenidas –como sí sucedió con los demás granos, que durante años sufrieron la aplicación de cupos-, creció de manera exponencial.

En las últimas cuatro campañas, superó las 20 millones de hectáreas en promedio, el doble de lo que ocupaba justo antes de que se iniciara la era kirchnerista.

Si bien en la última década la soja alternó algunas altas y bajas, básicamente por temas climáticos, la llegada del macrismo trajo un cambio inédito: dos entidades como la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), así como el Ministerio de Agroindustria, prevén una importante baja del área sembrada con esta oleaginosa para el ciclo que se está iniciando.

El dato, por cierto, impacta: la perspectiva es que en esta campaña que acabade arrancar se plantarán entre 500.000 y 600.000 hectáreas menos que en la previa.

De confirmarse este escenario, y para ponerlo en perspectiva, nunca antes en la historia de la Argentina se había dado semejante caída de superficie, según se desprende de los propios registros oficiales, una base de datos que recolecta información desde el año 1969.

El siguiente cuadro permite apreciar cómo la perspectiva que plantean tanto el Gobierno como dos de las entidades más representativas del comercio de granos muestran una contracción inédita en cuatro décadas.

 


 

Desde la entidad con sede en Rosario, indicaron que “la nueva campaña se soja va por unas 19,6 millones de hectáreas. Se trata de unas 600.000 menos que el año pasado”.

En tanto, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, plantea un escenario bastante similar: prevé que la oleaginosa dejará de ocupar medio millón de hectáreas. 

Pero estos campos no quedarán sin cultivar: ambas entidades estiman que la mayor parte será ocupada con otros cultivos, principalmente el maíz.

¿La principal razón? La abismal diferencia en el nivel de carga impositiva que existe entre la soja y el resto de los granos respecto del inicio de la campaña de 2015, es decir, en épocas en que todavía estaba el kirchnerismo en el poder .

“Las modificaciones sobre el marco regulatorio registradas desde finales del año pasado han generado un escenario alentador para los cereales, como trigo y maíz, promoviendo un aumento en sus respectivas áreas cultivadas”, confirmaron desde la BCBA.

Cabe destacar que los ruralistas que apuesten por estos dos granos actualmente están desafectados del pago de derechos de exportación.

En cambio, la soja quedó con un nivel de retenciones del 30% para los productores de la zona núcleo, mientras que el nivel pasará a ser 5 puntos más bajo pero sólo para quienes cultiven en las áreas más alejadas de los puertos.

Esto implica que los mayores incentivos impositivos estarán en campos con menores rindes, donde la rentabilidad de quienes alquilan está demasiado acotado. De modo que los expertos no prevén que esta quita parcial sea suficiente para revertir este retroceso de la soja.

 

 

 

Una decisión con trasfondo político
El hecho de que se produzca una caída tan fuerte del área, mientras se espera un fuerte repunte de otros cultivos, como trigo o maíz, marca un cambio de tendencia que había sido anticipada por el propio Gobierno de Macri, en una declaración que casi pasó desapercibida.

A fines de diciembre, el ministro de Agroindustria, Ricargo Buryaile, afirmó casi al pasar que para este nuevo ciclo iba a ser “más negocio producir maíz que soja”. 

El funcionario se alegró de esta tendencia por el impacto positivo que iba a tener sobre la tierra.

“Hemos extraído nutrientes porque la política del gobierno anterior era soja sobre soja, porque le interesaba el campo como un productor de recursos fiscales“, señaló, en una crítica a la política agropecuaria del kirchnerismo. 

En el fondo, hay una verdad técnica en estas declaraciones: un monocultivo que se prolonga a lo largo de los años termina impactando negativamente en la calidad de la tierra, le quita fertilidad y, a la larga, esto se paga con menores rindes y menor producción.

Pero las declaraciones del ministro fueron también una premonición de lo que vendría: el alivio impositivo a la soja no iba a ser tan profundo como había prometido el macrismo en un inicio.

