27 de enero de 2017 10:36 AM
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Comenzó la era Trump: ¿muro para el biodiésel argentino?

No pensamos que el gobierno de Trump comience una caza de brujas limitando las exportaciones de la Argentina.

La suspensión al ingreso de limones frescos por el término de 60 días aplicado por la nueva administración Trump, tal vez se pueda interpretar como una avanzada que puede llegar a perjudicar a otros productos que la Argentina le exporta a los Estados Unidos.

En primer lugar hay que destacar que el principal negocio derivado del limón para nuestro país es la exportación de jugo concentrado.

En este rubro, nuestro país es el primer exportador mundial y Coca Cola nuestro principal cliente global.

Es muy poco probable en la práctica que Coca Cola pueda reemplazar el jugo de limón proveniente de la Argentina, por la sencilla razón de que hoy nuestro país es el primer productor mundial de limón y primer exportador de sus productos principales y derivados. Existe otro rubro en el que la Argentina tiene como principal comprador a los Estados Unidos, y es el biodiésel producido a partir de aceite de soja.

No pensamos que el gobierno de Trump comience una caza de brujas, limitando las exportaciones de la Argentina. El tema del limón fresco se relaciona con cuestiones fitosanitarias y la posibilidad potencial de que ingresen enfermedades que no se encuentran en los cultivos estadounidenses.

En el fondo, la decisión de suspender el ingreso de limones frescos obedece más a una medida de orden interno, con el propósito de volver a chequear la cadena de controles fitosanitarios y protocolos que permitieron llegar a la autorización final de importación de dichos productos.

Tanto el jugo concentrado como el biodiésel son productos industrializados con un alto valor agregado y pérdida de todo tipo de posibilidad de contaminación de patógenos de orden exógeno.

De ahí que no consideramos que se produzca una escalada proteccionista basada en ideologías y, a nuestro juicio, las políticas de comercio exterior estarán más sustentadas en beneficios económicos y comerciales, que ideológicos. Además, las principales empresas de trading de commodities y procesadoras de soja son americanas (es el caso de Cargill, Bunge y ADM).

Los planes de inversión y expansión en la capacidad instalada de procesamiento de soja de estas empresas, que están pensando en el 2025, siguen intactos y son el reflejo del crecimiento de la demanda mundial que se proyecta para la próxima década.

El desafío de la Argentina es seguir creciendo como productor y exportador de alimentos, y esto se logra con inversiones del sector privado, en proyectos que generen trabajo, servicios e ingreso de dólares genuinos.

El Gobierno debe garantizar la mejora en infraestructura para que la Argentina pueda aspirar a un volumen de producción total de 150 millones de toneladas, de aquí a los próximos cinco años.

Desde el punto de vista del comercio agrícola hay que considerar que la Argentina, junto con Estados Unidos, forma parte del reducido grupo de seis países productores y exportadores de commodities y alimentos, junto con Brasil, Rusia, Canadá y Australia.

Además de los otros países de Sudamérica como Bolivia, Paraguay y Uruguay, que comienzan a tener cada vez más importancia en el comercio mundial de soja y de carnes.

El eje de soja del mundo se está corriendo hacia el hemisferio sur; las proyecciones indican que será Brasil el principal país que podrá incrementar sus exportaciones de soja y de maíz, junto con la Argentina. En nuestro caso, seguiremos siendo los principales exportadores de aceite de soja y de harina de soja a nivel global.

Y en el caso del maíz, con condiciones climáticas normales, la Argentina podrá volver a ocupar el segundo puesto como exportador mundial, luego de los Estados Unidos, compitiendo en el podio con Brasil y Rusia.

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Fuente: Agro Voz

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