22 de marzo de 2017 01:19 AM
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La corrupción en los frigoríficos puso en alerta a clientes y carniceros de San Pablo

El escándalo de la carne, en el mercado municipal de San Pablo, el más grande de América Latina en su tipo, ha llevado a los clientes a evitar las primeras marcas de exportación afectadas por el operativo anticorrupción en el sector de los frigorifícos y a apostar a los pollos de granja y cortes de carne vacuna fresca.

A todo vapor, continúa en el “Mercadão”, como se le conoce a la mayor feria municipal de la región, el consumo del plato típico del lugar, el sándwich de mortadela con 400 gramos del embutido, una verdadera bomba que es la principal atracción turística del lugar y que cuesta 20 reales (unos 100 pesos).

La mortadela, como todos los productos de su clase, entró en estado de sospecha con la revelación de adulteración de carnes y de rellenos de chorizos en el operativo Carne Débil.

“La gente no quiere más carne envasada al vacío; ahora volvió a pedir carne fresca”, dijo a Télam Sandra Mufó, dueña de la carnicería “Invernada Grande”, fundada hace 84 años por su padre.

Para la carnicera, una de las varias mujeres que se dedican a la industria frigorífica en el mercado municipal del caótico centro de San Pablo, el escándalo de la carne “es un abuso” de la Policía Federal.

“Se está haciendo una tempestad dentro de un vaso de agua. El que pierde es el que trabaja en la cadena de carne”, dijo.

Mientras entrega 1 kilógramo de fraldinha (vacío) a una cliente, Dona Luciana, que dice que no va a dejar de comer carne por el escándalo, refuerza: “Al brasileño le gusta comer carne. Ya venía gastando menos por la crisis y ahora se ha frenado un poco por las noticias. Pero no hay salida; el pescado es muy caro”. El kilo de vacío brasileño se vendía a 22 reales el kilo, unos 110 pesos.

Desafía a los clientes a comprar la carne argentina que vende y a compararla con la brasileña, muy al estilo brasileño de mirar las cosas, a lo “Maradona o Pelé”. A la mujer le gusta la carne argentina porque es “más tierna, pero la brasileña es más sabrosa”.
Por eso, dicen las malas lenguas, el churrasco brasileño es cortado finito, al ras, para disimular cierta dureza.

La carne de “Invernada Grande” es de ganado de pequeños frigoríficos de San Pablo y Mato Grosso, estados que no fueron afectados por la ola de denuncias, que tiene en el centro a los gigantes de la exportación mundial BRF y JBS.

Precisamente BRF y JBS, que niegan vender carne adulterada, y los otros 19 frigoríficos sospechosos fueron impedidos de exportar, determinó el gobierno.

En las colas de las 11 carnicerías -algunas de las cuales especializadas en cortes especiales como Gallina de Angola o Yacaré- el chiste es que la carne de pollo está mezclada con cartón para aumentar su peso, como dijo un comisario de la policía federal que desbarató una red de fiscales corruptos del Ministerio de Agricultura que aceptaba adulteraciones en la carne, incluso cuando esta había vencido.

“Boi Feliz” se llama la más grande de las carnicerías del Mercado Municipal de San Pablo. Es la filial de carnes rojas de la tradicional carnicería porcina “Porco Feliz”. Su gerente, Marcos Oliveira, dice que para el fue una “salvación” no vender carne al vacío de JBS o de Friboi, cuyas marcas se internacionalizaron en la última década y patrocinan programas de televisión y usan estrellas de las novelas y de la TV Globo en sus publicidades.

“Siempre vendemos carnes de frigoríficos pequeños y eso ahora está comenzando a ser valorizado. Es más natural. Ocurre que la carne al vacío es más fácil para los supermercados. Otra cosa que tenemos para ofrecer es la picaña argentina o uruguaya”, dijo Oliveira. La picaña argentina se vende a 68 reales el kilo, unos 340 pesos.

Las mejor selección de frutas -y las más caras- del país están presentes en el mercado municipal, así como las pescaderías que se preparan para la Semana Santa, cuando la estrella es el bacalao noruego pero con receta portuguesa.

En medio del ir y venir del Mercado Municipal, donde los embutidos y quesos son estrellas, en una punta aparece un lugar colmado de clientes que parece ser el paraíso de la carne de cerdo y de pollo: la tienda “Mercadinho Central”, atendido por Pedro Vásquez, brasileño descendiente de españoles que desde 1943 tiene su negocio en el mercado paulista.

El pollo, siempre tan sospechoso porque en el operativo los policías revelaron que se le inyectaba agua y vitaminas antes de envasarlo al vacío.

“Esto es un duro golpe para toda la industria. La corrupción en la fiscalización es algo que no se veía desde hace muchos años, pero siempre existió. Esta industria de exportación mantenía la economía del país. Ahora no sé lo que pasará. Veníamos muy mal en ventas y ahora se profundiza con esta tragedia”, contó Vásquez a Télam, dando cuenta de que el pesimismo también es brasileño.

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Fuente: Telam

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