12 de marzo de 2017 21:20 PM
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Uruguay, un país proagro en nueve puntos

Hace poco y con motivo de una nota mía que se hizo viral, se me consultó sobre cómo lograr que al país le vaya mejor. Yo dije lo mismo que he publicado desde hace más de tres décadas: al Uruguay le iría mucho mejor si apoya al sector agropecuario, su sector internacionalmente más competitivo. Comparé […]

Hace poco y con motivo de una nota mía que se hizo viral, se me consultó sobre cómo lograr que al país le vaya mejor. Yo dije lo mismo que he publicado desde hace más de tres décadas: al Uruguay le iría mucho mejor si apoya al sector agropecuario, su sector internacionalmente más competitivo.

Comparé lo que hemos hecho con el país con poner a Luis Suarez, el mejor 9 del mundo, a jugar de golero en nuestra selección. Para respaldar esta afirmación, unos pocos datos bastan; 1815 fue el año de Artigas y está bueno revisar sus principios de estadista para la buena gestión de un país.

Con esas bases y durante un siglo en el cual vivimos a los tiros, Uruguay creció muy bien: en 1915, una familia obrera en Bélgica ganaba unos 200 pesos uruguayos de la época por mes, mientras que una familia obrera uruguaya ganaba 537 pesos por mes. Si comparamos esos números para 2015 nos ponemos a llorar. Nueva Zelanda desde 1915 hasta 2015 progresó y se enriqueció mientras nosotros nos fuimos quedando rezagados en la carrera internacional. Estos son hechos objetivos e irrefutables.

Hay que cuidar siempre el tipo de cambio; en la duda mejor que esté adelantado y nunca atrasado. Hay que cuidar siempre el tipo de cambio; en la duda mejor que esté adelantado y nunca atrasado.

¿Cómo podríamos entonces cambiar lo que hacemos para que nos vaya mejor? Para mí ya no quedan dudas, hay que poner al agro a jugar de 9 en Uruguay. ¿Y esto cómo se hace? Primero, hay que tener una economía muy abierta; si cerramos la economía generamos un atraso cambiario estructural porque quienes compran dólares en plaza son básicamente los importadores, si importamos poco hay poca demanda de dólares y su precio real cae, perjudicando así al agro que debilita su crecimiento.

Segundo, además de una economía muy abierta hay que cuidar siempre el tipo de cambio; en la duda mejor que esté adelantado y nunca atrasado. Esto implica cuidar los equilibrios fiscales del gobierno porque si se gasta de más, la inflación se escapa y luego hay que usar el tipo de cambio para sujetarla a costo de pérdida de competitividad del sector exportador.

Tercero, hay que tener energía barata, tanto gasoil como electricidad; el Frente Amplio ganó la primera vez hablando del “gasoil productivo” y resultó luego que el gasoil que siempre había valido la mitad que la nafta pasó a valer lo mismo.

Cuarto, hay que asegurar que los salarios se mueven relacionados con la productividad y no impulsados por el dedo del gobierno en la balanza, lo que llevó a que los salarios en términos reales suben y suben erosionando la rentabilidad de las empresas hasta hacerlas caer.

Quinto, se precisa excelente infraestructura de carreteras, puertos, etcétera, para que los costos de la logística no pesen demasiado.

Sexto, se necesita investigación nacional aplicada de alta potencia, para generar los conocimientos que el agro precisa para producir más a menor costo.

Séptimo, hay que darle una educación más moderna a los trabajadores; hoy un trabajador que apenas puede leer, no sabe inglés y no puede operar algo digital, tiene una productividad bajísima.

Octavo, hay que simplificar trámites absurdos creados por burócratas que sólo emplean su tiempo en construir sus propias justificaciones laborales a expensas de la productividad de los demás. Por ejemplo, ¿tiene sentido que tengamos complicados procesos de aprobación de principios activos de uso animal y vegetal que ya han sido aprobados por los sistemas de evaluación más poderosos del planeta?

No aplicar impuestos a la tierra porque así se frena el uso de alta tecnología, que es exactamente lo que necesitamos para crecer. No aplicar impuestos a la tierra porque así se frena el uso de alta tecnología, que es exactamente lo que necesitamos para crecer.

Esto es soberanía mal entendida que sólo termina en la triste realidad de soltar dos o tres zorritos en cada gallinero, los zorritos que pudieron soportar años de trámites para aprobación de lo que el mundo ya aprobó; por eso tenemos cualquier producto de uso animal o vegetal dos veces más caros que en Brasil, a cambio de nada.

Noveno, no aplicar impuestos a la tierra porque así se frena el uso de alta tecnología, que es exactamente lo que necesitamos para crecer.

Si miramos hacia atrás, hace décadas que no cumplimos con estas simples recomendaciones y esto no es de izquierda ni de derecha, ni es culpa de un partido político en particular. Simplemente es buena o mala gestión de los recursos y potencialidades del país. Esto técnicamente está laudado. La cuestión es: ¿quién lo concreta con liderazgo político? .

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Fuente: Observa

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