15 de abril de 2017 11:52 AM
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¿Cómo elimino el bromo de la cebada?

La gramínea se ha implantado desde hace unos años en los cultivos, hasta ser una de las más extendidas y difíciles de quitar. Las mejores soluciones son de postemergencia. Hay que aplicarlas desde sus primeros estadios hasta el ahijamiento de la mala hierba.

En el cultivo de cereal, lo de sembrar y recoger son momentos a los que hay que sumar múltiples incidencias y trabajos entre uno y otro. La competencia de otras plantas interfiere en su normal desarrollo y, por supuesto, en la producción. El bromo ha pasado de ser casi anécdota a un problema grave en pocos años.

Es una gramínea anual de invierno, bien adaptada a los inviernos lluviosos y los veranos cálidos y secos que tenemos en Castilla y León. En España están identificadas diferentes especies, pero es Bromus diandrus la predominante en los cereales de la región.

“Hace algunos años, esta mala hierba no tenía gran incidencia permaneciendo en linderos y márgenes de tierras de labor sin llegar a colonizar campos de cultivo. Poco a poco fue implantándose en terrenos agrícolas hasta convertirse hoy en día en una de las especies más extendidas y de difícil control. Se implanta por igual en todos los cereales viéndose afectados trigos, cebadas, centenos y triticales”, explica Borja Clemente, responsable técnico para herbicidas en cereal de Dow AgroSciences.DSCN1460

La introducción de sistemas de laboreo de conservación, como la siembra directa o mínimo laboreo, ha favorecido su proliferación ya que debido a su biología se adapta bien a terrenos no labrados emergiendo desde las capas más superficiales.

Otros factores que han ayudado a su implantación han sido el monocultivo de cereal, las siembras tempranas, la no limpieza de los linderos, el movimiento de semilla generado por las cosechadoras, y hasta hace unos años la falta de soluciones químicas realmente eficaces, según enumera el técnico de Dow AgroSciences.

 

Muchas semillas

El momento de su emergencia coincide con las primeras lluvias otoñales y las siembras tempranas del cereal. Así, la mala hierba compite por la luz, el agua y los nutrientes con el cereal desde sus primeras fases de desarrollo. “Muestra una gran capacidad competitiva, produciendo grandes cantidades de semilla y pudiendo provocar pérdidas de rendimiento de hasta un 30% según nivel de infestación”, cifra Clemente.

Por este motivo es fundamental su identificación en fases tempranas de desarrollo y así elegir la mejor estrategia de control. Los aspectos fundamentales son que carece de aurículas, la lígula es visible con el margen dentado y la pilosidad es abundante en la vaina, limbo y en la base de la inflorescencia.

Para un correcto manejo de Bromus diandrus, el especialista recomienda implementar programas de control basados en la integración de métodos culturales (rotación de cultivos, limpieza de maquinaria, uso de material vegetal limpio de semillas de malas hierbas), mecánicos (laboreo) y también químicos (herbicidas).

Actualmente las mejores soluciones químicas para su control son de postemergencia; aplicándolas desde los estadios iniciales de su desarrollo hasta el inicio de ahijado de la mala hierba, cuando esta es más sensible, y así evitar de manera más eficaz la competencia con el cultivo.

Tienen una limitación: que no son selectivas en cebada. “Algunas soluciones de preemergencia pueden ser utilizadas tanto en trigo como en cebada, aunque su eficacia es limitada”, advierte Clemente.

 

“Se mata mal y los herbicidas son caros”

“Tenemos mucho bromo. El problema es muy serio”, describe Honorato Calleja, agricultor y presidente de la cooperativa Valle Esgueva de Valladolid. Calleja sufre en sus propias carnes los perjuicios que ocasiona en sus parcelas la infestación generalizada de esta mala hierba. Él considera que la problemática ha adquirido una dimensión inusitada a partir de la prohibición de quemar el rastrojo, ya que la práctica incinerar al mismo tiempo la semilla del bromo ha desaparecido también.

Con las nuevas prácticas agronómicas, las cosechadoras esparcen por la parcela la simiente invasora con el impulso de un par de discos que tiran restos de la recolección por ambos lados de la máquina. La agricultura moderna beneficia en unos aspectos pero perjudica en otros que aún carecen de solución.

Honorato Calleja
Honorato Calleja

Sobre todo en algunas zonas de Castilla y León el problema es acuciante. “Se mata mal y los herbicidas son caros”, recalca Calleja. El valle del Esgueva está muy afectado. El control en las parcelas de trigo no ofrece demasiadas dificultades, pero en las de cebada es mucho más costoso. A todo esto hay que sumar que los precios del grano han descendido aproximadamente 20 euros por tonelada en el último año, de manera que incluso la mínima rentabilidad se evapora tras el gasto en los tratamientos con productos costosos.

Las rotaciones en las que al cereal le sucede veza, guisante, girasol u otros dan mayores facilidades para eliminar la mala hierba según explica Calleja. “Con herbicida para hoja estrecha se mata bien y no es caro”, justifica.

Este agricultor constata que las infestaciones graves restan producción porque el bromo se apodera de la cebada. Las veces en que son pocas las plantas adventicias de esta variedad en la parcela tampoco es para respirar aliviado. “Dejan semilla de sobra para el año siguiente”, se lamenta el productor vallisoletano. Calleja solo ve la solución en que las empresas de fitosanitarios sigan adelante con sus investigaciones hasta obtener un producto que sea efectivo y asequible.

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Fuente: Agromeat

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