Sucede que, en un contexto en el que está en pleno debate la pérdida del poder adquisitivo y que indicadores muy sensibles como el de la pobreza vienen de exponer la realidad de manera tan cruda, para el Gobierno no había un terreno político propicio para avanzar con una quita extra. 

De algún modo, así como en su visita a la Argentina el líder de la Casa Blanca, Barack Obama, le había aconsejado a Macri avanzar con las reformas de manera rápida, ahora, el mensaje que le llega desde el sector financiero y el arco empresario es muy diferente.

Para el mercado, la prueba de fuego es la consolidación del proyecto macrista en las elecciones legislativas del 2017.

Por eso es que desde prácticamente toda la dirigencia rural no hubo mayores críticas a la decisión del oficialismo de dar medio paso atrás en su baja de retenciones a la soja.

Eduardo Buzzi, ex titular de Federación Agraria, hasta llegó a calificar esta medida como “una buena noticia”, en medio de tantos indicadores que lucen delicados.

“Las cosas en materia agropecuaria han mejorado. Me parece que hay una prematura demonización de que este es el Gobierno del ajuste”, apuntó.

En tanto, Dardo Chiesa, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), sostuvo que, en función de los datos de pobreza publicados estas últimas semanas, el sector no puede mirar hacia otro lado.

 

 

 

Baja la soja, “explota” el maíz

 Según la última proyección trazada por la BCBA, el área total destinada a la soja será de 19,6 millones de hectáreas, por debajo de las 20,1 millones logradas en la campaña pasada. 

En este contexto, la entidad prevé una campaña de 53 millones de toneladas, unas 3 millones menos que en el anterior ciclo (ver cuadro).

 

El Ministerio de Agroindustria también acaba de difundir su primera estimación de siembra de soja 2016/17, según la cual prevé una caída del área del 2% respecto del período anterior.

El Gobierno estima que se ocuparán 20,1 millones de hectáreas. Si bien se trata de un área superior a la que traza la BCR y la BCBA, igualmente implica una fuerte contracción del orden del medio millón de hectáreas, que pasarán a ocuparse mayormente con maíz, la gran “estrella”. 

La superficie con este cereal se incrementaría en más de 1 millón de hectáreas (alza interanual del 20%), lo que redundará en 36 millones de toneladas más de granos, casi 30% por encima del ciclo pasado, permitiendo más que compensar el volumen que dejaría de aportar la soja el año próximo.

 

De confirmarse el dato, sería la mayor campaña maicera de la Argentina en toda su historia (ver cuadro).

 

Desde el INTA, el ingeniero Juan Pablo Ioele, fue más allá y vaticinó que si el clima acompaña y en los campos se aplica el paquete tecnológico adecuado, “nos vamos encontrar con una cosecha histórica y récord a escala país de 40 millones de toneladas de maíz”.

De darse estas cifras, la Argentina, después de muchos años, podría volver a ocupar el segundo lugar como mayor exportador de este cereal del mundo, desbancando de su posición a Brasil. 

Este incipiente proceso de “desojización” tiene una causa principal: el gran diferencial de retenciones que pesa sobre uno y otro cultivo.

Así, quien hoy apueste por el cereal en lugar de la soja, encontrará un mayor abaratamiento en términos relativos respecto de los costos de los insumos principales.

Así las cosas, hoy se necesita un 54% menos de quintales de maíz para adquirir 100 litros de combustible. En el caso de la soja, se requiere de un 33% menos. 

En tanto, si un chacarero necesita adquirir un tractor, entonces deberá destinar un 46% menos de toneladas de maíz para comprar una unidad de 100 HP. La caída es 23 puntos mayor que en el caso de la soja.

Además, hoy se necesita un 50% menos de volumen del cereal para comprar una Toyota Hilux respecto del año pasado, frente a una baja del 29% menos en el caso de la soja (ver cuadro).

 

 

Para el experto en el mercado de granos, Gustavo López, el manejo oficial de la comunicación de la política fiscal hacia el agro fue “desprolija”: “Lo mejor hubiese sido no anticipar una posible baja. En todo caso, si después había terreno para hacerlo, se avanzaba”.

