28 de enero de 2017 10:26 AM
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Arroz agroecológico: todo para dar y una alternativa con mucho potencial

Desde que comenzaron las primeras experiencias en 2008 el cultivo prácticamente no evolucionó. Pese a que el Estado invirtió en herramientas para procesar la cosecha y el mercado se torna cada vez más demandante, hay menos productores que al inicio.

Luego de un primer intento, que comenzó en 2008 y duró tres años, la producción de arroz agroecológico en la costa santafesina busca recobrar impulso de la mano de nuevas condiciones que ofrece el mercado y el apoyo de instituciones públicas y privadas, que aportan herramientas para potenciar la actividad.

Actualmente la tendencia a una alimentación saludable y libre de agroquímicos multiplicó el número de consumidores ávidos de esta mercadería, que además están dispuestos a pagar el triple de lo que vale su equivalente convencional. Al mismo tiempo, la presión social sobre las pulverizaciones empieza a restringir cada vez más la agricultura en zonas periurbanas, liberando parcelas para llevar adelante estos planteos.

En San Javier, 9 años atrás un grupo de 6 pequeños productores dieron los primeros pasos de la mano del Programa Social Agropecuario pero hoy son apenas 4 quienes perseveran. Entre todos suman casi 10 hectáreas cultivadas con dos variedades especiales, consideradas gourmet: yamaní (ancho corto, especial para sushi) y jazmín (largo fino y aromático). En todos los casos, además, cuentan con la ayuda de productores arroceros tradicionales que les permiten tomar agua de sus valetones para el riego.

Los asisten la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación (SAF), que financió la construcción de un centro procesador que incluye un pequeño molino y una envasadora al vacío; el Ministerio de la Producción de Santa Fe, que a través del ingeniero Rodolfo Vicino aporta asesoramiento técnico; e instituciones conservacionistas como Aves Argentinas, que el año pasado solventó la nivelación del campo de dos productores.

A pesar del acompañamiento persisten varios desafíos. El manejo agronómico continúa en fase experimental y el principal enemigo a vencer, que son las malezas, demanda una gran precisión en la administración del agua. Algunas fallas en este aspecto, sumado al ataque de pájaros, auguran rindes menores a los deseables para esta campaña. Razón por la cual ya se piensa en los ajustes que harán la próxima, como el achicamiento de las parcelas. Sin embargo el mayor desafío de quienes empujan este proyecto sigue siendo el mismo de siempre: seducir a una cantidad mayor de campesinos para que se animen a producir.

Ecológico y justo

La médica veterinaria Natalia Sosa, técnica de terreno del Equipo Costa de la delegación Santa Fe de la SAF, resumió a Campolitoral que la idea inicial del arroz agroecológico en la provincia fue que las familias campesinas del norte provincial y San Javier pudieran realizarlo para autoconsumo y venta de excedentes. “Al principio -recordó- se planteaban parcelas de 500 o 1000 metros cuadrados y el Ministerio de Desarrollo Social otorgó microcréditos para hacer perforaciones para el riego”. En 2009 se compró en Brasil un molino de baja escala, con capacidad para procesar 150 kilos por hora de arroz cáscara.

Pero el universo de emprendedores se fue achicando hasta que en 2011 quedó sólo uno, Néstor Leones, el único que siempre se mantuvo en la actividad hasta hoy. A partir de entonces el eje cambió hacia una idea más comercial, agrandando parcelas y comenzando a sembrar en lugar de plantar a mano. Y en 2015, con una inversión de $850.000, se construyó en los terrenos del vivero municipal la planta procesadora, donde se alojó el molino y una envasadora al vacío.

A pesar de haber poca producción, los canales comerciales se desarrollaron gracias al interés de la demanda, constituida por actores de la economía solidaria. “Son canales cortos, sin intermediación”, explicó Sosa. Por ejemplo citó la Cooperativa de Trabajo Iriarte Verde de Buenos Aires, la Red de Comercio Justo de Rosario o Poroto Santto, una organización de Fisherton que elabora alimentos en base a materias primas ecológicas. Como la relación excede lo comercial, muchos de estos compradores visitan periódicamente a los productores para conocer también sus condiciones de vida.

Leones, que junto a otros productores constituyó la Cooperativa El Progreso y administra la planta procesadora, indicó que se trata de una relación basada en la confianza pero lamentó que los pedidos superen ampliamente la capacidad de producción local. “A Buenos Aires mandamos 800 kilos hace poco, pero te piden 3.000 o 4.000 kilos; hemos mandado a San Luis, Córdoba, Reconquista, Paraná, Santa Fe, La Plata; tenemos cantidad de pedidos pero mandamos poquito”.

