27 de febrero de 2017 01:35 AM
Imprimir

Uruguay : ¿El agro está sitiado?

En momentos de notoria dificultad internacional y regional, no aparecen en el gobierno medidas para mejorar la administración, y sobre todo para no entorpecer las únicas actividades capaces de sostener la actividad económica.

Así, por ejemplo, resultan llamativas las afirmaciones de algunos legisladores oficialistas que quieren seguir con sus políticas sociales, como si el dinero para ponerlas en funcionamiento estuviera solo al alcance de una nueva ley. En efecto, con una economía casi sin crecimiento como la nuestra, pretender aumentar impuestos sobre la renta o sobre el capital, no puede lograr otra cosa que recesión, caída de la creación de empleos de calidad, etc.

No se piensa en otra cosa como no sea gravar más, creyendo que el que es tratado con este nivel de agresión no va a reaccionar, va a invertir igual, crear empleos, etc. Y es absurdo.

Déficit record.

En verdad un gobierno con el peor déficit fiscal desde hace 27 años, con un 4 % del PIB, no puede afirmar alegremente que va a seguir adelante con sus políticas sociales que por otra parte son lo que son. Me explico. La gran política social de estos gobiernos ha sido la contratación de 60 mil empleados públicos. Y ha administrado la bonanza para no lograr niveles satisfactorios ni en educación o seguridad, o infraestructura. La pregunta es si la idea es superar aún el gravamen sobre la renta —32 %— que ya llega a los niveles de los más altos del mundo como se ha divulgado recientemente, mayores a Alemania, Australia, Canadá, España, etc. ¿Alguien puede creer que Uruguay tiene algún negocio tan rentable que puede resistir más presión fiscal sin considerar irse a otro país —Paraguay, Estados Unidos— o dejar la actividad? Los republicanos anunciaron llevar el impuesto a la renta a 24 % y Trump al 14. Irlanda lo tiene al 13. ¿Vamos a aumentar nosotros? Otro tanto ocurre con los impuestos al capital. Una legisladora oficialista proponía sacar de allí lo que falta —más de 2000 millones de dólares— para un grupo de impuestos que recauda menos de 650. Así se agravia la creación de empleo, salvo el público, obviamente.

En esta situación que conduce a un creciente nivel de endeudamiento, la pregunta es si no se puede hacer nada. Por ejemplo, ¿vamos a seguir con la política de agrocombustibles que el mundo abandona y que nos cuesta por ALUR 120 millones de dólares? ¿Vamos a seguir subsidiando el azúcar también por ALUR? ¿Vamos a seguir refinando petróleo y continuar con el combustible de los más caros del mundo? ¿Vamos a querer seguir produciendo autos, ropa, zapatos, todo en base a subsidios o protección que pagamos todos? ¿Se puede seguir queriendo parar los múltiples “Uber” que en tantos terrenos aportan eficiencia? ¿Se puede seguir parando las compras por internet? ¿Se puede seguir con una enseñanza dedicada a ser instrumento de difusión de ideologías? ¿Y hasta cuándo comunicarse con el mundo va a ser más caro que en otros países?

 

 

Finlandia, ZZFF.

 Lo de UPM y las visitas a Finlandia pone en evidencia un problema grave del país: si alguien quiere invertir en serio hay que ofrecerle un estatuto tributario de excepción como no lo tiene ningún emprendimiento nacional. Por eso, por un lado se ofrece a finlandeses invertir en formato de zona franca, y por otro se pretende gravar más al capital uruguayo o a sus rentas, es insólito.

Se vienen momentos en el mundo duros y de difícil pronóstico, para los cuales lo único que se puede hacer es tener al país ligero de ropas, ágil, es decir con una estructura de precios relativos lo más sencilla y transparente, con pocas intervenciones y sin agregar a los pesos externos las toneladas internas del tipo de las que comenté antes. Y con todos los costos al mínimo, ya que competir va a ser muy difícil.

En esta circunstancia, con un sector agroindustrial cada vez más concentrado en rubros y con menos agregado de valor, la pregunta es si los componentes del valor agregado —salarios, tarifas, impuestos— van a seguir igual. Y más concretamente: ¿vamos a seguir incrementando costos contra nulos beneficios? Ya los impuestos son lo que son; ¿vamos a seguir con el gas oil más caro, y con obligaciones que nada suman? ¿Por qué todos los plaguicidas son más caros que en la región? ¿Vamos a seguir con nuestras propias evaluaciones sin beneficiarnos de lo que otros hicieron pagando a nuestros organismos de control? ¿Y por qué nos auto-obligamos a plantar semilla más cara, o a pagar una trazabilidad que no se evalúa, o a pagar planes de suelos que nadie sabe si agregan valor medible? Todos estos son costos nuestros, depende de nosotros eliminarlos.

Sitiado.

El agro, con la peor presión fiscal, el gas oil más caro, infraestructura como la conocemos, los plaguicidas más caros, obligaciones de uso de semillas más caras, fletes más caros, precios bajos, tipo de cambio atrasado, amenazas de más tributos, en un país que arma autos, subsidia a ALUR, al Fondes, toma empleados públicos sin tasa ni medida, posee una productividad del trabajo en caída, y una intervención burocrática creciente, es un agro sitiado.

Además de aligerar de costos propios a los pocos rubros que pueden sostener la producción nacional, hay una medida a implementar, que es la mejor política social de todas: exonerar de todo impuesto personal o de empresas de su propiedad, a menores de 30 años. Será una forma de evitar lo que de otra forma es inevitable: que los jóvenes, en especial los mejores, si tienen inquietudes se vayan a un país que les cobre menos, que los hay y muy cerca. Y que no sientan que la alternativa es: o emprender sitiados, o vivir de un empleo público.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Fuente: El Pais

Publicidad