5 de abril de 2017 13:08 PM
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Curasemillas biológicos, una tendencia que se consolida

Junto a la necesidad de integrar tecnologías más amigables con el ambiente crece el biofungicida de Rizobacter que además de brindar un efectivo control pone un freno a la resistencia de las plagas, superando los parámetros conocidos sobre desempeño en el poder residual.

En los últimos años se tomó conciencia del impacto que produce sobre el medio ambiente un sistema de producción intensivo, unido al uso de productos de formulación química. Junto a la recomendación de las Buenas Prácticas Agrícolas, la industria se abocó al desarrollo de tecnologías que aporten un equilibrio productivo y medio ambiental. La oferta fue bien recibida por el sector agrícola que cada año afronta el desafío de llevar adelante una producción competitiva y sustentable.

La tendencia que marca la migración hacia estas tecnologías es firme y está dejando los primeros indicadores económicos. Actualmente se comercializa globalmente entre 300 y 400 millones de dólares y se espera para el 2020 la inversión alcance los 2, 2 billones de dólares.

Como resultado de la indagación constante sobre las necesidades de la producción, Rizobacter supo interpretar la demanda y desarrolló Rizoderma, el primer y único biofungicida de semillas de trigo del mercado, que además de ofrecer un control biológico de las principales enfermedades que afectan al cultivo, también resuelve un problema que desvela a los productores y es la resistencia de las plagas a los principios activos.

Rizoderma es el resultado de un programa de investigación que involucró durante años a los equipos de Rizobacter y del área de bioinsumos microbianos del INTA Castelar. Su formulación es totalmente biológica y tiene como protagonista al hongo Trichoderma harzianum 2 (Th2), seleccionado por ser el más efectivo para combatir el desarrollo de las enfermedades más importantes en los cereales de invierno (Fusarium graminearum, Bipolaris sorokiniana y Drechslera tritici repentis). También favorece el fortalecimiento de las plántulas durante todo el período de germinación y emergencia.

Este curasemilla “banda verde” propone un cambio en el control de los patógenos que, además de resultar amigable con el ambiente e inocuo para la salud humana, resulta altamente eficaz. Los ingredientes químicos convencionales funcionan inhibiendo un proceso metabólico específico, las enfermedades responden comenzado a generar resistencia a esos ingredientes y, por lo tanto, de algún modo siguen avanzando. Rizoderma, en cambio, combina un triple modo de acción que inhibe la posibilidad de generar resistencias al bloquear naturalmente las posibilidades de desarrollo de los patógenos. Esto le ha permitido posicionarse como el terápico que protege a la semilla durante más tiempo.

1- Competencia: cuando se aplican cepas de Trichoderma harzianum a las semillas, se produce un rápido crecimiento en conjunto con el desarrollo radicular de las plántulas tratadas, que compiten con los hongos fitopatógenos por nutrientes y espacio a nivel de la rizosfera.

2- Micoparasitismo: el hongo presente en la formulación del Rizoderma se desarrolla alrededor del patógeno y sobre su superficie. Esto le permite ingresar a él y alimentarse del patógeno,

3- Antibiosis: la cepa de Trichoderma harzianum, segrega una gran cantidad de sustancias antibióticas y metabolitos que inhiben la actividad parasítica de los patógenos, imposibilitando el desarrollo y la reproducción del patógeno.

Los resultados obtenidos en las últimas campañas demuestran que Rizoderma es una alternativa eficaz a los curasemillas tradicionales, incluidos los Premium. El curasemilla biológico- 100 por ciento líquido que se aplica directo a la semilla- logró un 3% de incremento en rendimiento sobre el testigo químico y un 7% respecto al testigo absoluto sin curasemilla, en distintas condiciones agroecológicas.

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Fuente: Clarin

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