29 de diciembre de 2016 10:18 AM
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Exportación de ciervo colorado cayó algo más de un 50 por ciento

En los últimos dos años creció la cantidad de criaderos y el precio internacional de la carne fresca aumentó un 160 por ciento desde 2014.

La exportación de ciervo colorado cayó algo más de un 50 por ciento en los últimos dos años en el país, al igual que la faena de esa especie exótica, pese a que creció la cantidad de criaderos y a que el precio internacional de la carne fresca aumentó un 160 por ciento desde 2014, según datos del Senasa y del Ministerio de Agroindustria de la Nación.

La Argentina exportó hasta octubre último 31 toneladas de ciervo a Holanda (el principal comprador), Hong Kong y España y hay un total de 44.000 animales en 424 criaderos y cotos de caza de todo el país, pero sólo cuatro frigoríficos de Buenos Aires, Río Negro y Mendoza están habilitados por el Senasa para procesar carne de esta especie.

Entre el 2011 y el 2015, la faena de ciervo colorado se redujo a la mitad (pasó de 2.764 a 1.170 cabezas) y la exportación anual cayó algo más del 50 por ciento en los últimos dos años: 80 toneladas en el 2014 y 38 en el 2015, que significaron sólo 168.168 dólares (4.425 dólares por tonelada), según datos oficiales.

Con todo, si bien bajaron las exportaciones, el precio de la carne fresca de ciervo aumentó un 160 por ciento del 2014 al 2015 y la cantidad de criaderos y cotos de caza creció en un centenar en los últimos tres años.

Los 100 gramos de ciervo ahumado cotizan entre 100 y 200 pesos en el país y esa porción de carne suministra el 82 por ciento del valor diario necesario de proteínas y el 28 por ciento de hierro. Además de sus excelentes propiedades nutritivas, es de las más saludables por su bajo contenido en calorías y en grasa saturada.

La carne de ciervo tiene también un alto porcentaje de ácidos grasos polinsaturados, que producen un efecto positivo sobre las arterias: las limpian de colesterol mejorando la circulación sanguínea.

La Argentina es uno de los grandes reservorios mundiales de esta especie exótica, introducida en 1905 por Pedro Luro desde Austria a sus campos de La Pampa.

No sólo se comercializa la carne, denominada venison, sino también el velvet, una suave felpa que recubre los cuernos y que por su alto contenido de proteínas, minerales y hormonas es utilizado en la industria de medicamentos. En tanto, los animales vivos de mayor tamaño y con mejor cornamenta son vendidos a los cotos de caza.

En el país existen cerca de 230 áreas de caza en las provincias patagónicas y cada año esos distritos declaran y precintan entre 850 y 1.300 trofeos de ciervo colorado (el 80 por ciento se registra en La Pampa y Neuquén), según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca publicados en un informe del 2015 por la revista Mastozoología Neotropical, que depende de la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (Sarem).

El estudio, denominado “Ecología, impacto y manejo del ciervo colorado en el noroeste de la Patagonia argentina”, fue elaborado por María Relva, académica e investigadora del Conicet, y por Javier Sanguinetti, miembro del Departamento de Conservación y Manejo del Parque Nacional Lanín y de la Administración de Parques Nacionales.

“Si se asume un éxito de caza del 50 por ciento, anualmente practicarían la caza deportiva entre 1.600 y 3.600 cazadores, de los cuales -según la proporción de trofeos precintados- entre el 10 y el 40 por ciento serían extranjeros”, remarca el informe, que advierte sobre la existencia de “49 criaderos de ciervo colorado en el país”.

Estudios realizados en varios países señalan que la calidad de las astas depende directamente del nivel nutricional del animal, que se ve seriamente afectado en una situación de alta competencia en la que comienza a limitarse la disponibilidad de alimento, en particular en invierno.

La publicación de Sarem también da cuenta que en las últimas décadas los ciervos de la Patagonia y sus cornamentas perdieron peso “por el exceso poblacional asociados a los errores de manejo y de la caza”. Por ejemplo, en Neuquén, la cacería sostenida sobre machos para trofeo “está produciendo una clara tendencia al aumento de hembras” y mientras en los 90 se recomendaba cazar 2-3 hembras por macho, en el 2011 ya se sugería que el valor fuera de 6-7 (hembras por macho).

Parques Nacionales definió en 1986 una política de manejo que busca disminuir el impacto del ciervo sobre el ecosistema, que prohíbe todo manejo que aumente la distribución o su abundancia y que busca mejorar la calidad de los trofeos.

“Para esto, la caza deportiva por sí sola no alcanza y es imprescindible remover, anualmente, una porción de animales de todas las clases de edades y de ambos sexos. Sin embargo, hasta el momento en los parques nacionales sólo se practica la caza deportiva en áreas de caza de tamaño reducido (2.000-4.000 hectáreas), donde los cazadores ingresan exclusivamente para cazar trofeos”, remarca el informe.

Plantea que ese sistema “no promueve la necesidad de cazar, además del macho trofeo, animales jóvenes y hembras, con el fin de mejorar los trofeos en el largo plazo”.

Entre sus conclusiones, la revista cuestiona la “política estatal en el aprovechamiento del ciervo colorado como recurso” y considera que la Argentina “carece de toda planificación territorial estratégica con visión ecosistémica” y de un enfoque dirigido a “minimizar los impactos negativos (de la especie) sobre el ambiente y otras actividades productivas”.

Por María Aguirre

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Fuente: Agritotal

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