30 de diciembre de 2016 15:17 PM
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Una montaña de tecnología para hacer silaje de maíz

Las diversas formas de cosechar el cereal siguen aportando flexibilidad y productividad en la integración agrícola-ganadera. La Argentina está a la vanguardia

Uno de los hitos fundamentales de la Segunda Revolución de las Pampas fue la irrupción del silo de maíz. No hay planteo ganadero, ya sea de cría, recría, engorde, ciclo completo o tambo que no pivotee sobre este recurso. Pocos imaginaban semejante expansión 35 años atrás, cuando esta técnica se abría paso a golpes de machete en las pampas colonizadas por la ley del puño. Con dos puños de pasto, entran las vacas. Cuando queda uno, salen. Así producíamos carne y leche.

El problema era cuando no había pasto. El silo de maíz entró, primero, para cubrir los períodos de carencia. Con el tiempo se fue convirtiendo en base forrajera. Se invirtió la carga de la prueba: hoy se come silo casi todo el año, y se aprovecha el pasto cuando está. Con mixer, con autoconsumo, silo torta, bunker o embolsado, como se va imponiendo. Una legión de sofisticados y potentes contratistas, despliegan las mejores ensiladoras del mundo desde Salta hasta el Alto Valle, picando ya un millón de hectáreas de maíz. Viajan por el mundo, hacen sus congresos, van masivamente a las “Experiencia Forrajera” de Reynaldo Postacchini (CEO de Claas en Argentina) y hasta se dan el lujo de ponerse al frente de la tecnología a nivel mundial.

Consecuencia macro: la agricultura le robó 10 millones de hectáreas a la ganadería. Sin embargo, se mantuvo la producción de carne y leche. Y se hubiera seguido expandiendo si no mediaba la torpeza de “la mesa de los argentinos”. Se terminó con la esclavitud del pasto de cada día, estabilizando la producción, algo fundamental en particular en los planteos de tambo. Dio pie a la etapa que ya se insinúa: la estabulación, con todos los atributos de una alimentación de precisión en un entorno de bienestar animal.

Una montaña de tecnología para hacer silaje de maíz

El silo de maíz hoy es uno de los ejes forrajeros para producir carne y leche.

 

Todo eso se lo debemos al silo de maíz. Pero, quizá, semejante epopeya nos ha hecho olvidar que el silo es, simplemente, una forma de cosechar el maíz. Hay otras. Aclaro por las dudas que no es “una u otra”, sino una “y” otra. Sumemos.

El maíz es el grano forrajero por excelencia. La forma tradicional y masiva de aprovecharlo fue con la trilla convencional, que nos entrega el grano entero. Así lo hicimos desde que llegó la corta y trilla. El problema era la humedad. Cuando se cosechaba para entregar y vender, el tema lo resolvía el acopio, que secaba, cobraba el servicio, hacía la merma y liquidaba. Cuando el productor quería su propio maíz, tenía que contar con su propia planta. O acordar mecanismos de canje con el cerealista, para que lo abasteciera de maíz seco a lo largo del año.

A principios de los 90 llegó el silo de grano húmedo (HMC, High Moisture Corn). El primero que lo implementó en el país fue el dr. Francisco Prea, en su incipiente corral de engorde en Balcarce. Consistía en cosechar el maíz con 30% de humedad, molerlo y pisarlo en un bunker. Esta cosecha anticipada reduce las pérdidas y el riesgo de que el cultivo quede más tiempo a la intemperie. La irrupción de los eventos de control de insectos redujeron el riesgo de vuelco, pero siempre es mejor pájaro en mano.

Al poco tiempo, la imaginación de Carlos Martínez (M&S de Tandil) iba a generar una extraordinaria novedad: la moledora-embolsadora, una de las grandes patentes de la época. Pocos recuerdan que esta máquina fue la precursora del embolsado de granos en la Argentina, y en consecuencia, en el mundo.

Los muchachos de M&S impulsaron la idea con un equipo propio, de gran capacidad, que daba servicios de contratista. Nunca entendí por qué no lo sacaban a la venta. Preferían vender más unidades pequeñas. El sistema se difundió velozmente, aparecieron otros fabricantes, se exporta a todo el mundo y hemos visto copias en Agritechnica de Hannover, la Eima de Bologna y el Farm.

Otra forma de cosechar el maíz, todavía muy poco explorada en el país, pero que se ganó un espacio en los EEUU y ahora en la UE, es el silo de espiga de maíz con alta humedad (earlage o HMEC, high moisture ear corn). Es un intermedio entre el silo de planta entera y el silo de grano húmedo. Alfredo di Costanzo, investigador en nutrición de la Universidad de Minnesota, y dueño de su propio feedlot, sostiene: “Estoy más que convencido que el earlage -bien almacenado como es el caso para cualquier alimento fermentado- es mejor que el maíz procesado o entero. Mis datos de engorde prueban que el resultado con maíz quebrado o earlage no difieren”, sostiene.

La ventaja principal del earlage es que se cosecha un 20% más de materia seca que cuando se recoge solo el grano. Además, si bien se pierde algo de densidad energética (porque el marlo tiene menos calorías por kg que el maíz), la fibra que se aporta mejora la digestión de la mezcla. Es un lugar común entre los investigadores y nutricionistas que “el marlo mezclado con el grano tiene el valor del grano”. Es decir, una tonelada de materia seca de HMEC tiene el mismo valor nutritivo que una tonelada de materia seca del HMC.

El earlage parece especialmente apropiado para feedlots que cuentan con sus propios cultivos de maíz. Sobre todo, si se encuentran cerca de plantas de etanol o molienda húmeda. La mezcla con burlanda húmeda puede ser una buena combinación. También puede ser una gran alternativa cuando por problemas climáticos, no se puede hacer a tiempo el silo de planta entera. A los contratistas les permitiría prolongar la campaña de picado. Varios ya lo están haciendo.

En la saga del silo, hay varios hitos que impresionan. Recuerdo cuando John Deere introdujo en su picadora un analizador NIRS que permitía “leer” la calidad del forraje mientras pasaba por el tubo de descarga. La primera que vendieron fue para un contratista argentino, Raúl Acotto. Los técnicos de JD se sorprendieron cuando le llegaron las primeras consultas para ponerlo a punto: en los EE.UU. la usaban solo las universidades.

Hace tres años, dí una charla en el congreso anual de los ensiladores. Hablé de la novedad del año, el procesador de granos “shredlage” que había patentado Roger Olson, un investigador de la universidad de Michigan con quien me había puesto en contacto. En lugar del par de rodillos estriados clásico, su diseño permitía una molienda del grano mucho más agresiva, mientras dejaba pasar la fibra picada más grande, deshilachándola. Efecto fibra más efecto grano finamente molido, una combinación que buscaban los nutricionistas. Los usuarios de máquinas Claas se embalaron y los alemanes le compraron la patente a Olson. Hoy lo tienen para todo el mundo.

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Fuente: Clarin

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