10 de marzo de 2017 01:56 AM
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De vuelta al Mercosur: una posibilidad para el campo

El nuevo escenario económico y político mundial es una oportunidad para que los países agroalimentarios de la región ganen nuevos mercados. La demanda internacional de productos del campo sigue en aumento, por lo que llegó el momento de unir fuerzas para salir al mundo en bloque

Tras muchas idas y vueltas, veleidades, infidelidades, etc., y habiendo cumplido ya 22 años desde su puesta en marcha en 1995 (aunque el cronograma de convergencia de Las Leñas era de dos años antes), pareciera que la región se apresta a volver nuevamente su mirada hacia el Mercosur, tal vez el proyecto geopolítico más importante de esta parte del mundo en la era moderna, aunque ahora a los cuatro miembros originales “los une el espanto, más que el amor”.

El nuevo orden económico con China a la cabeza, y el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos conforman un escenario que era muy difícil de prever dos décadas atrás y en el que “la geopolítica que impone la geografía”, como señaló en su momento el exembajador de Brasil, Marco Castrioto de Azambuja, se impone con una contundencia tal que amenaza con dejar por el camino a quienes se atrevan a navegar en solitario por los mares de la globalización.

Tampoco tendría demasiado sentido pues, si bien en este caso todos los miembros tienen distintas posibilidades económicas, están cruzados por un factor común: la fuerte producción agropecuaria, por lo que unidos conforman, tal vez, el mayor polo alimentario mundial, justo en el momento en que están apareciendo nuevos demandantes a nivel internacional, incapaces de autoabastecerse, comenzando por la propia China, o India, entre otros países.

El retorno no es tan fácil, sin embargo. Los dos socios mayores: Brasil y la Argentina, vienen de atravesar sendas crisis políticas y también económicas, de las cuales aún no se recuperan del todo. Por otra parte, la principal década de crecimiento de la economía mundial, hasta 2012-2013, fue aprovechada en forma dispar por los socios. En realidad, mientras Uruguay, Brasil y Paraguay avanzaban a grandes pasos respaldados por cotizaciones récord en materia de sus principales productos transables, como carne, leche, frutas, o granos, la Argentina hacía exactamente lo opuesto. Y esa es la razón por la cual cuando la economía mundial se desaceleró en los últimos años, la mayoría de los vecinos estaban más capitalizados y armados en sus respectivos sectores agroindustriales para aguantar el viento en contra.

De todos modos se podría decir que en los últimos 22 años se produjeron una serie de avances técnicos que impulsaron una sustancial mejora de la productividad, especialmente agrícola. En primer lugar se registró la apertura económica de la región, luego el avance tecnológico fue exponencial, lo que posibilitó mayores rindes e incorporación de nuevas tierras a la producción. Por el lado de la oferta, se implementaron novedosas tecnologías vinculadas, fundamentalmente, al uso de agroquímicos y semillas transgénicas, y al desarrollo de la siembra directa. Por el lado de la demanda, el crecimiento continuo de China e India generó una tendencia a la mayor ingesta proteica con carnes, lácteos y aceites, lo que impulsó al alza los precios de las materias primas alimenticias a nivel internacional, tendencia que recién se amesetó en los últimos períodos.

En ese contexto, la Argentina y Brasil se posicionaron como los países con mayores posibilidades de crecimiento al disponer de grandes extensiones de tierra cultivable y agua dulce.

Tanto así que en este lapso, Brasil se ubicó entre los tres mayores productores mundiales de alimentos con una cosecha superior a los 210 millones de toneladas de granos sobre 60 millones de hectáreas, además de ser uno de los mayores productores de carne de cerdo, pollo, el 1º-2º exportador de carne vacuna, de jugo de naranja, azúcar, arroz, etc. Semejantes volúmenes le permitirían al gigante sudamericano ingresos de divisas estimados para este año, por u$s175.000 millones, unos u$s5.000 millones más que el año pasado.

Y, si bien sus extensiones geográficas son significativamente menores, también Uruguay y Paraguay registraron crecimientos muy destacados en materia de alimentos, desde que comenzó el Mercosur.

El vecino oriental, por caso, es un gran exportador de carne (a todos los destinos importantes del globo) a partir de un stock de 12 millones de cabezas, y también de leche, de la que produce más de 2.500 millones de litros. En cuanto a los granos, aunque las condiciones agroecológicas no lo favorecen, ya supera los 4 millones de toneladas de exportaciones entre soja, arroz y trigo.

Más expectable aún es la situación de Paraguay, con mayor extensión que Uruguay, y que partió de un esquema productivo mucho más primario, por lo que el salto cuali y cuantitativo fue mucho mayor.

Alentados por un esquema económico mucho más estable y muy abierto, con una inflación menor al 6% en los últimos 6 años, los paraguayos registraron récord de producción de soja con más de 10 millones de toneladas el último ciclo y que justifica que ya tenga 3 plantas de crushing surgidas en estos últimos años. Pero también produce 1,5 millón de toneladas de trigo y cuenta con un stock creciente de 14,5 millones de cabezas vacunas, lo que le está permitiendo exportaciones en aumento.

Lamentablemente, la performance de la Argentina se “despegó” de la de los vecinos durante más de una década, durante la cual retrocedió en la producción de leche (ahora en menos de 9.000 millones de litros), de carne (con un stock aún por debajo de las 54 millones de cabezas) e, incluso, con el retroceso en el área total de siembra que llegó a rondar los 37 millones de hectáreas y cayó a algo más de 30 millones en las últimas campañas, cuando a esta altura, de haber mantenido la tendencia, tendría que estar rondando las 40-43 millones de hectáreas de siembra.

Sin embargo, tanto las excelentes condiciones productivas, como el nivel de los agricultores y ganaderos (que hasta exportan su know how), y las grandes extensiones aún disponibles, pueden permitir que el país recupere la tendencia al crecimiento, y parte del terreno perdido.

Lo que es innegable, es que la región en su conjunto, pivoteando sobre el eje Brasil-Argentina, constituye hoy por hoy el polo alimentario más expectante del mundo, y el que más posibilidades de crecimiento inmediato tiene. Y para eso, si bien ambos socios deberán estabilizar sus respectivas economías y dotar nuevamente de un marco cierto y estable a las inversiones productivas alimentarias, pueden llegar a contar con un escenario global algo más favorable que en los períodos anteriores, ya que se estima un reactivación relativa de la economía mundial (incluida China), lo que siempre es muy favorable para los mercados alimentarios.

Pero fue el alerta amarillo sobre la posibilidad de un nuevo crecimiento del proteccionismo económico, a la luz de las primeras definiciones de la Administración Trump en los Estados Unidos, el que disparó la reacción de la región, ante la necesidad de consolidar un bloque muy fuerte, para neutralizar

la amenaza y, sin duda, es el sector de alimentos de la región, el que le permitiría concretar esa estrategia vía un Mercosur reforzado.

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Fuente: Ambito Financiero

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