Al respecto, Sosa reconoció que “preocupa que haya tan pocos productores, porque es muy grande la inversión del Estado” para promover este modelo productivo. Frente a ello, se planteó la necesidad de una mayor difusión del proyecto; establecer alianzas entre productores, incluso con los grandes que puedan ceder una parcela a un empleado; o retomar la financiación para hacer perforaciones en planteos de menor escala.

Negocio en los bordes

A nivel de campo, el esquema agroecológico es bastante más complejo que la sola eliminación de químicos (fitosanitarios y fertilizantes). Sosa explicó que, además, implica incorporar prácticas que aseguren el reciclaje de nutrientes, como rotaciones de cultivos, integración con ganadería (por ejemplo bajo Pastoreo Racional Intensivo), abonos verdes mediante siembras de leguminosas o incorporación de enmiendas. También la utilización de corredores biológicos que sean hospederos de insectos benéficos para la polinización o el control biológico de plagas.

Leones, que cuenta con 3 hectáreas arrendadas, y Jorge Barrios, que explota 5 hectáreas propias, eran hasta esta campaña los únicos productores de arroz libre de químicos. Son vecinos en Colonia Francesa y ambos toman agua del valetón de la Cooperativa de Villa Elisa y fueron los beneficiarios del “nivel cero” que financió Aves Argentinas. Este año, por invitación de Natalia Sosa, se sumo la sociedad que componen la ingeniera ambiental Ayelén Muchiutti y Juan Carlos “Bochi” Walter, sobre 2.5 hectáreas periurbanas que les alquiló el productor Mario Mounier, quien también les permite tomar el agua de su valetón.

Para Rodolfo Vicino el planteo es una interesante salida económica para “un montón de lotes baldíos” que hay en los alrededores de la cabecera departamental. Además destacó que “ya hay varios productores tradicionales curioseando” el esquema agroecológico, que tiene muy bajo costo y altos precios de venta. El año pasado, dijo, Leones y Barrios vendieron la cosecha de yamaní y jasmín en un rango de $30 a $35 pesos el kilo, mientras un arroz tradicional vale $10 al consumidor.

Muchiutti explicó a Campolitoral que “la idea es hacer menos laboreos que en un convencional para no desestructurar tanto la tierra y evitar la erosión”, aunque igual se hace arado, nivelación y taipas. “Después -detalló- inundamos los lotes para que no nazca la maleza y luego pregerminamos las semillas y sembramos la voleo”. En ese momento se diminuye el nivel del agua, sin perder el pelo, para que las semillas se anclen.

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Equipo. Francisco, Ayelén y Bochi, en el lote periurbano de Mounier, los más nuevos en el sistema. Foto: Juan Manuel Fernández

Eficiencia y escala

Como la provisión de agua se hace desde el valetón del vecino y tuvieron una interrupción en el suministro -el propietario cortó el bombeo desde el río por las intensas lluvias- se secó buena parte del lote, posibilitando el nacimiento de la maleza. Esta situación obligó a tener que desmalezar a mano, un proceso arduo que demandó la contratación de mano de obra externa. “Lo ideal es que nunca baje el agua; si eso (mantener el nivel ) hubiera sido posible, tendríamos casi nada de maleza, como se ve en los punto más bajos que no se secaron”, explicó la ingeniera.

Depender de la provisión de agua de un tercero quizás sea la mayor debilidad del planteo, ya que el nivel hídrico es la herramienta clave para controlar las malezas. Para enmendar este riesgo los productores apuntan a una transplantadora que permita sembrar plantines más desarrollados (con 20 días) con mayor nivel de agua “y le ganamos al tiempo del valetón, que ahora es lo que nos está demorando la siembra”, dijo Muchiutti.

Al respecto Natalia Sosa mencionó que en 2008 el Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (IPAF) desarrolló una máquina de tracción a sangre (debía empujarla el productor) que no dio buenos resultados y hoy está siendo reformulada (para incorporar un motor que la autopropulse) por técnicos de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL en Esperanza.

Mejorar la implantación y el control de malezas sería el gran paso para elevar los rendimientos, que hasta el momento son demasiado bajos en comparación con el potencial. Sosa indicó que cuando surgió este proyecto se evaluaba que una familia con 500 metros cuadrados podría llegar a cosechar 500 kilos de arroz. “Cuanto más chica es la parcela el rendimiento es mayor”, dijo, porque es más fácil y preciso el manejo (por ejemplo desmalezar a mano). Por lo tanto, adelantó que para la próxima campaña analizarán achicar las parcelas para poder plantar a mano y mejorar la productividad.

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Fuente: El Litoral

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