Respecto de por qué no hubo un reclamo más virulento por parte del agro tras la negativa a avanzar con una baja generalizada de 5 puntos hacia todos los productores de soja, López sostiene que “hubo un componente puramente político”

“Ir a pelear por pretensiones adicionales, en un contexto de pobreza como el que quedó planteado, no hubiese tenido asidero. En ese sentido, hubo una actitud responsable de la dirigencia”, afirma.

 

 

 

Menos soja, menos caja
Según las proyecciones de la BCBA, la histórica caída en la superficie de soja no se va a traducir en una contracción de la producción de granos, gracias a la mejor respuesta del trigo y maíz.

En total, se espera una campaña récord de 111 millones de toneladas, frente a las 106 millones alcanzadas en la campaña anterior.

 

 

El punto central es que la menor preponderancia que tendrá la oleaginosa, que es el único cultivo todavía gravado con retenciones, terminará redundando en una menor recaudación.

Según estimaciones en base a las proyecciones de las cámaras y en función de los precios futuros, los ingresos por derechos de exportación del sector agrícola se estiman en unos u$s4.200 millones.

Serían unos u$s600 millones menos respecto del año pasado.

Cabe destacar que en 2011, en momentos en que todos los cultivos tenían retenciones y la soja sobrepasaba los u$s500 por tonelada (hoy ronda los u$s350), el campo le había dejado a la “caja” del Gobierno cerca de u$s9.000 millones. 

En aquellos años, los derechos de exportación llegaron a representar casi 15% de la recaudación total, mientras que en estos últimos se llegó a ubicar por debajo del 7%.

En diálogo con iProfesional, Fernando Baer, director de la consultora Bconomics, sostiene que el combo que conjuga menores precios y alivio impositivo al agro “está generando una importante pérdida de participación de los granos en el total recaudado”.

“En años de bonanza, los ingresos por el agro llegaron a representar más de 2 puntos del PBI. Hoy, con suerte, equivalen a 0,8 puntos. Estamos hablando de un retroceso del 60%”, señala.

Sin embargo, así como la soja se había convertido en la “maquinaria” que mantenía con vida al andamiaje del modelo K, en medio de otras fuentes de financiamiento cerradas, hoy en día este ocaso en el que entró la oleaginosa no es motivo de alarma oficial, como sí ocurrió en el pasado.

“A diferencia de la gestión anterior, cuando con el mercado de deuda cerrado y el financiamiento monetario `ilimitado` faltaban dólares y sobraban pesos, con el cambio en el esquema de financiamiento y el nuevo régimen monetario ahora ocurre lo contrario: sobran dólares“, señala un informe del Estudio Bein.

Para Baer, la soja representa “menos de un punto del PBI en término de ingresos, en momentos en que el Gobierno tiene necesidades de financiamiento que llegan a los 10 puntos del producto. La mayor parte de dichas necesidades se estarán cubriendo vía endeudamiento, transferencias del BCRA y lo que pueda aportar el blanqueo”.

“Para el Gobierno no pesará tanto la menor entrada de dólares por retenciones, en tanto y en cuanto esto ayude a traccionar la economía”, señala el economista, quien considera que este mayor dinamismo igualmente redundará en una mayor “caja” vía impuestos internos.

De hecho, un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que sólo durante el primer semestre del año se registraron operaciones de compraventa de cosechadoras, tractores, sembradoras e implementos agrícolas por $7.300 millones, un 70% más que en igual lapso del año pasado.

Sólo por este rubro, la BCR estima que el Gobierno nacional, las provincias y los municipios recaudarán este año casi u$s50 millones adicionales respecto de año pasado.

Desde la entidad además señalaron que este año el campo destinó $4.800 millones más en la compra de pick-ups que en 2015. De este modo, las arcas fiscales recibirán unos u$s130 millones extra.

Para los ruralistas, una menor presión impositiva redundará en un “efecto derrame” que implicará más producción y mayores inversiones. Ahora, gran parte del éxito de la campaña dependerá de que los precios internacionales -estables pero con leve tendencia a la baja- y el buen clima acompañen.

Fuente: iProfesional

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